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Foto: En el estudio, las familias se clasificaron en una de las cuatro tipologías clásicas de socialización parental: ...

Los castigos y normas rígidas merman la autoestima

  • El modelo autorizativo de familia responde a los padres que “proporcionan normas claras, razonan con los hijos de forma afectuosa y flexible, al tiempo que les exigen su cumplimiento”. El autoritario coincide con el autorizativo en que son exigentes o controladores, pero difiere en que los padres y las madres son menos afectivos.

En el estudio, las familias se clasificaron en una de las cuatro tipologías clásicas de socialización parental: autorizativa, autoritaria, indulgente y negligente, según Fernando García, coautor de la investigación.

Los resultados del estudio revelaron que en España el estilo familiar idóneo es el indulgente. “Las puntuaciones de los hijos de familias indulgentes fueron equivalentes, o incluso mejores, que los de las familias autorizativas”, apunta el investigador.

• El modelo autorizativo engloba a las familias que “proporcionan normas claras, razonan con los hijos de forma afectuosa y flexible, al tiempo que les exigen su cumplimiento”.

• El autoritario coincide con el autorizativo en que son exigentes o controladores, pero difiere en que los padres y las madres son menos afectivos.

• Por otro lado, los padres y madres del modelo negligente e indulgente se caracterizan por su baja represión, sin embargo, los primeros son “poco afectuosos” y los segundos “muy afectivos”.

Según el experto, los sistemas disciplinares impositivos como castigos, privaciones y normas rígidas que tratan de conseguir que los hijos hagan las cosas por la fuerza merman la autoestima familiar, y se asocian con un desarrollo emocional incompleto y con cierto resentimiento hacia la familia, aunque los apliquen padres y madres que mantienen relaciones muy cordiales con sus hijos, “al menos en las culturas donde se valora poco las relaciones jerárquicas como la española”.

Los investigadores destacan la necesidad de que padres y madres pongan esfuerzos “en aspectos muchas veces descuidados”, como la comunicación, las relaciones cordiales, el interés por sus problemas y la explicación razonada de las consecuencias de sus actos. “Actividades que en última instancia demandan entrega, dedicación y atención”, afirma García.