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Foto: El padre es para los hijos un descubrimiento. Al principio, comprenden el mundo con la madre, pero enseguida aparecerá ...

El padre, el tercero en discordia

  • El ejercicio de la paternidad tiene que ver con la posibilidad de amar, de amar lo suficiente como para separar al niño o la niña de la madre. Así, el verdadero padre será aquél que quiere al niño y puede acompañarlo en su crecimiento, el que desea transmitir lo que ha recibido a otra generación. El amor del padre es, en la constelación familiar, un referente para la identidad sexual de los hijos. El niño lo necesita por la identificación masculina. En tal caso, las mujeres no le producirán ni miedo ni odio; la niña lo precisa para poder, en el futuro, dirigirse hacia el hombre como objeto amoroso.

El padre es para los hijos un descubrimiento. Al principio, comprenden el mundo con la madre, pero enseguida aparecerá en escena un tercero: el progenitor, ese otro con el que la madre está y a quien también dirige sus atenciones. Cuando los hijos se fijan en él, se separan de la madre, algo saludable para ambos. Ella necesita ayuda y libertad, y ellos, que el padre les salve de quedarse demasiado apegados a su madre.

Orientación

La paternidad es una ardua tarea que consiste en acompañar al hijo hasta que puede salir al mundo y hacerse cargo de sí mismo. Se trata de una labor compleja, para la que es preciso alcanzar cierta madurez psicológica. El padre favorece mucho el desarrollo de sus hijos cuando los apoya en sus proyectos de integración social y en los ensayos que hacen para alejarse de la familia. Si los acompaña en su orientación cultural y profesional, les ayudará a convertirse en hombres o mujeres independientes, a gusto consigo mismos y a gusto con su sexualidad e identidad. En cambio, el padre que no sostiene su lugar dificulta que sus hijos tengan una buena relación con la feminidad y la masculinidad, ya que ellos negarán las carencias sufridas.

Todos necesitamos un padre, aunque esta función no siempre la ejerce el progenitor biológico. Puede representarla otra persona, ya que se trata de una operación psicológica que todo hombre debe efectuar y cuya finalidad es que el niño o la niña puedan reconocerse como distintos de la madre. Otra persona puede sustituir al padre real cuando éste falta, por eso se dice tanto la frase “fue como un padre para mí”. Y esa persona será capaz de ejercer esa función adecuadamente si ama al niño y desea educarlo. La paternidad está más cerca de la psicología que de la biología.

En funciones

Mientras una mujer famosa denunciaba en la televisión que el padre biológico de su hijo se negaba a hacerse las pruebas de paternidad, Sara pensaba que esas pruebas deberían llamarse de otra manera. La paternidad tenía que ver, fundamentalmente, con el deseo de cuidar a un hijo y eso no provenía de los espermatozoides. Todavía se sentía impactada por la conversación que había tenido con el padre biológico de su hijo. Recordaba muy bien las palabras que le había dicho cuando él le había preguntado: “Pero bueno, ¿quién es el padre?”. Ella le había contestado: “El padre es el que le ama, le da biberones, le compra los alimentos, se ocupa de su educación y le da un nombre”. Sara se había quedado embarazada muy joven y el padre del niño, entonces su novio, había desaparecido.

Juan conoció a Sara poco después, se casó con ella y le dio su apellido al niño. Ahora, después de 10 años de ausencia, el padre biológico de su hijo ha aparecido de nuevo y pretende reivindicar el papel de padre que nunca había tenido. A Sara le preocupa encontrar la mejor manera de informar a su hijo sobre esta situación; pero ella no tiene dudas sobre quién es el verdadero padre de su hijo: Juan. También es consciente de que el pequeño no echará nunca de menos a un padre. Incluso le parece que, en alguna medida, ha tenido suerte, ya que su actual pareja tiene más capacidad paterna que el padre biológico del niño.

Identificar las funciones paterna y materna con la reproducción biológica es despojarlas de su verdadero sentido, ya que lo más importante de la reproducción humana no es el proceso de concepción y gestación, sino la tarea cultural, simbólica y ética de hacer posible la creación de un nuevo ser humano.

Claves

El padre que está dentro de nuestra cabeza no se corresponde casi nunca con el real. La mirada que tenemos de él cambia a lo largo de la vida. Los hijos lo ven al principio como un rey y después como un simple mortal. Con todo, cuesta mucho aceptar las carencias y difi cultades del progenitor. Se le pide fortaleza, especialmente de espíritu, y se le adjudican cualidades que corresponden con los deseos de los hijos.

Hay, pues, un padre real y otro imaginario, que podemos construir según nuestra fantasía.

Cuando en nuestro interior se forma una instancia que nos cuida y otra que nos protege, habremos aprendido a ser un poco madres y padres de nosotros mismos y seremos capaces de ser dueños de nuestro universo.

Podemos cambiar la mirada sobre un padre tras un tratamiento psicoterapéutico, y eso hace que podamos también modificar la relación afectiva que manteníamos con él.