Cuando la economía entra en recesión, cae la natalidad. Era el peor momento para tener hijos, pero para ellos fue el mejor. Pese al paro y la incertidumbre, apostaron por el futuro. 

Laura Guerrero y Óscar de Lara decidieron hace dos años emigrar a Chile un país que jamás habían visitado, a 11.000 kilómetros de España para probar suerte. La precariedad laboral no les permitía formar una familia aquí, así que pensaron que quizá tendrían más oportunidades cruzando el charco. Mientras ellos se instalaban en Chile, Antonio Fernández y Aída Corredor hacían cuentas: querían ser padres por segunda vez, pero él se había quedado en paro al poco tiempo de nacer Naia. Buscar trabajo estaba llegando a ser desesperante, pero, aun así, se arriesgaron. Y Leo llegó repartiendo sonrisas: un mes antes de nacer, su padre encontró trabajo.

Todos ellos dicen estar muy contentos de momento, una coletilla que repiten con frecuencia. Es una muestra de que la incertidumbre laboral se ha convertido en una constante en sus vidas. Sin embargo, aunque han conocido la peor cara de la crisis, no tienen mal recuerdo. ¿La razón? Durante esa época nacieron sus hijos. No sabían si la crisis acabaría y prefirieron arriesgarse a echar por tierra su sueño de ampliar la familia.

Padres en minoría

En los países donde la economía entra en recesión, los nacimientos caen en picado. Un estudio del Instituto Max Planck lo puso de manifiesto hace año y medio: los índices de natalidad de la Unión Europea habían caído en los últimos años en relación directa con el incremento del desempleo. La radiografía demográfica que elaboraba el Instituto Nacional de Estadística (INE) hace unos meses lo corrobora. En 2013 los nacimientos caían en nuestro país por quinto año consecutivo: aquel año, el último del que se tienen datos oficiales, nacieron 425.390 niños, un 6,4% menos que el anterior. La diferencia respecto al que se considera el primer año de la crisis es aún más evidente: la cifra de 2013 es un 18,1% más baja que la de 2008.

Cuando Cristina García-Loygorri escucha estas cifras, asiente. Ella sufrió los efectos de la situación económica, pero no se arrepiente de haber afrontado una tercera maternidad en medio de renegociaciones de préstamos. Todo eso pasó factura y la relación con mi marido se tambaleó y nos separamos. Pero volvería a tener a mis tres hijos, asegura convencida de que vendrán tiempos mejores.

Comparte ese convencimiento Carolina de Dobrzynski, madre soltera que inició el tratamiento de fertilidad cuando comenzó la crisis y poco después fue despedida. Mi hija es mi motor, afirma.

Cristina García-Loygorri

Fue despedida cuando se quedó embarazada de su segundo hijo. Tras tener al tercero, vendió su negocio y se separó. Hoy trabaja en una inmobiliaria.

"En 2008 tenía 29 años, llevaba tres casada y ya había nacido mi primera hija. Trabajaba en una empresa de publicidad y, aunque no tenía un sueldazo, nos decidimos a ir a por el segundo. Estando embarazada, me despidieron. Fuimos a juicio, obtuve indemnización y abrí un centro de estética. Las cosas fueron bien hasta 2011, cuando ya tenía a dos empleados y me podía organizar para atender trabajo y familia. Por eso nos lanzamos a tener un tercer hijo y a ampliar el negocio con un segundo centro. Pero las cosas dejaron de funcionar. En cuanto la gente se quedó sin trabajo, lo primero que borraron de su cuenta de gastos fueron los lujos, y la estética lo es. Mi sueño era tener un negocio propio y una familia numerosa, y a pesar de las circunstancias, luché por ello incluso en el peor escenario. Al final tuve que renegociar los préstamos y un año después empezamos a respirar. Pero todo eso nos acabó pasando factura y con mi tercer hijo no pude disfrutar de la baja maternal. Me pareció que no tenía el apoyo que necesitaba en esos momentos tan difíciles, y acabamos separándonos. Pero también aprendes cuáles son tus prioridades. He podido vender el negocio, tengo otro trabajo en una inmobiliaria y, sobre todo, soy madre de tres niños sanos y felices, así que no puedo pedir más. Si echo la vista atrás, cambiaría muchas cosas, pero volvería a tener a mis tres hijos hubiera o no crisis. Siempre se encuentra la manera de salir adelante".

