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Carmen Carro y Santiago Pedraza: "Nunca hemos discutido"

El matrimonio y la restauración se cocinan con algunos ingredientes similares: mucha pasión y una pizca de romanticismo. Lo que el amor ha unido, que no lo separen los negocios.

Santiago Pedraza y Carmen Carro, propietarios de la taberna 'Pedraza' y 'Carmen casa de cocidos' (Madrid)
Santiago Pedraza y Carmen Carro, propietarios de la taberna 'Pedraza' y 'Carmen casa de cocidos' (Madrid) Uxía da vila

"No eches ningún curriculum". Esto fue lo que Santiago Pedraza le dijo a su mujer, Carmen Carro, cuando perdió el trabajo en una tienda de estética, en plena crisis. Carmen se había formado como técnica en Turismo y tenía 45 años. "Me dijo que pensara como si tuviera 18 años en lo que me hiciera feliz, para dedicarle el resto de mi vida –cuenta Carmen–. Mi respuesta fue la cocina, una afición que nos unía a los dos desde muy jóvenes". Decidieron ir a por ello y abrir un local pequeño, sin muchas ambiciones. Él es un año mayor que Carmen y trabajaba en una empresa alimentaria. Su vida era "muy normalita", pero decidió acompañarla en esta aventura. "Las circunstancias a veces te orientan. No nos arrepentimos. Para nuestra sorpresa, la taberna se llenó el primer día y así ha continuado".

Carmen y Santiago emplearon un par de años en formarse: en productos, en la organización de una cocina, en conocer proveedores o diseñar una carta. "Nos metíamos en las cocinas de restaurantes que nos gustaban y que nos lo permitían y observábamos", recuerda Carmen. Su proyecto era dedicarse a la cocina tradicional. Taberna Pedraza abrió sus puertas en abril de 2014.

Ambos se conocieron estudiando Turismo y llevan 31 años juntos. "No tenemos dificultad a la hora de trabajar por ser matrimonio, todo lo contrario", asegura Santiago. "Tenemos el mismo objetivo, vemos las cosas de la misma manera y entendemos la cocina y el negocio de la misma forma. Podemos decir que somos uno", continúa Santiago. Carmen se ocupa de la cocina y élestá en la sala, en la gestión y manejando la parrilla. "No tenemos desacuerdos. ¡Suena raro, pero nunca hemos discutido!", repite entre risas.

El local de Taberna Pedraza se quedó pequeño, así que año y medio después se mudaron a otro más grande justo al lado. En el antiguo, abrieron un restaurante especializado en cocido madrileño, Carmen Casa de Cocidos, en octubre de 2016. "Nuestra idea es hacer una cocina tradicional, de sabores que uno lleva en la memoria, con raíces – explica Carmen–. Nos hace ilusión mantener esta tradición, recuperar platos. Creemos mucho en la cocina del recuerdo y queremos mantenerlo".

Su relación con los proveedores – uno por producto– es esencial. "Nos gusta tener con ellos una complicidad total", explica Santiago. Huevos fritos con pisto, croquetas de ibérico, morcilla de cebolla, tigres… son sus platos estrella. El equipo de ambos locales es hoy de 17 personas. "Nuestro negocio es como una casa grande y cocinamos igual que en una casa –cuenta Carmen–. Nos gusta hacer las cosas de forma lenta y con cariño. Y hemos tenido la suerte de poder hacer lo que nos gusta".


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