Los niños en edad escolar pasan nueve meses del año acudiendo al colegio a diario y muchos de ellos además asisten a clases particulares de apoyo, de idiomas, de música o practican algún tipo de deporte. Tras todo ese esfuerzo llegan las vacaciones de verano y muchos padres se preguntan si es bueno que continúen realizando tareas o si es mejor dejarlos descansar.
Conseguir un buen hábito de estudio requiere tiempo y dedicación, por lo que muchos profesores consideran que dos meses de verano sin hacer absolutamente nada hace que pierdan ese hábito y que, además, olviden parte de lo aprendido a lo largo del curso. Sin embargo, al igual que los adultos, los niños también necesitan desconectar de la rutina y por eso es tan importante encontrar el equilibrio.
En primer lugar hay que tener en consideración que cada niño es diferente y cada edad tiene unas necesidades distintas. No es igual un niño de primero de primaria que ha obtenido buenos resultados y que no tiene ningún tipo de necesidad específica que un preadolescente de secundaria con carencias en matemáticas o en comprensión lectora que le hayan acarreado algún suspenso.
Por eso, lo principal es hablar con los profesores. Ellos son los primeros que pueden aconsejarnos e indicarnos qué aspectos necesitan para mejorar y cuáles son las actividades que pueden hacer para alcanzar sus objetivos. Si bien, en general siempre hay que seguir unas sencillas pautas:
- Buscar un lugar tranquilo donde se pueda concentrar.
- Establecer un horario diario llegando a un acuerdo con el niño o niña.
- Determinar los objetivos que se quieren alcanzar para que pueda ver el progreso realizado.
- Estamos de vacaciones, así que el tiempo dedicado a las tareas debe ser desde media hora a dos, dependiendo de las edades, si no tiene necesidades específicas que recomienden otro tipo de intervención por parte de profesionales.
- Mostrar interés en las actividades que hace para que vea que estamos implicados en su trabajo.
Otras formas de aprender
Durante las vacaciones nos podemos acercar a las materias escolares con una motivación extra realizando actividades alternativas que despierten la curiosidad de los pequeños de la casa.
- Salidas: Los niños aprenden de todo aquello que hacen y especialmente de lo que ellos mismos descubren. Hacer visitas y excursiones al campo, a la biblioteca o a los museos es una buena forma de mostrarles parte de la historia o de la naturaleza sin un esfuerzo extra.
- En la red: Existen diversas páginas web que permiten que los niños realicen actividades adaptadas a su edad y al curriculum escolar de modo que les resulte más atractivo y sin que parezcan los temido ‘deberes’.
- Utilizar los intereses del niño para pasar un rato divertido puede ayudarnos a mejorar destrezas de comunicación. Por ejemplo si le gusta la televisión puede crear su propio programa o película escribiendo un guión y grabándolo con sus amigos. También puede realizar una exposición de fotografías en su urbanización o disfrutar con papel continuo y pintura de dedos y pinceles.
- Leer siempre: Elegir un libro o un cuento y disfrutar compartiendo su lectura.
- Conocimiento del medio: Salir a la compra con los padres o con los abuelos, ir al mercado a comprar el pescado y las verduras, ayudar a preparar la comida y otras actividades cotidianas ayudan a que el niño desarrolle destrezas como las matemáticas con el dinero o los oficios y los sectores productivos en una mañana de compras.
En verano las horas de luz nos permiten alargar los días y así, incluso aquellos que necesitan refuerzo en algunas asignaturas pueden organizar su horario para mejorar en aquello que necesitan y disfrutar de las vacaciones. En definitiva, se trata de pasar el mejor verano posible con nuestros hijos.