Embarazo

Foto: Un mundo competitivoAhora bien, es común escuchar decir a un niño pequeño: Quiero un hermano, o preguntar ¿Cuándo ...

Quiere tener un hermanito

  • Aceptar la idea de que se puede tener más descendencia porque un niño así lo desee establece una relación entre el hijo que desea un hermano y la madre de la que el padre queda un poco excluido. Es decir, el niño cree que la madre es sólo para él y que si tiene o no un niño es más porque él lo quiere que por el deseo que hay entre sus padres. Esta idea es mala para la pareja y establece una relación demasiado dependiente entre el hijo y sus padres. Una madre no debe decir que se ha quedado embarazada porque se lo ha pedido su hijo de tres o cuatro años. El niño, en esta edad, se encuentra en pleno periodo edípico, etapa muy importante en la construcción de la identidad sexual. Seguro que la mira amorosamente satisfecho de pensar que la madre es sólo para él. Sueña con convertirse en el marido de su mamá y no se atreve a decirlo en palabras, pero no podría imaginar mejor coartada que pedirle un hermano y que suponga que su madre lo hace por él.

Un mundo competitivo

Ahora bien, es común escuchar decir a un niño pequeño: Quiero un hermano, o preguntar ¿Cuándo tendré una hermana? Este tipo de frases hay que interpretarlas, no se pueden tomar al pie de la letra pues responden también a otro tipo de deseos. Basta ver cómo reacciona el primogénito ante el encuentro con el recién nacido para convencerse de que lo que decía no tenía que ver con lo que es un hermano. Cuando un niño expresa ese deseo lo hace porque se adapta a las actitudes parentales.

Por amor, los hijos dicen lo que los padres desean escuchar, se muestran coherentes y quieren un hermano o una hermana porque su mamá o su papá han dicho que quieren tener otro hijo. Para un niño de tres o cuatro años decepcionar deliberadamente a sus padres es inconcebible. Marcel Rufo, psicólogo infantil y psiquiatra, afirma que la preferencia por un hermano o una hermana explica la relación del niño con sus padres. Cuando un niño desea una hermanita, cree que así seguirá siendo el preferido de su mamá. Y si quiere un hermanito es porque ha oído que a su madre le encantaría tener una niña y así se asegura que al menos su papá no la preferirá. Ellas, por su parte, preferirán un hermano para conservar el amor de su padre. Y si quieren una hermanita será porque han percibido que sus padres pueden desear un niño y entonces otra niña no las desplazará. El niño siempre escoge el sexo de un hermano en función de lo que considera menos peligroso para él, de lo que menos puede cambiar sus relaciones afectivas con los padres.

La dependencia casi absoluta que los hijos tienen de sus progenitores se asienta en el amor que ellos piden y que es exclusivo y total. Aprender a compartirlo y vivir la experiencia de la realidad fraterna es saludable, pero, en principio, al otro niño se le ve como a un rival.

Si los padres escuchan las palabras de su hijo podrán conocer los movimientos emocionales que vive. El niño que quiere una hermana, está diciendo que no es el hijo perfecto que esperaban y, para evitar que sus padres inicien su historia de amor con otro, al que podrían acabar prefiriendo, estará más tranquilo si el nuevo fuera una niña. Una niña que sueña con un hermanito está contando la misma historia. En realidad, el primogénito rara vez desea un hermano del mismo sexo que él, teme una rivalidad directa. Rulfo cree que las niñas soportan mejor la maternidad de sus madres que los niños porque las enlaza con su futura maternidad y conceden menos importancia al sexo del niño. Por encima del sexo, es un bebé. Cuando juegan con muñecas, el hijo no tiene un sexo determinado. Los juegos con muñecas tienen un papel importante en la construcción de la identidad femenina.

Evitar errores

No hay que entender de forma literal la petición de un niño. No se puede pretender que a los tres años le parezca estupendo que otro venga a quitarle el lugar privilegiado que él tenía con sus padres.

Un niño o una niña esa edad está en pleno idilio con sus padres, su fantasía es enorme. Si se le hace demasiado responsable, en el sentido de que ha tenido un hermanito porque así lo había querido, después del nacimiento tendrá más dificultades para expresar sus temores y celos, por lo que también es probable que tarden más en pasar.

Señalar mucho el deseo de tener un hermano puede estar al servicio de calmar en la madre el temor de que su hijo sienta celos. Pero esto empeora la situación. Los celos hacia el hermano siempre se dan y es mejor que se expresen con palabras.