La inteligencia emocional, popularizada por el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, tiene que ver con la capacidad de reconocer los sentimientos, tanto propios como ajenos, para poder gestionarlos y manejarlos. Encontrar el equilibrio entre la inteligencia emocional y la intelectual permite obtener los resultados conductuales deseados para alcanzar la plenitud y la felicidad.
David R. Caruso y Peter Salovey realizan en su libro ‘El directivo emocionalmente inteligente’ una serie de afirmaciones que pueden tenerse en cuenta en todos los aspectos de la vida y desde la infancia sobre cómo hay que tomar en consideración las emociones. Dicen que “la emoción es información” y, de hecho, aunque intentemos ignorar la emoción no podemos evitar sus consecuencias. Así, las emociones impregnan cada comportamiento de nuestros hijos y determinan sus intereses e inquietudes, al igual que la forma de relacionarse con el mundo que les rodea.
La primera comunicación de los niños al nacer es precisamente emocional. En los primeros seis meses de vida ya pueden identificarse en el bebé, además del llanto y la sonrisa, otras emociones como el miedo, la sorpresa, la ira o la tristeza.
Ayudar a nuestros hijos a conocer y entender sus sentimientos hará que los controlen y mitiguen los resultados negativos de la frustración, proporcionándoles equilibrio, compromiso, afabilidad así como una visión positiva de la vida.
La experta en aprendizaje social y emocional Linda Lantieri, directora de The Inner Resilience Program y una de las fundadoras de Collaborative for Academic, Social an Emotional Learnig, es una firme defensora de la introducción de la educación emocional de los centros escolares y en el día a día de las familias y ha obtenido excelentes resultados en su trabajo con niños que han sufridos grandes impactos emocionales.
En su libro ‘Inteligencia Emocional Infantil y Juvenil’, Lantieri ofrece técnicas para mejorar la autoestima, la concentración o para ayudarles a tranquilizar su mente. El resultado es siempre positivo y adquirir estas habilidades en el seno familiar mejora las relaciones interfamiliares.
Rincón de paz
Desde que abrimos los ojos cada mañana tenemos la vida plenamente ocupada y nuestros hijos también, desde ir al colegio, estar atento durante todas las horas de clases, hacer los deberes, acudir a clases de inglés, dibujo, música o participar en algún deporte. Lantieri ha demostrado la importancia de la contemplación y del silencio para pasar unos minutos al día de introspección y de relajación.
En este sentido, recomienda la introducción de rutinas relajantes tanto en las casas como en los colegios y a través de su experiencia demuestra la efectividad de los llamados ‘rincones de paz’ en las aulas. Se trata de lugares de reflexión alejados de la silla en el rincón, al que los niños pueden acudir cuando se encuentran azorados y donde disponen de colores, folios y otros instrumentos con los que expresar sus emociones.
El cultivo de la inteligencia emocional consigue mayor fortaleza interior y para ello los padres son el principal referente. Su relación afectiva con los hijos determinará en primer término las relaciones de sus hijos con su entorno. Así, resulta interesante jugar con los niños de forma desinhibida sin utilizar ese tiempo para imponer normas.
Del mismo modo, los padres han de dar importancia a los problemas de sus hijos y escucharlos, ya que aunque puedan resultar sencillos o relativamente triviales, en la vida de los pequeños puede ser un pequeño drama.