El número de partos prematuros ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. Las causas que se barajan para justificar este incremento son diferentes, desde la mayor edad de la gestante hasta el estrés o los hábitos nocivos como fumar o el consumo de alcohol. Sin embargo, no se trata de una relación directa entre causa y efecto sino de probabilidades. Así las cosas, el parto prematuro puede suceder a cualquier madre y no se conoce ninguna razón exacta que lo provoque.
La incidencia de los partos prematuros ronda el 10 por ciento del total. Se considera que son pretérmino aquellos niños que nacen antes de la semana 37. En este sentido, cabe diferenciar entre los prematuros y los muy prematuros. Estos últimos son aquellos que nacen antes de la semana 32 o con un peso que no alcanza el kilo y medio.
Estos niños necesitan de cuidados especiales debido a su inmadurez. Comúnmente tienen dificultades para regular su temperatura, por lo que se les mantiene en la incubadora o en una cuna térmica. Con el mismo objetivo de mantenerles con la temperatura apropiada se utiliza el método canguro, que se trata de mantener el cuerpo del bebé pegado a la piel desnuda de sus progenitores, lo que, además, mantiene el vínculo emocional entre el bebé y su madre o padre ya que es duro para los padres tener que separarse de sus hijos el tiempo que requieren los cuidados hospitalarios.
Algunos también tienen problemas respiratorios o no pueden succionar por los que requieren de asistencia para respirar o para alimentarse y deben hacerlo mediante sondas. Se trata de un momento extremadamente crítico para las familias que, sin embargo, gracias a los avances médicos tiene en la mayoría de los casos un final feliz.
Los bebés de menos de 350 gramos tienen apenas nulas posibilidades de supervivencia. Pero incluso para ellos ya hay un mensaje de esperanza, pues han sido varios los que han conseguido romper esa barrera del peso y, si bien al principio la supervivencia en estos casos era exclusiva en los bebés niñas, también lo han logrado los varones.
Testimonios de esperanza
Eva María España tiene ahora 43 años y hace doce tuvo a su hija en la semana 25 de gestación, con apenas un kilo de peso. "El parto comenzó de forma inesperada. Tuvimos que ir al hospital de mi ciudad y desde allí me trasladaron al de la capital en ambulancia. Todo sucedió muy rápido y fueron momentos difíciles", explica.
"Mi hija pasó en la incubadora dos meses y los días en el hospital se hacía eternos. Nació con 900 gramos de peso y era asombroso ver la fuerza que tenía siendo tan pequeña", recuerda. "Irnos a casa fue una alegría, pero también se nos despertaron muchos temores. La niña tenía problemas de apnea y pasamos algunos sustos, pero ahora es una adolescente sana y muy deportista. Le encanta el fútbol, el baloncesto y cualquier otro deporte", añade.
Eva María tuvo además otra hija cinco años después y si bien su embarazo fue considerado de riesgo por los antecedentes, la niña nació a término sin ningún problema. Su primera hija participó en los programas de estimulación precoz especializados para niños prematuros, ya que estos bebés necesitan un seguimiento especializado en su primer desarrollo y pueden tener dificultades psicomotrices.
Para apoyar y ayudar a los padres que viven una experiencia de este tipo, otros progenitores se han organizado y existen asociaciones como Prematura o Prematuros sin fronteras . Además, cuentan entre sus objetivos ampliar la asistencia de estos menores una vez están en sus casas y a lo largo de su infancia y mejorar la legislación vigente en materia de permisos y licencias por maternidad para estos casos.
¿Qué es la edad corregida?
La edad de los niños prematuros se mide de dos modos. Por un lado la cronológica y por otro la corregida. Esta última es la edad que el bebé tendría si hubiera nacido a término. En tanto que los bebés prematuros no han terminado de desarrollarse en el vientre materno, completan su desarrollo tras nacer. Así, si nacen tres meses antes de la fecha de parto prevista, a los cinco meses de su nacimiento real, tendrá la edad corregido de dos meses y su evolución corresponderá a la de un bebé con esos dos meses de vida efectiva.
Yolanda Sánchez León tuvo un parto de mellizos a finales del 2009. Sus hijos debían haber nacido en torno al 30 de enero y lo hicieron a las 35 semanas. Gracias a su peso pudieron irse a casa pero entonces llegaron las complicaciones. En los primeros días de vida tuvieron una broquiolitis y desde entonces el primer año ha estado repleto de dificultades respiratorias.
"El primer año fue muy duro, pero ahora es maravilloso verlos jugar juntos y comprobar como uno está pendiente del otro y viceversa", cuenta su madre. "Nosotros tenemos otra niña mayor de casi siete años y la llegada de los pequeños se nos hizo muy complicada ya que eran dos y tenían problemas de salud", explica. Y dice: "Por una vez, y sin que sirva de precedente, el hecho de que mi marido estuviera en paro entonces nos vino bien porque estábamos los dos a una con los niños". "Ahora, tras dos años pendientes de la edad corregida y de que su evolución fuera positiva podemos decir que lo hemos logrado", afirma con una sonrisa.
Los niños de Yolanda Sánchez también han participado en los programas de atención temprana de su municipio para el desarrollo óptimo de la psicomotricidad y del lenguaje. "Ahora llevamos a uno de los pequeños a una especialista en logopedia y seguimos viendo la mejoría, además, este año empiezan el colegio y requiere de apoyo especializado que también se lo darán en el centro escolar. Sin embargo, su hermano ya ha alcanzado el desarrollo completo para su edad y no requiere de ningún refuerzo específico así que sabemos que con un poco de esfuerzo y tiempo él también llegará", apunta.
La llegada de un bebé prematuro a la familia trastoca todos los planes de vida. Los padres coinciden en que el primer año es clave y muy difícil, pero mes tras mes ven a sus hijos crecer y todos los obstáculos quedan en un segundo plano al verlos correr y disfrutar con los amigos y con la familia.