No es fácil hablar de sexualidad con los hijos. A la mayoría de los padres les da apuro. Las preguntas más sencillas sobre este asunto casi siempre nos pillan desprevenidos y nos plantean numerosas dudas acerca de cómo responderlas. ¿Somos los padres las personas más indicadas para hacerlo? ¿Tendríamos que hablarles de estos temas incluso cuando no nos preguntan directamente, como por lo general hacen los adolescentes? La respuesta a todas estas cuestiones es afirmativa. Los padres somos las personas más indicadas para informar a nuestros hijos de todo lo relacionado con la sexualidad, pues somos nosotros los que explicamos cómo funciona el mundo y cuál es el sentido de la vida. Pero adecuar el discurso a la edad de nuestro hijo no es tarea fácil. El sexo, ya sea con el sentido de procrear, ya con el de la obtención de placer, está relacionada con la existencia. Los problemas para abordar estos asuntos dependen en gran medida de cómo vivamos nuestra propia sexualidad.
La ginecóloga francesa Marie-Laure Brival proporciona algunas claves para abordar estos temas, sobre todo durante la adolescencia. Recomienda, por ejemplo, acompañarles a una visita ginecológica para que un profesional les explique todos los métodos anticonceptivos. Pero los niños plantean preguntas sobre la sexualidad desde muy pequeños: "¿Qué es follar?", "¿Cómo me hicisteis papá y tú?", "¿Cómo entré en tu barriga?" y "¿Por qué mi hermanita no tiene pene?". Cuestiones que, pese a que en la actualidad la comunicación entre padres e hijos es mayor que en otras épocas, producen cierta inquietud en los progenitores.
Preguntas incómodas
La curiosidad sobre las diferencias sexuales se plantea antes de los tres años. A los cuatro es habitual que aparezcan interrogantes acerca de cómo se nace. El niño, por su naturaleza, tiene el instinto de investigar y comprender el mundo, así como de entender su cuerpo y saber sobre su origen. Si se le hurta la información sobre la sexualidad, esta quedará connotada como aquello de lo que no se puede hablar. Se relacionará con lo prohibido, con lo que está mal.
Cuando un niño pregunta sobre el origen de su vida, hay que explicarle el acto sexual,pero hay que hablarle también de amor, decirle que fue el deseo de que naciera lo que le trajo al mundo. Françoise Dolto, psicoanalista de niños, recomienda contestar a esta pregunta remitiéndose al deseo de vivir de nuestro hijo, por ejemplo, de esta forma: "Tu querías nacer y nosotros queríamos tener un hijo. Nos encontramos los tres y tú comenzaste a crecer en mi vientre". Porque el acto sexual no lo explica todo. Si solo le contamos al niño la esfera fisiológica de su nacimiento, convertimos, según Dolto, al cuerpo en mera carne. Durante la adolescencia, los hijos no sienten un gran deseo de abordar el tema con sus padres, puesto que prefieren preservar su intimidad. Por lo general, ya están al tanto de todo. Sin embargo, es necesario que los padres recuerden a los adolescentes determinadas cosas, como los anticonceptivos. Debemos respetar su intimidad, pero también informar de lo importante y entre esto, además de los métodos para evitar un embarazo no deseado, hay que hablarles de las relaciones amorosas.
Julia, que tiene seis años, mira con ojos como platos la televisión, donde una pareja despliega posturas eróticas. Su madre se pone un poco nerviosa. Se pregunta cómo actuar si su hija hace algún comentario. En efecto, la niña apunta con un dedo a la pantalla y dice: "¿Papa y tú también hacéis eso?". La primera intención de la madre, un poco incómoda, es la de cambiar de tema. Pero luego recapacita y le da a su hija la mejor respuesta posible: "Pues claro, como todas las mamás y los papás del mundo. Lo hacemos porque nos queremos". Julia se queda pensativa mientras su madre apaga la televisión y la coge de la mano para llevarla a la cama. La niña está tranquila, pero la madre se recrimina no haber evitado que viera esas escenas.
Información veraz
Conviene controlar lo que los niños pequeños ven en los medios de comunicación, pero cuando preguntan siempre hay que dar una respuesta clara, sencilla y, sobre todo, verdadera. La madre de Julia no debería preocuparse: lejos de haber impactado a su hija con el suceso, le ha aclarado algo importante. Es muy probable que Julia pueda hablar con su madre, cuando llegue a la adolescencia, sobre las inquietudes propias de esa edad, la transformación de su cuerpo y los primeros amores y relaciones sexuales. El objetivo de la educación, en lo que se refiere al sexo, es proporcionar al adolescente una base sólida para que adquiera responsabilidad sobre su actos.
Según la psicoanalista Dolto, hay que aclararles que el acto sexual solo puede realizarse cuando el cuerpo de la niña y del niño han alcanzado el estado adulto, y los dos desean tener la experiencia. Conviene señalarles que no se puede hacer con el hermano o con la hermana, con el padre o con la madre. Esta explicación evitaría muchos problemas futuros. Hay que hablarles de que el sexo es la conjunción de tres factores: deseo, placer y amor. Los padres deben hablar de sexualidad a sus hijos y las madres a sus hijas. Los niños necesitan indicaciones y sentirse autorizados y comprendidos por sus padres y las pequeñas necesitan entender lo que sucede en su cuerpo a través de las informaciones de su propia madre.
Evitar errores
- Es un error no hablar nunca del tema con los adolescentes, suponiendo que tienen suficiente información sobre la sexualidad y la anticoncepción. La tienen, pero puede no ser la adecuada.
- Los padres cometen un error si creen que no deben hablar de sexo con sus hijos varones, estos necesitan sentirse comprendidos. Y les ayudaría mucho en su relación con las chicas que su padre pudiera hablarles de las complejidades de las relaciones íntimas.
- No hay que responderles de forma explicita cuando preguntan por la sexualidad de los padres.
- Tampoco se debe hablar negativamente de la sexualidad. Ni dirigirse a la suya de directa ni indirecta.
- Constituye un grave error evitar nombrar el tema creyendo que son demasiado pequeños. Por lo general, esta actitud proviene de la negación de que crecen.
¿Qué podemos hacer?
- A partir de los dos años comienzan a hacer preguntas sobre sexo. Si a los seis no lo han hecho, hay que provocar situaciones en las que se les hable de ello. Los libros infantiles pueden ayudar a explicar cómo se produce la vida y la diferencia entre sexos.
- Se debe contestar de forma sencilla y clara a todas las preguntas que nos realicen. No es conveniente escandalizarse por sus juegos. Si consideramos conveniente interrumpirles, hagámoslo de forma discreta, sin culpabilizarlos. Los niños juegan a los médicos o investigan sus cuerpos en algunos juegos. Solo deben ser interrumpidos en caso de que haya diferencia de edad o si uno de ellos es obligado.
- En la adolescencia se puede aprovechar un programa de televisión o un acontecimiento que venga al caso para hablar de las relaciones sin protección. Conviene explicar los métodos anticonceptivos con la idea de que por usarlos será una experiencia más gratifi cante.