Televisión y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Parte I

  •          En el año 2004 me sorprendió una exhaustiva investigación sobre la exposición temprana a la televisión y los efectos nocivos en la atención de los precoces niños televidentes.

El trabajo en cuestión, a cargo del doctor Dimitri Christakis y su equipo de colaboradores del Hospital Infantil de Seattle, EE.UU., se publicó en la prestigiosa revista especializada Pediatrics y tubo gran impacto entre los profesionales sanitarios. Venía a corroborar algo que ya intuíamos hace tiempo que podía pasar 1.

        Los autores de este minucioso estudio relacionaban la cantidad de horas de exposición a la televisión de los niños de 1 a 3 años de edad con problemas posteriores de atención. ¡Habían hecho estallar una bomba en el  omnipresente panorama audiovisual!

         La razón es que las actuales exploraciones en neurociencias confirman cada vez más el poder de las experiencias ambientales en la configuración del cerebro en desarrollo a causa de su gran plasticidad. Así, la exposición repetida a cualquier estímulo del ambiente de un niño puede incidir fuertemente en su crecimiento intelectual y emocional, a base de fijar unos circuitos cerebrales determinados (“hábitos intelectuales”) o impedir otras experiencias a su cerebro. Hace tiempo que sabemos que el cerebro del niño es maleable y susceptible de ser modificado por la educación que recibe.

        Y este proceso de configuración, que afecta a la estructura neuronal y a la función cerebral, parece influir -según apunta esta investigación- tanto en el desarrollo celular como en la regulación de las sustancias neurotransmisoras. Respecto a la maduración cerebral de estos niños, se cree que esta exposición repetitiva a la pantalla televisiva incide desfavorablemente en el establecimiento de las sinapsis de las neuronas cerebrales, porque se compromete el crecimiento y la dirección que toman las prolongaciones (dendritas) al iniciar sus conexiones con las neuronas vecinas. Asimismo, también incide en los neurotransmisores del tipo de las catecolaminas (dopamina, noradrenalina) que tienen una gran influencia en el desarrollo de los sistemas de atención del cerebro. Seguiremos con el tema la próxima semana.

 Castells, P. Nunca quieto, siempre distraído. ¿Nuestro hijo es hiperactivo? (Ceac, 2009).    

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Patrono y representante de la Fundación Alia2. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Pediatría, Neurología y Psiquiatría y Profesor de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, Paulino Castells (www.paulinocastells.com) también es padre de cuatro hijos y abuelo de cinco nietos. Por eso, semana tras semana, nos irá contando cómo educar a nuestra familia con auténtico conocimiento de causa...