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Foto: Otro centro, un nuevo bosque, un camino de tierra por el que caminan las mujeres con sus hijos colgados a la espalda ...

Las mujeres sabias

Otro centro, un nuevo bosque, un camino de tierra por el que caminan las mujeres con sus hijos colgados a la espalda envueltos en grandes pañuelos. Al llegar a la casa de ladrillo que funciona como centro de salud nos recibe su responsable. Se llama Zaftiana Zelande.

Lleva en el centro un año
, acude a él todos los días y atiende a unas 200 personas al mes. Pero no es médico. Hizo un curso de formación de tres años gracias al que tiene conocimientos de enfermería y lo mismo puede medicar para la malaria que atender un parto. Pero está sola y eso significa que además hace otras tareas, desde limpiar los baños de la pequeña clínica a caminar todos los días hasta las poblaciones cercanas para informar a las mujeres de nociones básicas de higiene y salud. Ella es "serge femme", la "doña lista" a la que las mujeres de los pueblos cercanos acuden para solucionar sus problemas, porque en Madagascar las cosas de mujeres se resuelven entre mujeres.

La labor que desempeñan las profesionales y voluntarias, como Zaftiana, salva vidas. Ellas saben que si preguntan a las madres que hacen cola si su hijo tiene fiebre éstas no les sabrán contestar porque la mayoría de ellas no sabe lo que es la fiebre. Pero también son conscientes de que es a las madres a las que deben dedicar sus esfuerzos. Al fin y al cabo son las que harán lo que haga falta para salvar la vida de sus hijos. "Si miras las estadísticas, cuando la madre está educada la mortalidad infantil desciende", nos explica Étienne Poirot médico de Unicef. "Cuanta más educación reciben ellas más salud tienen sus hijos. Si se quiere ser efectivo hay que centrarse en las mujeres", concluye. Debe de tener razón, porque cuando caminamos de vuelta a la carretera no nos cruzamos con ningún padre llevando a su hijo a vacunar.