...“quiero un camión” cantaba un grup de rock, un himno a la hombría. Gracias a conductoras como Elena, eso está cambiando.

La primera en la frente. Dispuesta a acompañar a Elena Sienes en su jornada de trabajo... llego tarde. La cita es a las 11,00 h en una gasolinera en la carretera de Valencia a la altura de Rivas Vacía Madrid. Pero ella lleva haciendo viajes de Madrid a Guadalajara desde las 5,30 h. La enganchamos en su tercer trayecto.

Cuando la veo bajar de ese monstruo de 40 toneladas, ella, tan menuda, la primera pregunta sale sola: “¿Qué hace una chica como tú en un camión como éste?”. “Me dio por ahí. He trabajado de todo: comercial, administrativo, pero cobraba 800 € y eso no te da para vivir. Aquí gano 1.200 € por transportar áridos de las graveras a las cementeras y la planta está al lado de mi casa, por lo que todo el sueldo me queda para mí. Además, este trabajo no es complicado”. Vamos a comprobarlo.

11.30 HORAS

LA “HIGHWAY”. Destino: una gravera en San Martín de la Vega (Madrid). Estamos a dos metros del suelo y vamos a 90 km/h, la carretera es nuestra. Pero a pesar de nuestro indiscutible poderío algunos incautos nos intentan hacer “trampas”. Elena lo comenta con la paciencia que le aporta pasarse todos los días nueve horas al volante: “No hay respeto. Los coches no entienden que esto no es un automóvil y que necesitas otros tiempos para frenar y reaccionar”. Al camión no le respetan, ¿y a la camionera? “La gente se sorprende, pero me tratan bien. Aunque algunos te miran como diciendo: ¡ostras, qué peligro!”. Pero no siempre fue fácil: “Meter por el aro que eres mujer y quieres conducir camiones es difícil. Cuando llamaba para interesarme por un puesto me contestaban que buscaban a alguien para un trabajo más físico”. Hasta que coincidió con Félix Valencia y Pablo Galloso. “Yo siempre quise tener una conductora –asegura Félix–. Y lo del físico... una mujer no puede cambiar un pinchazo, un hombre tampoco”.

12.00 HORAS

ENCARNA DE DÍA. Llegamos a la gravera, el palista nos carga el remolque, pesamos el camión y de nuevo en ruta hacia una cementera de Guadalajara para descargar. No hemos perdido ni cinco minutos, pero yo estoy emocionada porque he hecho un gran descubrimiento. El alma de un camión no son los discos de Camela, ni las estampitas (que, por cierto, Elena no tiene), es la emisora. Se oye de todo. “Alejandro, me coloco” “Pues no te coloques mucho a ver si...”. Tiene un idioma propio (la carretera de Barcelona es “la Olímpica”, la Guardia Civil, “los aceitunos”...) y sirve para saber el estado de la carretera y cotillear. “Cuando hablan por ella a todos se les pone el tono pasota”, nos explica Elena.

13.30 HORAS

MACHISMO, NO... Cachondeíto. Descargamos en Guadalajara y tomamos contacto con la timidez del camionero. Ante nuestro fotógrafo, los compañeros de Elena desaparecen en la nada, no sin antes pedirle (desde muy lejos) un autógrafo a “la niña”. Nos toca comer solas en un restaurante en el que somos las únicas mujeres... y se nota. Pero Elena lo lleva bien, está encantada con su trabajo. Y no es la única: “Mi jefe me dice que si tengo alguna amiga, que está buscando dos conductores y ya está bien de machotes”.

15:00 HORAS

TEMIBLE N-II. Después de las multas y los controles, el enemigo natural del camionero son los atascos. Nos avisan por la emisora de que ha habido un accidente en la Nacional II y Elena decide coger un peaje para llegar a otra gravera más cercana. El objetivo es hacer cuatro viajes por día, y hasta la fecha, retenciones incluidas, Elena siempre ha cumplido. Haga sol, llueva o truene. “No tengo miedo a la lluvia ni a conducir de noche. Si voy a salir con miedo, mejor me quedo en casa”, afirma. A las 17,30 h de hecho, ya ha cumplido su jornada, una nueva carga y una nueva descarga. Y le vuelven a pedir autógrafos.

LAS IMÁGENES DE LA JORNADA

1. En ruta

2. Después de cargar hay que pesar el camión y, si supera las 41 toneladas, tirar el sobrante.

3. Limpiar los filtros del aire es muy importante cuando se transportan áridos, pues si no el aire que llega a la cabina puede ser perjudicial.

4. Parada para comer y de paso visitar el baño. “La mayoría de estas empresas no tienen baño de chicas y los que hay... mejor te vas a una gasolinera o un bar”, dice Elena.

5. “Cuando a alguno se le escapa un taco en las oficinas siempre alguien dice “Esa boca, que hay chicas”, nos comenta.

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