Embarazo

Foto: Pongámonos en el caso más frecuente: una mujer sana, sin problemas de salud conocidos, que decide tener un hijo. Desde ...

Planifica tu embarazo

  • Cuando hablamos de planificación familiar, a menudo nos centramos exclusivamente en métodos anticonceptivos. Pero también podemos servirnos de esta planificación para, una vez que tomamos la decisión de ir a por el bebé, hacerlo con todas las garantías para llevar a cabo una gestación sin riesgos. De entre estas garantías, la principal es la de afrontar el embarazo en el mejor estado de salud posible. Esto quiere decir que, tanto si nos consideramos mujeres sanas como si tenemos algún tipo de patología crónica o estamos siguiendo un tratamiento farmacológico, es conveniente que realicemos una consulta preconcepcional que sirva de orientación a nuestro ginecólogo y nos ayude a evitar algún que otro susto.

Pongámonos en el caso más frecuente: una mujer sana, sin problemas de salud conocidos, que decide tener un hijo. Desde el mismo momento en que deja de utilizar un método anticonceptivo, "debería comenzar a tomar diariamente ácido fólico para prevenir y disminuir el riesgo de defectos del tubo neural en el feto, fundamentalmente espina bífida y anencefalia", señala el Dr. Juan Luis Alcázar, del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra. Es muy importante que el ácido fólico se tome antes de la gestación, porque estas malformaciones suelen producirse en las primeras semanas tras la concepción, precisamente cuando, a menudo, ni siquiera sabemos que estamos embarazadas.

Revisar las vacunas

Esto es de obligado cumplimiento, pero hay otras recomendaciones que pueden ser muy útiles. Entre ellas, la de realizarnos una revisión ginecológica que nos ayude a descartar cierto tipo de patologías, como miomas uterinos, pólipos endometriales, quistes de ovario... En esa revisión, deberíamos explicar a nuestro ginecólogo que deseamos quedarnos embarazadas, a fin de que nos haga una historia clínica en la que quede recogido nuestro estado de salud actual: enfermedades recientes, tratamientos que hayamos seguido en los últimos meses, historial de vacunas... Por ejemplo, si tuvieras dudas acerca de si realmente estás protegida contra la rubéola -una enfermedad que causa importantes malformaciones en el feto-, habría que comprobarlo y, en caso de no estarlo, te deberías vacunar y esperar varios meses antes de quedarte embarazada.

Cambio de medicación

Si en el caso de la mujer sana estas precauciones -salvo la del ácido fólico- son únicamente recomendables, la situación cambia completamente cuando hablamos de mujeres con alguna patología crónica conocida. "En estos casos, la consulta preconcepcional puede ser de vital importancia -recalca el doctor Alcázar-. Es fundamental para valorar los riesgos de esa posible gestación y modificar en su caso el tratamiento farmacológico que pudiera estar tomando".

Empecemos por los fármacos. El doctor Óscar Martínez, jefe de Ginecología del Hospital de Valdemoro (Madrid), explica que "existe una clasificación de los medicamentos en función del riesgo de seguridad para el feto, que contempla desde aquéllos, como el ácido fólico, que son completamente seguros, hasta los que están absolutamente prohibidos en el embarazo, como algunos anticancerígenos. Entre ambos extremos está el resto de fármacos -de la mayoría de los cuales no hay ensayos en mujeres gestantes suficientemente contrastado-, y el ginecólogo habrá de valorar la relación riesgo-beneficio. El principio general es la individualización de cada caso".

Para ello, toda mujer en tratamiento debe comentar a su ginecólogo qué medicación sigue. Así, puede suceder que una mujer hipertensa esté tomando inhibidores de la angiotensina, medicamentos catalogados como X, es decir, contraindicados en embarazadas. "En esos casos -señala el doctor Alcázar-, su médico deberá modificarle el tratamiento y prescribirle uno que sí esté permitido en gestantes; asimismo, será conveniente que se vigile antes de quedarse embarazada para comprobar que este cambio no le repercute negativamente en el control de su hipertensión".

Casos peligrosos

Otro fármaco X es el ácido retinoico -comúnmente indicado para tratar el acné-, cuyo uso en embarazadas está absolutamente prohibido, explica el doctor Alcázar, "porque provoca malformaciones en el feto. Además, como se acumula en el organismo durante un tiempo, este efecto teratogénico permanece durante varios meses después de finalizado el tratamiento, meses en los que la mujer deberá evitar quedarse en estado. Asimismo, en el caso de la artritis reumatoide hay también determinados fármacos citotóxicos que no se deben emplear, al menos, durante el primer trimestre de la gestación".

