Soy el primogénito... ¡y a mucha honra!

Dos hermanos posan sonriendo

  • Si usted ha sido primogénito -como yo, que lo he sido de cinco hermanos- sabrá de sus ventajas y también de sus inconvenientes.

Para empezar, el primer hijo, por el solo hecho de serlo, tiene que aceptar, tanto si le gusta como si no, una serie de derechos y deberes. Aunque, también es cierto que eso era una situación más bien de antaño. Ya sabemos que, en su día bíblico, hay quien prefirió, por estar hambriento, cambiar su primogenitura por un apetecible plato de lentejas.

Todos los padres del mundo, todos, esperamos mucho del hijo primogénito. Esperamos que sea lo más parecido a nosotros- ¡faltaría más!-, como una prolongación nuestra, un auténtico calco. Y para forzar este destino de obligada identidad, incluso hay quienes le ponen el nombre de pila paterno.

Así, cuando el hijo tan esperado aterriza en este mundo, sobre él depositamos unas expectativas que deberán ser cumplidas. El problema está en que el niño tendrá que aprender por sí solo la conducta que gusta a sus padres. No tiene otros hermanos con quienes comparar su comportamiento. La noción de lo “bueno” que se supone debe ser la tendrá que descubrir fijándose en la manera de comportarse de los adultos*.

Comprenda usted que el primer hijo, al no disponer más que de modelos adultos en que identificarse, tendrá las características comunes con el hijo único: responsable, conformista, tradicionalista, ordenado... pero, también, será más ambicioso que los otros hermanos. Aunque, asimismo, será menos agresivo, temeroso del daño físico y poco dispuesto a los deportes peligrosos.

Suele ser más propenso a los cuadros de ansiedad, retraimiento, cambios de humor. Es hipersensible. En situaciones que puedan provocarle ansiedad, solicita el apoyo y la conformidad de los otros. Puede que sea, también, menos sociable que los demás hermanos.

Asimismo, se otorga a los primogénitos un triste palmarés: son los mejores candidatos a las consultas de los psiquiatras infanto-juveniles, ya que, estadísticamente, presentan más trastornos psicoemocionales que los hermanos intermedios o los últimos**. 

*.- Castells, P. Guía práctica de la salud y psicología del niño (5ª ed.) (Planeta, 1999).
**.- Castells, P. Psicología de la familia (Ceac, 2010).

Dr. Paulino Castells, Psiquiatra de familia, www.paulinocastells.com

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Patrono y representante de la Fundación Alia2. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Pediatría, Neurología y Psiquiatría y Profesor de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, Paulino Castells (www.paulinocastells.com) también es padre de cuatro hijos y abuelo de cinco nietos. Por eso, semana tras semana, nos irá contando cómo educar a nuestra familia con auténtico conocimiento de causa...