¿DULCE
HOGAR?
Aunque parezca mentira, la
casa es, estadísticamente, el
lugar más peligroso para los
menores de cuatro años: golpes,
caídas, cortes, ahogamientos,
quemaduras, productos
tóxicos, descargas eléctricas...
Hemos de extremar la vigilancia,
revisar la decoración y
tomar todas las precauciones.
Desde la cuna. De bebés,
no debemos descuidarles un
segundo durante el cambio de
pañal o en la bañera, ni acostarles
boca abajo. Los barrotes
de la cuna nunca deben estar
separados más de 6 cm.
Todo a la boca. A los siete
u ocho meses pueden empezar
a gatear. Y, de pronto, descubres
que el mundo está lleno de
botones, imperdibles, monedas,
pilas... que pueden llevarse a la
boca. Quítalo todo de su alcance.
Y asegúrate de que sus
juguetes no contienen piezas
pequeñas ni están fabricados
con material punzante o tóxico.
Carrera sin obstáculos.
En torno al año, tu hijo se pone
de pie... y llegan las caídas y
golpes. Necesitas una casa a
prueba de niños: sin obstáculos,
sin muebles bajo las ventanas,
ni escaleras o piscinas sin proteger,
sin superficies resbaladizas
o esquinas sobresalientes.
Cuidado con las estanterías
que no están bien sujetas y con
otros falsos puntos de apoyo.
Protege los enchufes, pon
pegatinas en la bañera y esconde
cuchillos, agujas, tijeras, y
herramientas. La misma regla
vale para medicamentos y productos
de limpieza y jardinería.
CALLEJEROS
A partir de los cuatro años, los
accidentes suceden en la calle
o la escuela. Los niños dominan
ya su cuerpo y se sienten
los amos. Es el momento de
enseñarles a ser responsables.
En el cole. Las peleas, los
accidentes y las lesiones deportivas
suceden en el patio. En el
aula, lo hace el fantasma del
“bullying” (acoso escolar),
que, según el Ministerio de
Educación, sufre el 12% de
los alumnos no universitarios.
Puede ser físico, verbal, psicológico
o social. La comunicación
es la clave. Si sospechas
que algo sucede, habla con tu
hijo y con sus profesores, estudia
el caso y recurre a un abogado
si hace falta. Si es tu hijo
el acosador, investiga las raíces
de su agresividad para poder
canalizarla y no le dejes solo.
En el parque. No todos
son iguales. Busca el “parque
20”. Según la Asociación de
Parques y Jardines Públicos
y la Concapa (Confederación
Católica de Padres de Familia
y Padres de Alumnos), debe
estar a más de 30 metros de la
carretera, estar vallado, hecho
con materiales resistentes y
sujecciones firmes y estables,
sin salientes y aristas, estar
separado por edades, levantado
sobre pavimentos que amortiguan,
limpio, bien conservado,
y sujeto a inspecciones periódicas.
Asegúrate de que no haya
sido escenario de “botellón”.
En el agua. Aquí, padre es
sinónimo de vigilante de la
playa (o piscina). Lo mejor es
que tu hijo aprenda a nadar
cuanto antes... y que se olvide
de las inmersiones bruscas.
En el campo. Ojo con los
precipicios, balsas y pozos, que
atraen a los aventureros, y con
los niños escaladores, que pueden
verse con desprendimientos
o sitios sin puntos de apoyo.
Con animales. Espera hasta
los cinco o seis años para regalarle
una mascota. Antes, no
la distingue de un juguete. En
cualquier caso, hay que enseñarles
a respetar a los animales:
nada de tirarles de la cola.
También deben aprender a
reconocer un perro peligroso
(cuerpo tenso, dientes a la vista,
mirada fija) y a reaccionar bien,
sin huir ni enfrentarse a él.
EN RUTA
En carretera, todas las precauciones
son pocas. Los accidentes
de tráfico son la primera
causa de mortalidad infantil.
Cada uno en su silla. Por
corto que sea el trayecto, los
niños de hasta 12 años deben
viajar en su silla reglamentaria,
nunca en brazos, jugando
o asomados a la ventanilla. Así
se minimizan los riesgos de
daños en caso de accidente.
Es mejor llevar seguro en las
puertas traseras, para que no
puedan abrirlas desde dentro.
