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Foto: "La dieta infantil es demasiado rica en azúcares e hidratos de carbono refinados, en grasas y en sal, pero pobre en ...

Generación exceso

  • Con el triple de niños obesos que hace apenas 15 años, España ha pasado de ser un referente en nutrición a ocupar el segundo puesto en el ranking de obesidad infantil en Europa (sólo por detrás del Reino Unido). ¿Qué estamos haciendo mal?, preguntan los padres y educadores.

"La dieta infantil es demasiado rica en azúcares e hidratos de carbono refinados, en grasas y en sal, pero pobre en alimentos frescos, ricos en los nutrientes que necesitan para su desarrollo y para una buena salud", explica la dra. Cristina Azcona, pediatra de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN) y autora de numerosos estudios sobre la dieta infantil y juvenil.

Para añadir más peso al problema, los menores cada vez pasan más horas ante el ordenador, la play o la televisión y se mueven menos, con lo que el balance de entrada y salida de calorías tiene un claro superávit que se resuelve con el almacenamiento de calorías en forma de grasa. "La actual epidemia infantil de sobrepeso está disparando entre los niños los casos de diabetes del tipo 2, altos niveles de colesterol y triglicéridos, hipertensión, síndrome metabólico, apnea del sueño, problemas óseos y respiratorios... antes casi exclusivos de los adultos", explica Azcona.

El panorama no es optimista: por primera vez en los últimos 100 años, las estadísticas pronostican a los niños de hoy una esperanza de vida menor que la de sus padres y abuelos. Ha llegado el momento de tomar medidas. Estos son los excesos y defectos que deberíamos considerar. Pero si quieres saber puedes consultar la web del Ministerio de Sanidad y Políctica Social www.naos.aesan.msps.es , en la que encontrarás todo lo que necesitas para comer bien.


Les sobra

Grasas saturadas y trans. Las grasas trans son una creación de la industria. Presentes en muchos productos procesados, vienen indicadas como aceites vegetales parcialmente hidrogenados. Por su parte, las saturadas están en los alimentos de origen animal, como los embutidos, las carnes grasas y los lácteos enteros. Un exceso aumenta el riesgo cardiovascular.> Aunque las grasas monoinsaturadas (el aceite de oliva virgen) y los omega 3 (en pescados y frutos secos) se consideran beneficiosas, son muy calóricas, por lo que su consumo debe ser moderado. 

Sal (cloruro de sodio). El exceso de sal en la dieta aumenta el riesgo de hipertensión. Según un estudio encargado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), el consumo medio de sal en España es de 9,7 gramos por persona al día: el doble de la recomendada. O sea, que más del 80% de la población está poniendo en peligro sus arterias. Pero el gran culpable no es el salero. Otro estudio encargado por la AESAN a la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha comprobado que lo que más sal aporta a la dieta son los alimentos procesados.> El 70%-75% de la sal que ingerimos procede de este tipo de alimentos y de los consumidos fuera del hogar. Por ello, AESAN está coordinando sus esfuerzos con la industria alimentaria, para reducir ese contenido en sal.

Azúcares e hidratos. Refrescos azucarados, chucherías, bollería industrial... Estos hidratos carentes de fibra provocan picos de azúcar en sangre que, a la larga, aumentan el riesgo de resistencia a la insulina. Además, los bruscos aumentos en los niveles de azúcar suelen ir seguidos de caídas en picado, lo que provoca un aumento del apetito.> La dieta de un niño mayor de dos años debería contener al menos un 50% de calorías en forma de hidratos. La clave está tomarlos de buenas fuentes (cereales y pan integrales, frutas, verduras y legumbres).

Demasiada pantalla. Los niños que ven más de tres horas de televisión al día tienen un 50% más de riesgo de desarrollar obesidad y diabetes que los que ven dos o menos horas diarias. > Reducir esas horas tiene un gran impacto en el IMC (Índice de Masa Corporal) porque aumentan los niveles de actividad y se reduce el consumo de refrescos, aperitivos y chuches.


Les falta...

Pescado. Su escasa presencia en su dieta les resta excelentes proteínas y grasas omega 3.> Por qué deben tomarlo: las grasas omega 3 reducen el riesgo cardiovascular y además tienen efectos antiinflamatorios. 

• Cinco raciones de frutas, verduras y legumbres. Al no comerlas, se privan de las vitaminas, los minerales, la fibra y los antioxidantes de los vegetales, que han demostrado prevenir enfermedades. > Cómo tomar cinco al día: un bol de fresones en el desayuno (una ración), ensalada o lentejas con verduras en la comida (dos raciones), una pera por la tarde (una ración) y puré (una ración) de cena. 

Comidas familiares. Los niños de familias que comen juntas, al menos cinco veces por semana, tienen menos riesgo de obesidad que los que comen pocas veces en familia.> Cómo enfocar esas comidas. Los expertos insisten en una advertencia: no utilizar el tiempo de la comida para echar broncas ni reprender.

Aire libre. La baja exposición de los niños a los rayos solares está provocando muchos casos de déficit de vitamina D (que el organismo produce al exponer la piel al sol), esencial para fijar el calcio. > Por qué deben salir al exterior. Nuevos estudios relacionan bajos niveles de vitamina D con mayor riesgo esclerosis múltiple, diabetes, asma, hipertensión...

Un buen desayuno. Los que no desayunan o lo hacen mal tienen mayor riesgo de exceso de peso. La primera comida del día debería sumar el 20%-30% de las calorías diarias.> El desayuno ideal: tiene proteínas (lácteos, jamón...), hidratos de carbono (pan o cereales integrales) y fruta.

• Hierro. Un 22,2% de los adolescentes españoles y un considerable porcentaje de niños tienen anemia ferropénica> ¿Dónde conseguirlo? Carne magra, pescados, legumbres... son buenas fuentes. Naranjas, kiwis, tomates... aportan vitamina C, que ayuda a absorber el hierro.

Horas de sueño. Dormir menos horas de las necesarias altera los niveles de las hormonas que regulan la saciedad. > ¿Cuántas horas necesitan? Un niño de entre uno y tres años, unas 13 horas. De los tres a los cinco, entre 10 y 12 horas. De seis a nueve, unas 10. Y de 10 a 12, unas nueve horas.