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Foto: “ Mis padres biológicos tenían problemas, pero entre los dos, más o menos, nos cuidaban a mí y a mi hermana, seis ...

Ana Herrán

  • Ana Herrán. San Sebastián, 18 años. Vive en una familia de acogida desde los siete años. La joven afirma que ahora sabe lo valiente que fue su acogedora. Conoce su caso.

“ Mis padres biológicos tenían problemas, pero entre los dos, más o menos, nos cuidaban a mí y a mi hermana, seis años mayor que yo. Cuando se separaron, los problemas se volvieron más grandes y nos fuimos a vivir con mis tíos. Estuvimos un año allí, pero tenían siete hijos propios y la Diputación Foral nos envió a una familia de acogida, una señora soltera y sin hijos. Aquí seguimos, aunque mi hermana ya está montando su casa con su novio. Yo la siento como mi madre, como si tuviera dos madres: la biológica, mi “ama”, y la de acogida, que me lo ha dado todo y que es la que que está pendiente de mí, se ocupa de que estudie... No me resulta raro, porque me acostumbré de pequeña. Pero, al principio, no sabía qué pensar. Me parecía chocante que mi familia me dejara con una desconocida. En el “cole” lo pasé mal. Todo el mundo se extrañaba de que mis apellidos no fueran los de mi familia y yo no sabía qué decir. Mi madre de acogida me explicó cómo podía contarlo. Y así, contándolo, empecé a aceptarlo yo también. Para mi hermana fue más difícil; era mayor y se adaptó más tarde. También mi madre lo pasó mal al ver que nos cuidaba otra mujer. Pero sabía que no podía ocuparse de nosotras y ahora las dos se llevan bien. La verdad es que, cuando su situación mejoró, tampoco intentó que volviéramos con ella. Tal vez pensó que estábamos mejor así, que si volvía a tener problemas y se quedaba sin trabajo, nos habría quitado la oportunidad de vivir una vida estable. Cuando fui creciendo, entendí mejor todo; la gente, a veces, tiene problemas y, si tus padres no pueden hacerse cargo de ti, al menos se han preocupado de encontrar a alguien que sí puede. Pero eso lo entiendes de mayor; de pequeña vas de casa en casa y no comprendes nada. Nunca he dejado de visitar a mi madre (con mi padre sí perdí mucho contacto; ahora lo estoy recuperando). Yo no sé si acogeré. ¡Si aún no sé qué quiero hacer con mi vida! Pero ya sé que hay que ser muy fuerte, porque es un niño que puede irse en cualquier momento. Y ahora entiendo lo valiente que fue en su momento mi madre de acogida.