Aun suponiendo que la medicación que podamos estar usando no esté contraindicada en caso de embarazo, siempre deberemos consultar con el médico. Hay muchas patologías crónicas que obligan al seguimiento de un determinado tratamiento, y es muy posible que haya que reajustar la dosis; es algo que pasa, frecuentemente, en el hipotiroidismo, ya que la gestación propicia niveles más bajos de hormonas tiroideas.

Diabetes y mucho más

Más allá de los fármacos están las enfermedades crónicas en sí, y cómo pueden repercutir sobre el embarazo. El mejor ejemplo es el de las mujeres con diabetes mellitus tipo 1, "a las que no se les desaconseja el embarazo -explica el doctor José Andrés García Centenera, jefe de Endocrinología del Hospital Santa Cristina de Madrid-, pero sí se les advierte de que el control de la glucosa tienen que ser extremadamente riguroso". Se sabe que un deficiente control glucémico de estas pacientes en el momento de la concepción y en las semanas subsiguientes incrementa significativamente la probabilidad de una malformación congénita en el feto, por lo que los niveles de glucosa deben estar permanentemente vigilados desde que decide que va a ser madre hasta que finaliza el proceso.

Cardiopatías congénitas, nefropatías, riñones poliquísticos, órganos trasplantados... Hay un amplio espectro de patologías crónicas en las que, apunta el doctor Alcázar, "la consulta preconcepcional es obligada. De todas formas, yo la extendería a cualquier enfermedad conocida, aunque no sea grave. Por ejemplo, no hay ningún problema con el asma, y se pueden tomar broncodilatadores y, dependiendo de la dosis, corticoides. Lo que sí quiero, como médico, es saberlo. Porque, a veces, el problema surge cuando la paciente te llega ya en estado y te dice ’llevo tanto tiempo tomando tal cosa’. Eso es innecesario".

Una última recomendación es la de detallar al médico las enfermedades recientes que hayas tenido. Puede resultar que, debido a ellas, tus valores analíticos estén alterados. Un ejemplo es la hepatitis, que no es un caso de contraindicación para el embarazo, "pero que puede inducir a la confusión -advierte el doctor Alcázar-. La gestación tiende a elevar una serie de enzimas hepáticas; si pido una prueba de función hepática a una embarazada que ha pasado recientemente una hepatitis y la prueba sale un poquito alterada, yo ya no voy a saber si esa alteración es secundaria a la hepatitis o secundaria al efecto que el embarazo tiene sobre el hígado. No sé en qué partido estoy jugando. Por eso, para poder contrastar, es interesante tener los valores previos a la gestación".

La conclusión es obvia: ya que podemos gestionar y planificar nuestros embarazos, dediquémosle un poco de tiempo a nuestro estado de salud y pongamos a punto nuestro organismo con una consulta preconcepcional. Será bueno para ti y para tu hijo

¿Cuándo está contraindicado?

En algunas patologías, desafortunadamente, el embarazo está completamente contraindicado. "Son situaciones muy extremas que se cuentan con los dedos de una mano, porque para la gran mayoría de las enfermedades se puede encontrar una salida", explica el doctor Alcázar. "Otra cuestión diferente son las enfermedades denominadas raras, tan poco comunes que no tenemos experiencia de qué influencia pueden tener en el embarazo ni cómo el embarazo puede repercutir sobre su evolución y la persona que las sufre. Porque ante un problema cardiaco o hepático severo podemos explicarle a la mujer cuáles son los riesgos y, si son muy altos, desaconsejarles la gestación. Pero, en enfermedades raras, es tremendamente difícil la valoración riesgo-beneficio, porque no sabemos si puede que no pase nada o puede que se muera. Es jugar con fuego".

¿A quién debo consultar?

Si tienes una enfermedad crónica o estás siguiendo algún tipo de tratamiento, es fácil que te surja la duda de a quién debes consultar, si al ginecólogo o al médico que te hace el seguimiento. La prudencia nunca es mala consejera. Por tanto, no está de más que comuniques a este último tu decisión de quedarte embarazada. Pero, en cualquier caso, siempre es recomendable que consultes a tu ginecólogo, pues tiene más obligación que el médico de conocer de qué modo interactúan esa patología y tu embarazo en un sentido bidireccional: es decir, debe saber no sólo cómo esa enfermedad puede repercutir en la gestación, sino también cómo ésta puede repercutir en una patología. Por ejemplo: seguramente, un cardiólogo sabrá cómo el que te quedes en estado puede afectar a tu problema de corazón; pero, a lo mejor, tiene menos idea de si tu problema de corazón puede tener consecuencias sobre tu embarazo. Y un buen ginecólogo está obligado a conocer detalladamente esa problemática en un sentido bidireccional.