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Foto: Los niños necesitan cantidades superiores de nutrientes que el adulto, pero en un contenido calórico inferior. Su dieta ...

Los riesgos de la alimentación de los niños en verano

  • Las altas temperaturas, la flexibilidad de horarios, la sed y el compartir más tiempo con la familia, son algunas de las características que nos indican que estamos en vacaciones y los niños, son uno de los colectivos que más acusa estos cambios. Ahora que ha terminado el periodo escolar, sus rutinas cambian, sus horarios se alteran y su alimentación corre mucho más riesgo de desordenarse, con el peligro que ello puede suponer en esta etapa clave de crecimiento.

Los niños necesitan cantidades superiores de nutrientes que el adulto, pero en un contenido calórico inferior. Su dieta debe ser más cuidada, pues los desequilibrios surgen con mayor facilidad en los niños, las repercusiones son más graves en ellos y, en ocasiones, pueden ser irreversibles.

En este sentido, el Foro Interalimentario y sus expertos en nutrición inciden en la importancia de mantener unos hábitos alimentarios saludables en todos los periodos, y fomentar pautas alimentarias que favorezcan la promoción de la salud y el correcto desarrollo de los niños, lo que tiene beneficios a corto y largo plazo. 
 
En el curso escolar el colegio tiene, con frecuencia, gran protagonismo en la alimentación y educación nutricional de los escolares. Con las vacaciones, los padres tienen más tiempo para completar esta labor educativa.
 
Por otra parte, los alimentos de temporada son una oportunidad para que los niños, dentro de un ambiente festivo, prueben nuevos sabores. Durante el verano es importante mantener una alimentación variada y equilibrada, adaptando los menús a los alimentos propios de la estación, ya que les aportarán gran cantidad de vitaminas y minerales, para que los niños no pierdan los hábitos que han adquirido e incluso para mejorarlos. 

Es frecuente que tomen pocos cereales, como característica generalizada en la sociedad actual. El consumo de pan en las comidas o entre horas, incluyendo en ocasiones pasta o arroz en las comidas, puede ayudar a revertir esta tendencia, dado que los cereales deben ser la base de la alimentación.

Otro error muy extendido es el escaso consumo de verduras (los niños deben tomar 5 raciones/día entre frutas y verduras). El verano es una época muy apropiada para consumir frutas y verduras preparadas de mil maneras o mezcladas, disfrutando de estos alimentos en familia.

Tampoco pueden faltar los lácteos,
que deben consumirse 2-3 veces/día. Teniendo en cuenta que para el grupo de las carnes/pescados/huevos se aconseja un consumo de 2-3 veces/día, es razonable un consumo de carne de 4-7 veces/semana (más cantidad y veces en los niños más grandes y activos y menor cantidad y frecuencia en los más pequeños o sedentarios). Este alimento ayuda a conseguir una buena situación en hierro en los niños, que presentan con cierta frecuencia situaciones carenciales (especialmente las niñas al llegar a la adolescencia), aportando también otros muchos nutrientes esenciales.

Desde el Foro Interalimentario se alerta también del gran riesgo de deshidratación en los niños durante el verano, aconsejando consumir abundante cantidad de líquidos, principalmente agua ya que es el mejor hidratante, incluyéndolos sistemáticamente en su dieta sin esperar a que tengan sensación de sed. Para los más pequeños se puede hacer en forma de batidos de frutas frescas o mezcladas con yogurt. Para cualquier edad pueden ser deseables los zumos de frutas o de frutas con hortalizas (buscando las combinaciones más atractivas). El ofrecer bebidas variadas se ha comprobado que favorece que el niño beba más.

La dieta, también en verano, debe estar compuesta por tres comidas principales, complementada con dos comidas adicionales más ligeras, a media mañana y a media tarde. Igual que en el curso escolar, debemos vigilar que el niño realice un desayuno correcto, cambiando algo el horario, pero manteniendo la organización de las comidas. El picoteo constante entre horas debe ser evitado. Como en el resto del año, el consumo de grasas, dulces, golosinas y “snacks” debe ser moderado. “El tentempié” para la playa, o para después de la cena, cuando pasa mucho tiempo antes de que el niño vaya a dormir, debe complementar los alimentos consumidos durante el día con alguna pieza de fruta, yogurt o vaso de leche, evitando que “caer” en soluciones de complacencia con aporte energético innecesarios y escaso valor nutricional.

El Foro Interalimentario ofrece una serie de consejos para incluir en la dieta de los niños todos los alimentos necesarios para su desarrollo, incluso aquellos considerados menos “apetecibles”. Una de las soluciones es combinar los alimentos menos deseados, como algunas verduras o pescados, con los más apetecibles: pollo, carne, pasta, arroz. O prepararlos de maneras nuevas, haciendo por la presentación y el sabor que el plato resulte atractivo (empanadas de espinacas, verduras en pizza y hamburguesa…). Hacer brochetas de frutas con muchos colores, o bañar la fruta con chocolate, son algunas ideas, pero la creatividad en este terreno es deseable, buscando el modo de presentación que hace aceptable un alimento rechazado.