Repaso de verano: la flexibilidad se impone
- Situación: julio ha volado del calendario, ¡y los chicos sin tocar un libro! Ya no puedes demorarlo más. Es hora de que se pongan a repasar.
- ¿Por qué puede convertirse en un drama? Porque ellos se resistirán a abandonar su ociosa rutina; su padre querrá que lo pases por alto y tú le recriminarás que si les hubiera exigido más durante el curso ahora no tendrían que repasar las mates.
- Algunas ideas… Deja que elijan su libro de repaso, tal vez su personaje favorito le motive (Edelvives edita cuadernillos de Caillou, Phineas y Ferb; en Bruño está Kika Superbruja o Las tres Mellizas; en Planeta Junior los deberes se los pone Geronimo Stilton y en Medialive, Hello Kitty y Gormiti). Otro incentivo será que tú también estudies. Si le das ejemplo abriendo tu propio libro de repaso de inglés, ¿cómo podrán negarse?
- Consigna: saber negociar. Es agosto y las reglas estrictas no existen. Puedes limitar las actividades "oficiales" a 15 minutos o 30 y continuar de manera "no oficial" (caligrafía y redacción escribiendo un diario o postales; mates saliendo a comprar un helado y echando las cuentas…). Ayúdales con recompensas en forma de cine o excursiones.
Refugio rural: cuidado con estar demasiado aislados
- Situación: habéis alquilado una casita en plena naturaleza. El objetivo: 15 días para disfrutar del paisaje y escuchar el canto de los grillos.
- ¿Por qué es insostenible? Porque este plan puede ser el no va más para vosotros, pero admitámoslo... para vuestro hijo adolescente es un soberano aburrimiento.
- Algunas ideas: si, en lugar de en medio de la nada, buscáis una casita cerca de un pueblo, vuestros hijos podrán tener su propia vida social. Podréis apuntarles a actividades locales de verano (tenis, equitación, juegos...) y pronto harán sus propios amigos. Además, es imprescindible llevar un kit de supervivencia antiaburrimiento: monopatín, bicicleta, algunos DVD, y esos libros que les atraparán por mucho que se resistan. Y sí, también pueden jugar a la consola y ver la tele, tienen derecho a disfrutar de sus vacaciones haciendo lo que les gusta.
- Consigna: busca aliados. Puede que creas que llevarte a dos adolescentes en lugar de uno era lo que te faltaba, pero el problema en vez de duplicarse se multiplicará por cero. Se entretienen entre ellos y tú ganas en tranquilidad. ¿Un consejo? Si tratas de enrolar a tus hijos en algún plan en plena naturaleza... ¡olvida la palabra paseo! La aborrecen. Si los niños son pequeños, sustitúyela por "explorar". Con los mayores, suena mucho mejor "dar una vuelta por la noche" y mejor aún "vosotros solos hasta las nueve".
Visitas culturales: en pequeñas dosis
- Situación: con el plano de la ciudad en la mano, recorréis museos, ruinas, iglesias y catedrales… sin perderos ni una sola de las citas culturales interesantes y leyendo de cabo a rabo la información de la guía.
- ¿Por qué no funcionará? Los niños, incluso si les apasiona la historia y la pintura, se saturan pronto y arruinarán el placer de la visita con sus "¿Nos vamos ya?".
- Algunas ideas… Alterna la visita a restos arqueológicos con planes más activos y aventureros: unas clases de surf, una visita a los tiburones del acuario... Y no olvides meter en la mochila alguna distracción para las colas del museo.
- Consigna: aprende a estimularles. Nada de pasar por delante de los cuadros en un silencio sepulcral: coméntalos, repasa anécdotas o curiosidades de la historia, pídeles su opinión... Hazte con una guía infantil del lugar que vayáis a visitar, con explicaciones adaptadas a su edad, pasatiempos y juegos con las visitas turísticas e ideas divertidas para hacer en cada lugar.
¿Las abuelas? Sí, pero mejor de una en una
- Situación: tu madre se ocupa de recoger a los niños en el colegio cada día y tu suegra se queda con ellos los sábados para que vosotros podáis salir a cenar, así que parece buena idea invitarlas a vuestra casa de la playa.
- ¿Por qué no es tan genial como parece? Piénsalo: aparte de su edad, ¿qué tienen en común? Tal vez solamente la habilidad para hacer silenciosos reproches, minar vuestra autoridad... La calma aparente puede ser el preludio de una auténtica guerra fría.
- Algunas ideas… Organiza algún encuentro para que pasen tiempo juntas antes de las vacaciones. ¿Se llevan bien y tienen intereses comunes? Perfecto. ¿Se lanzan pullas, se desafían con la mirada y compiten por ser la preferida de los niños? Entonces mejor invítalas por separado.
- Consigna: evitar confl ictos. Los padres podéis establecer unas normas de disciplina básicas, pero tendréis que aprender a admitir que los abuelos también establezcan sus propias rutinas y a hacer la vista gorda cuando consienten demasiado a los niños. Hay que aceptar que las vacaciones están también para pasar por alto unas cuantas normas. Busca actividades que potencien los intereses comunes: un campeonato de cartas o un álbum de recuerdos de las vacaciones al que añadiréis algo cada día.