Para evitar mareos, dales una
comida ligera y asegura una
buena ventilación en el viaje.
En la calle. A los siete u
ocho años ya pueden hacer
recados o ir solos al colegio
o casa de un amigo, si están
cerca. Entienden las señales
de tráfico y pueden aprender a
cruzar correctamente la calle.
No olvides que, como liliputienses,
no son muy visibles
para los conductores. Deben
caminar por la acera y atentos
a los imprevistos: un coche que
sale del garaje, una moto que
se cuela entre los peatones…
¿Y cuando vayan en bicicleta
o monopatín? Asegúrate de
que lleven casco y respeten las
señales (lo mejor, que nosotros
también las respetemos).
¡Yo puedo! A los ocho o
nueve años ya están preparados
para orientarse, sobre todo
en sus trayectos habituales.
Pueden coger solos el autobús o
el metro para estos itinerarios.
A los 15, pueden conducir su
primer ciclomotor. Háblales de
seguridad, haz que lleven casco
y prohíbeles carreras y locuras.
SOLO ANTE
EL PELIGRO
En casa. Nadie mejor que
los padres para valorar si su
hijo puede quedarse solo en su
domicilio. Es cuestión de edad,
pero también de madurez y
carácter. Déjale claro qué debe
hacer si llaman a la puerta o al
teléfono, y con quién debe contactar
ante una duda o emergencia.
Asegúrate de que la casa
está libre de peligros y nunca le
dejes encerrado sin llaves. A los
nueve o 10 años suelen poder
quedarse solos un rato, nunca
por la noche ni al cuidado de
hermanos pequeños.
Ante desconocidos.
Enséñale a evitar situaciones y
personas potencialmente peligrosas,
pero sin meterles miedo.
No es lo mismo saludar a un
extraño que entrar en su coche.
Anótale un teléfono de contacto
para emergencias, e invítale a
que pida ayuda a otros padres o
a un guardia de seguridad. A los
ocho o nueve años son capaces
de resolver situaciones complejas.
Antes, lo mejor es que no les
pierdas de vista.
De viaje. Desde los cinco
años puede viajar solo en avión,
al cuidado de la tripulación. Si
ya ha cumplido 12, puede ir sin
acompañante. Asegúrate de
que lleva la documentación, el
billete, dinero y algún entretenimiento.
En tren, Renfe tiene un
servicio para menores de seis a
14 años, solo en preferente. ¿Y
el primer viaje con amigos? Es
el preludio de la independencia,
en torno a los 16 años. Si has
mantenido el diálogo abierto
desde la niñez, sabrás si tiene
recursos para tal aventura. Se
puede empezar con un fin de
semana en un sitio cercano.
Infórmate acerca de adónde va,
con quién y de qué manera.
VIDA SOCIAL
Sobre los siete años, los amigos
hacen su aparición. Primero,
en casa y, desde los 10, fuera.
Con el cine y las quedadas en
el centro comercial llegarán
los cigarrillos, el botellón, las
relaciones y el fantasma de la
noche. Habrá que suministrar,
entonces, mucha información
y evitar los interrogatorios
“policiales” y las continuas
regañinas, caldo de cultivo para
la rebeldía. Según la Encuesta
de Infancia en España 2008 de
la Fundación SM, el 47% de los
preadolescentes de 12 a 14 años
sale con amigos por la noche.
Alcohol, drogas y tabaco.
Mejor que prohibirle ir de
botellón (solo lograrás un efecto
“boomerang”), infórmale de
las consecuencias de abusar de
ciertas sustancias. Mantente
alerta: según la última encuesta
de la Organización Mundial
de la Salud (OMS), el 27,5%
de los españoles de 15 años
dice haber probado el cannabis
alguna vez; el 6,5% de los
jóvenes de 13 años y el 22,5%
de 15 bebe alcohol al menos
una vez por semana, y un 19%,
a esta edad, fuma con la misma
frecuencia (5% a los 13 años).
Sexualidad. La educación
sexual debe empezar en la
infancia, al ritmo de su desarrollo.
Hablar con ellos es crucial.
Es mejor que lo aprendan
todo de ti que de su curiosidad.
