Desde que empezamos a caminar debemos prestar especial atención a los pies. Un pie que no camina no requiere de calzado, por lo que los bebés pueden utilizar zapatos a modo de cobertura o guante, holgados y cómodos para protegerlos del frío.
Cuando el bebé comienza a gatear los pediatras recomiendan el uso de zapatos con refuerzo en el talón para una buena sujeción, y en los dedos para evitar rozaduras y golpes.
Así, aún con altas temperaturas los pies de los niños deben estar bien protegidos y existen en el mercado sandalias para los primeros pasos que mantienen los dedos a buen recaudo.
La comodidad es un principio básico a la hora de elegir un buen calzado. Caminar es una aventura llena de obstáculos que hay que superar y los pies son para toda la vida, así que hay que cuidarlos desde el principio.
Cinco condiciones básicas:
- Ligero y flexible: El zapato debe pesar poco para que al niño le resulte fácil moverlo y la flexibilidad hará más sencillo y correcto el movimiento natural de pie.
- De piel: La piel natural es el mejor material para los zapatos de los niños ya que permite una buena transpiración y se acoda muy bien a la anatomía.
- Horma recta y puntera redonda: Los pies de los niños son, proporcionalmente a su tamaño, más anchos que los de los adultos. Además, los dedos de los niños deben poder moverse dentro del zapato.
- Buena sujeción: Unos zapatos bien abrochados sujetan el pie y evitan tropiezos aunque hay que tener cuidado con que no aprieten.
- Suela antideslizante: Para esquivar las caídas se recomienda que la suela de los zapatos tenga algún tipo de dibujo que los haga antideslizantes.
Si un zapato cumple estas condiciones ya sólo queda encontrar la talla apropiada, por lo que hay que probar los
zapatos al niño y procurar que los dedos no toquen la puntera del zapato. Tampoco es recomendable comprarlos grandes, pues al moverse el pie dentro del calzado hará que caminar sea algo más dificultoso para el niño.