El hallazgo tiene importancia porque la muestra de mujeres provienen de estudios realizados con grandes poblaciones de mujeres en Reino Unido y Estados Unidos, con lo cual se puede considerar este resultado como estadísticamente significativo. Su conclusión dice claramente que los bebés de madres que trabajaron durante las últimas semanas del embarazo crecen menos en el útero. Un hecho que se iguala a lo que sucede a los hijos de las mujeres que fuman durante el embarazo.
Es sabido que los bebés que nacen con bajo peso tienen un riesgo mayor de padecer varias enfermedades y de retrasar su desarrollo.
Dejar de trabajar, según el estudio, es particularmente beneficioso para las mujeres embarazadas que hacen tareas no intelectuales y que requieren el uso de cierta fuerza física. El estudio también indica que en las madres menores de 24 años, el peso del feto no se afectó por el hecho de haber trabajado a partir del octavo mes del embarazo.
Según los datos del estudio, hasta el 30% de las mujeres británicas embarazadas entre los años 2000 y 2001 habían trabajado hasta pocas semanas antes del parto.
La investigación dirigida por tres economistas ha sido publicada en el Journal of Labour Economist, una publicación de la Universidad de Chicago.