El conocimiento evita que
vivan su sexualidad con angustia
o miedo, motivados por
informaciones erróneas. Un
dato: no usar anticonceptivos
en la primera relación sexual
multiplica por seis el riesgo de
embarazo. Según los datos de
la OMS, el 21,5% de los españoles
ya ha mantenido relaciones
sexuales a los 15 años.
Trastornos alimentarios.
En la encuesta de la OMS, el
45% de las chicas y el 25% de
los chicos creían estar “demasiado
gordos”. Además, el 20%
de las adolescentes de 15 años y
el 5% de los adolescentes aseguran
estar a dieta. Vigila su
actitud para que no caigan en
la anorexia o la bulimia.
INTERNET
Según la encuesta EU Kids
Online de 2011, el 52% de los
padres de niños que han recibido
mensajes sexuales niegan
que eso les haya ocurrido a
sus hijos. En el libro “Tranki
pap@s” (editorial Oniro),
los policías Pere Cervantes y
Oliver Tauste hablan de los
peligros a los que se enfrentan
los menores en la Red y de las
formas de prevenirlos.
“Ciberbullying”. Los niños
son sometidos a tratos vejatorios
por parte de otros menores.
Tu hijo puede ser ciberacosado,
pero también ciberacosador.
Vigila los mensajes
que recibe a través del correo
electrónico, redes sociales,
WhatsApp o SMS, visita sus
perfiles y adviértele de que
puede ser peligroso manejar
información y publicar fotos
de otras personas.
“Grooming”. Los adultos
utilizan internet para contactar
con menores, ganarse su confianza y conseguir un contacto
físico con intenciones sexuales,
normalmente mediante chantaje.
Para evitarlo, controla su
navegación y vigila sus cambios
de conducta. Sospecha si
observas disminución del rendimiento
escolar, ansiedad, pérdida
de confianza en sí mismo,
aislamiento o actitud hostil.
“Sexting”. Es la difusión
de fotografías o vídeos de tipo
sexual, producidos por el propio
protagonista, en principio
de forma voluntaria y sin ser
consciente de su gravedad.
Puede derivar en “ciberbullying”
y “grooming”. Como prevención,
instala el ordenador en una zona
común de la casa. Explícale los
riesgos de poner en circulación
sus fotos, gánate su confianza y
habla de sexualidad con ellos.
“Hacking”. Es el robo de
contraseñas de acceso al correo
electrónico y a los perfiles de
redes sociales, para descubrir los
secretos de una persona. Evítalo
explicándole que no debe revelar
a nadie sus contraseñas, ni
siquiera a sus amigos, que es
mejor que no muestre su edad
ni datos personales en la Red y
que debe tener un antivirus.
ADEMÁS…
Con los programas
de control parental (algunos
son gratis), podrás establecer
horarios de conexión y
tiempo máximo de navegación
para tus hijos, filtrar páginas,
bloquear contenidos inadecuados
y recibir informes de sus
actividades.
+ INFO. www.protegits.gva.es,
www.google.es/familysafety,
www.policia.es.
LA OPINIÓN DE LOS EXPERTOS
Pere Cervantes y Oliver Tauste (policías especializados en delincuencia tecnológica y autores del libro “Tranki pap@s”).
“Queremos enseñar a todos
la cara oculta de la Red”
¿Tienen motivos los
padres para estar
intranquilos?
P.C. Sí, siempre y cuando ellos
no se eduquen previamente. No
pueden dejar en manos del azar
la seguridad en la Red de sus
hijos, menores sin experiencia.
¿Qué se les puede decir para
no demonizar la Red?
O.T. Internet tiene ventajas y
riesgos. No queremos alarmar,
sino mostrar la cara oculta que
muchos padres no conocen.
¿Cuándo hay que empezar a
preocuparse?
P.C. En cuanto el menor toma
contacto con estos aparatos y
comienza a interactuar a través
de chats y redes sociales.
¿Qué pasos hay que seguir
cuando las sospechas están
confirmadas?
O.T. Hay que actuar con
serenidad y recabar toda la
información posible. Que
averigüen qué ha ocurrido,
cómo, desde cuándo, dónde
y si puede ser, con quién, ya
que algunos problemas que
ocurren en el mundo virtual han
podido suceder antes en el real.
Después, acudir a la comisaría.