Desde que nacen los bebés están indefensos ante el mundo y se aferran a la vida mediante el instinto de succión que les garantiza poder alimentarse mediante la lactancia. En el mismo instante en que los pequeños llegan al mundo comienzan a respirar en un entorno diferente al del vientre materno y se enfrentan a sus primeros retos.
Una vez se han adaptado a este mundo y tras varios meses con una dieta basada exclusivamente en la leche tiene que iniciar un muy importante cambio en su dieta comenzado la introducción de alimentos sólidos. Así, entre los cuatro y lo seis meses empiezan las primera novedades.
Los cereales no suelen suponer ningún problema a la hora de comer, salvo en casos de alergias, ya que los toman disueltos en la leche materna o en la fórmula adaptada. Sin embargo, con las primeras verduras o frutas, que se introducen entre el quinto y el sexto mes la rutina cambia por completo y no se trata sólo de descubrir nuevos sabores.
Las novedades
Para empezar cambia la postura para comer. Los bebés están acostumbrados a comer reclinados o tumbados, aferrados al pecho de su madre o al biberón. Ahora deben permanecer sentados en una sillita o en los brazos de su madre en una postura todo lo erguida posible a esa edad.
Los pequeños, cuando inician la succión bien del pecho o del biberón, sólo la interrumpen cuando ellos quieren y controlan el ritmo de alimentación. Cuando dan el salto a los alimentos sólidos tienen que esperar que les den cucharada a cucharada.
Instrumentos: Hasta este momento, los niños están acostumbrados a un tipo de alimentación requiere sólo de succión y tanto el pezón como las tetinas tienen la forma adaptada para su boca. Ahora contempla cómo varios instrumentos se colocan frente a él a la hora de comer: platos, cubiertos, babero o servilletas.
Sabores: Las fórmulas de leche preparada tienen siempre el mismo sabor aunque la leche materna puede tener variaciones según los alimentos que ingiera la madre. Aún así, la calabaza, la zanahoria, la judía vede o el calabacín se diferencian en sabores y los pequeños descubrirán cada día un sabor distinto.
Texturas: Según lo fino que hagamos el puré la textura será más o menos ligera, de mayor o menor espesor, del mismo modo que cambia si se hace con patata o con arroz. Por eso es fácil que nuestro pequeño paladee la comida y la mueva en la boca notando su textura antes de tragar.
Enumerados todos los cambios podemos entender mejor que los pequeños tarden un tiempo en adaptarse a esta nueva situación alimentaria. Así, hay que empezar poco a poco introduciendo los alimentos siguiendo las recomendaciones pediátricas y probando diferentes verduras y purés para que pruebe variedad de sabores.
También podemos probar distintas cucharas ya que en el mercado las hay de diferentes formas, tamaños y materiales, hasta que encontremos la que mejor se adapte a nuestro bebé que tiene que manejar el alimento en la boca, saborearlo y conseguir tragarlo. Una adaptación que puede conseguirse en poco tiempo o alargarse más, dependiendo de cada niño.
A partir del sexto mes el niño tiene que hacer cuatro comidas al día consistentes en desayuno de leche (materna o adaptada) con cereales sin gluten, comida de puré de verduras con fruta y zumo natural o yogur, merienda a base de papilla de fruta natural y leche o yogur de leche adaptada y cena igual que el desayuno.
Calendario de alimentos
De cuatro a seis meses: Cereales sin gluten. Se empieza introduciendo los cereales por la noche. Luego puede repartirse la cantidad de cereales que corresponda entre la noche y la mañana.
Cinco meses: Algunos pediatras recomiendan introducir la fruta a esta edad y ofrecérsela para merendar. Las frutas recomendadas son la naranja, la pera, el plátano o la manzana, evitando la fresa, el melocotón, el kiwi o la cereza hasta que el bebé tenga un año de edad. Otros pediatras consideran que es más apropiado comenzar con las verduras para que el pequeño no se acostumbre sólo a los sabores dulces.
Seis meses: Es el momento de empezar a comer verduras con pollo. El menú se prepara cociendo la verdura junto con el pollo, sin piel ni grasa, y triturándolo finamente. Una vez hecho el puré se le añade una cucharadita de aceite de oliva crudo.
Las verduras recomendadas son: patata, zanahoria, puerro, calabacín, judía verde, calabaza, cebolla o apio. Hasta el año no se deben introducir la col, la coliflor, la remolacha o el nabo.
Siete meses: A partir de este mes se pueden incorporar otras carnes como la ternera o el pavo, si bien no debemos dar cerdo ni vísceras.
Ocho meses: Con esta edad ya se le pueden dar cereales con gluten, trigo, avena, cebada o centeno por lo que podemos darle pan, galletas o bizcocho.
Nueve meses: Llega el momento de introducir el huevo. Un alimento que se incorpora muy poco a poco porque puede producir intolerancia. El proceso comienza con un cuarto de yema de huevo en la papilla de verduras, aumentándola hasta llegar a darle una entera a la semana. A partir del año se le dará la clara.
Diez meses: Empieza el pescado, en este caso sólo blanco. Se puede alternar la papilla de verduras con carne y la de este tipo de pescados: pescadilla, rape, merluza, rosada o mero.
Un año: A esta edad el pequeño ya puede comer casi de todo, el huevo entero, queso fresco, jamón cocido o pescado azul. Sólo hay que tener más cuidado con las legumbres para las que es mejor esperar hasta el año y medio.
Cabe recordar que estas comidas destinadas a los bebés no deben tener sal, en caso de las verduras y la carne, ni hay que añadir miel o leche condensada a las preparadas con fruta.
Es importante respetar las directrices marcadas por los pediatras para que los niños no sufran intolerancias o para poder controlar las posibles alergias. Incorporar al menú la carne antes del sexto mes o los cereales y zumos antes del cuarto mes puede ser perjudicial para la salud del bebé.