El psicólogo estadounidense, Michael Thompson acaba de publicar un libro para explicarlo al que ha puesto el nombre de "Homesick and Happy: How time away from Parents can help a Child Grow" ("Nostálgico y feliz: Como pasar un tiempo lejos de casa puede ayudar a los niños a madurar"). El propósito del psicólogo es animar a los padres muy protectores y supervisores, a los que llama padres helicópteros, a aterrizar y dejar a sus hijos libres una semana en verano.
El experto asegura que el campamento de verano es el sitio donde un niño se enfrenta por primera vez a la nostalgia de la familia, y superarla es una de las experiencias que consiguen hacerlo más fuerte. Al mismo, tiempo, los padres que se quedan en casa comienzan a ensayar su rol de padres de un hijo más independiente, a quien hay que tomar en cuenta y supervisar menos.
En una entrevista a la revista TIME, Thompson explicó que la edad idónea para que los niños vayan por primera vez de campamento depende de la personalidad y temperamento del pequeño. Además, reiteró que el gran aprendizaje para los padres es dejar de controlar a sus hijos.
Por su parte, los niños experimentan por primera vez cómo es la vida sin que sus padres juzguen u opinen sobre cada cosa. El psicólogo asegura que en una de las encuestas que llevó a cabo para escribir el libro, los niños decían que el peor momento después de un partido de fútbol era volver a casa en el coche con sus padres cuando estos empezaban a opinar sobre sus amigos o hacer su versión resumida del partido. “En un campamento de verano –dice el psicólogo- los chicos son dueños por primera vez de todo cuanto acontece en sus vidas”.