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Foto: Cuando piensas en las rutinas que suele encorsetar la vida de los bebitos en su primer año de vida: básicamente comer y ...

Los 15 días han pasado a una velocidad increíble

Cuando piensas en las rutinas que suele encorsetar la vida de los bebitos en su primer año de vida: básicamente comer y dormir, intercalado por una retahíla de cambios de pañales y baños, piensas que los días se harán muy pesados y monótonos y, en consecuencia, largos e interminables. Lo de pesados y monótonos es cierto al 100% (con un cansancio físico y psíquico notable), pero lo de que los días se harán largos e interminables es falso... Nada más alejado de la realidad. Las rutinas hacen que “no pares ni un instante” y eso provoca que el día se pase volando, sin que apenas te des cuenta. Acabas cansado con cada uno y conectas con el siguiente de una forma pegajosa, como “enganchosa”... No sé si me explico. Lo que hace que una persona se levante cada día con las pilas renovadas y con un montón de energía positiva para iniciar una nueva jornada depende, básicamente, de dos variables: el descanso nocturno y la ilusión de las cosas nuevas que le deparará ese nuevo día. Ninguno de esos factores se dan cuando tienes que cuidar de dos bebés que requieren una atención constante. No existe el descanso nocturno en el que recargar las baterías y, por supuesto, ya sabes perfectamente lo que te espera al día siguiente. La sensación perenne es de que los días se suceden a una velocidad de vértigo, pero tú estás siempre cansado, sin la frescura necesaria. Pero nadie dijo que esto sería fácil. ¡Basta de quejas y al tajo!