Laura Guerrero y Óscar de Lara

Dejaron España en busca de un trabajo más estable en Chile que les permitiera crear una familia. Ella es periodista y su pareja, ingeniero de caminos.

"Nos fuimos de España porque trabajamos en dos sectores muy castigados por la crisis y estábamos cansados de la precariedad. Además, queríamos ser padres, no sabíamos si la crisis tenía fecha de caducidad y yo ya había cumplido 36 años. Era imposible saber si, para cuando acabara, mi edad me permitiría tenerlos, así que decidimos probar suerte en Chile. Descubrimos que para un ingeniero de caminos es relativamente sencillo encontrar trabajo bien remunerado. En mi caso, que soy periodista, es diferente. Pero, al menos, uno de los dos ha encontrado un buen puesto. Ser emigrante te hace ser más flexible y pensamos que, aunque no era la situación ideal, si lo postergábamos más, quizá nunca seríamos padres. Llevamos dos años como emigrantes, y el precio que vamos a pagar por haber tenido a Kiko en Chile es no poder volver a España de cualquier forma. Tenemos que asegurarnos, al menos, un contrato con cierta durabilidad. Pero estamos muy contentos con la decisión y no nos arrepentimos. ¿Si nos gustaría volver? Claro, pero ya no nos tomamos las cosas tan a la tremenda si no son perfectas. Es parte de lo que acabas aprendiendo al irte a vivir a otro país".

Aída Corrdor y Antonio Fernández

Son geógrafos. Él se quedó en paro cuando nació su hija mayor. Ha vuelto a trabajar unas semanas antes de que naciera su segundo hijo. 

"La empresa en la que trabajaba cerró poco después de que naciera nuestra hija. Estábamos tranquilos, porque yo había pedido una excedencia para poder trabajar allí, así que pedí reincorporarme a mi antiguo empleo. Cuando vi que no me readmitían, empecé a buscar trabajo. Queríamos tener dos hijos, pero no encontrábamos el momento, porque entonces comenzó un ERE donde trabaja mi mujer. Hasta que la Audiencia Nacional lo declaró nulo, no nos decidimos. Todo seguía siendo muy inestable, pero nos la jugamos. Y tomamos la decisión correcta. En el momento en que asumes que la estabilidad no va a volver, decides seguir adelante con tu plan de familia, a no ser que tengas una imposibilidad absoluta. Además, en esa época conseguí una beca de un par de meses, que aunque no era mucho significaba contactos. En el segundo embarazo ya había terminado la beca y se me acabó el paro. Fue un mes antes de que naciera Leo cuando encontré trabajo. Creo que nunca volveremos a la seguridad de antes, así que hay que adaptarse".

Carolina de Dobrzynski

Decidió crear una familia monoparental tras ser despedida. Su hija tiene cuatro años.

"Tomé la decisión de ser madre soltera al comienzo de la crisis, cuando me despidieron de una empresa donde trabajaba como directora de Marketing. Hacía años que lo tenía en mente, pero fue entonces, con la posibilidad de recibir la indemnización, cuando lo decidí. No sabes cuántos tratamientos tienes que hacer, así que es mejor empezar con un colchón económico. Me incorporé enseguida a trabajar en una agencia de publicidad, pero seguí adelante con mis planes de ser madre. Tras la baja maternal, la empresa cerró. Si me preguntas si hubiera tenido un hijo de haber sabido que la crisis me iba a afectar, seguramente te diría que no, pero es difícil imaginar todo lo que compensa tener un hijo. Aunque el panorama laboral sea desalentador, un hijo no te permite deprimirte. Te da fuerzas para superar los problemas económicos y lo que haga falta. No creo que las cosas fueran ahora más fáciles para mí si no hubiera tenido una hija, porque no tendría el motor. Las ambiciones profesionales tienen un tope, pero los vínculos afectivos no tienen límite. Ahora tengo un trabajo que me permite conciliar, porque formé mi propio espacio laboral desde mi web, (Voyasermama), y lo compatibilizo con actividades de publicidad y producción para poder criar a mi hija. Aún así, nadie niega que sea dura la maternidad en solitario: eres un único adulto para todo, para sostener lo emocional y lo económico, y eso pesa. Para mí ha sido un gran apoyo la Asociación Madres Solteras por Elección, no solo como lugar de encuentro con otras madres en mi situación, sino también como centro de información sobre ayudas y subvenciones".

 

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