Los “hamam” son las casas de baño donde los turcos limpian su cuerpo, pero también donde las mujeres siempre han encontrado un espacio que no las obliga a esconder su cuerpo. Una tradición que se puede disfrutar en los “hamam” históricos y en los spas de los hoteles de lujo. La elección depende de cada uno.

El vapor lo inunda todo, el cuerpo se escurre en el mármol y uno se abandona en las manos expertas de una “keseci”, que primero castiga el cuerpo al frotarlo y luego lo reconforta con un masaje de espuma. Es en los “hamam”, en las casas de baño, donde los turcos limpian su cuerpo, pero también donde las mujeres siempre han encontrado un espacio que no las obliga a estar sometidas a la rigidez de una sociedad tradicional como la suya.

Aunque heredados de los romanos, fue durante el imperio otomano cuando vivieron su máximo esplendor y se convirtieron en centros neurálgicos de la vida social. Una tradición que lucha por mantenerse en nuestros días: en los “hamam” históricos, ayudada por el turismo, y en los spas de los hoteles de lujo, adaptándose a los nuevos tiempos. La elección depende de cada uno: en los primeros se puede disfrutar de la historia y en los segundos de calidad, exclusividad y un ambiente refinado.


ESPLENDOR DE OTRA ÉPOCA

En los “hamam”, con la luz tenue que se filtra por la bóveda, la imaginación retrocede hasta el esplendor de la antigua Constantinopla –ahora Estambul–, a una época de harenes y sultanes, en la que la mejor forma que tenían las mujeres para relacionarse era tomar baños interminables. “Igual que ahora quedan para tomar café, antes se reunían en el “hamam”. Se llevaban la comida y el té, y charlaban durante horas. Ahora, tienen menos tiempo y no tienen problemas para verse en lugares públicos”, comenta Sibel Benli, del spa del Hotel Les Ottomans.

Tras la conquista de Constantinopla en 1453, se construyeron baños públicos en toda la ciudad, para suplir las deficiencias higiénicas de los hogares y, sobre todo, para cumplir con el precepto de limpieza del Islam. Entre el vapor se cerraban negocios, se tramaban conspiraciones, se elegían nueras... Por supuesto, hombres y mujeres estaban separados. En el siglo XVII, en Estambul funcionaban 300. Tres siglos después, el historiador turco Nermin Haskan encontró sólo 60 en uso.

La falta de tiempo, la influencia occidental y la llegada del agua a la inmensa mayoría de los hogares hicieron que muchos de ellos cerrasen. Sin embargo, aún hoy los “hamam” siguen siendo todo un símbolo distintivo de Turquía.


LAS SALAS DE BIENESTAR

• La principal se llama “hararet” o “sicaklik”. Tiene una cúpula con aperturas al exterior en forma de estrellas o círculos, que permiten la entrada de la luz y producen un ambiente casi mágico. En las paredes hay lavabos con grifos de agua caliente y fría. El masaje se realiza en una inmensa plataforma de mármol llamada “gobektasi”.

• El “camekan” es un vestíbulo donde los bañistas se cambian y se enrollan en “pestamals”. Tras el baño se pasa de nuevo a esta sala, donde se puede tomar un té.

• El pasaje intermedio entre ambas salas se llama “sogukluk”.


LOS TESTIMONIOS

• Beyhan Rüzgar
, 40 años. Es “keseci” en el Hotel Les Ottomans. "Hice un curso de cuatro meses y empecé a trabajar como “keseci”en uno de los “hamam” tradicionales, el de Cagaloglu. A medida que iba cogiendo experiencia, me di cuenta de que en esos lugares abarrotados de turistas no se podía ofrecer mucha calidad. Así que decidí dejarlo y buscar trabajo en los hamam de importantes hoteles. Aquí podemos ofrecer un tratamiento personalizado, porque tenemos menos clientes. De hecho, ahora no tengo más de cinco clientes al día, mientras que, cuando trabajaba en los tradicionales, podían llegar autobuses de turistas y tener que hacer 20 o 30 masajes. Obviamente, a la gente no se la puede tratar de igual manera y por supuesto el tiempo que se emplea no es el mismo. Aquí estoy unos 45 minutos con cada cliente, mientras que en los tradicionales no puedes pasar más de 20. En este empleo gano algo más de dinero y tengo la oportunidad de prosperar, de aprender nuevas técnicas y usar diferentes productos, y me siento más valorada. Llevo siete años trabajando y estoy muy contenta, me encanta mi trabajo porque es bueno tanto para el cliente como para el terapeuta. Ellos se quedan como nuevos y yo estoy totalmente en forma, mi cuerpo y mi piel están totalmente libres de toxinas, me siento siempre fresca y relajada. Es un buen trabajo".

• Ayten Melise, 57 años. Trabaja en el Cagaloglu. "Desde hace 25 años, ejerzo la profesión que antes tuvieron mi abuela y mi madre, y de la que también vive mi hija. Aprendí todo lo que sé de mi madre, siguiéndola de un “hamam” a otro. Durante mis años de experiencia, muchos cuerpos han pasado por mis manos, miles de ellos: puedo lavar a 15 o 20 personas en un día. Trato como a mi hija a las chicas que vienen aquí. Después del tratamiento, se sienten como recién nacidas, como si tuvieran un cuerpo nuevo. Mis clientes son casi todos extranjeros, muchos vienen cada año y preguntan por mí. Los nuevos baños en los hoteles ofrecen tratamientos más técnicos, pero pierden lo tradicional. Soy fiel al Cagaloglu, siempre he trabajado aquí y moriré aquí. Me gusta estar entre estas paredes que tienen casi 300 años de historia, ¿a dónde me voy a ir?".

RUTA EN ESTAMBUL

TRADICIONALES

• Cagaloglu. Construido en 1741, es uno de los más bonitos. 30 €. Yerebatan Cad. Telf.: +90 0212 522 24 24.

• Cemberlitas. Es de 1584 y tiene éxito entre los turistas por su cercanía al Gran Bazar. 18 €. Vezir Hani Cad., 8. Telf.: +90 0212 522 79 74.

• Galatasaray. Erigido en 1714, la sección de mujeres se creó en 1965. 30 €. Turnacibasi sokak, 24. Telf.: +90 0212 252 42 42.

MODERNOS

• Les Ottomans. Una exclusiva replica de los tradicionales. 80 €. Muallim Naci Cad., 168. Tlef.: + 90 0212 359 15 33.

• Ciragan Palace. En el lujoso hotel Kempinski. 80 €. Ciragan Cad. Telf.: +90 0212 326 46 46.

• Swissotel The Bosphorus. Famoso entre la clase media. 90 €. Bayildim Cad. Telf.: +90 0212 326 11 00.