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Educación: una tarea compartida entre padres y educadores

Cuando empieza el curso y los padres llevan a sus hijos a las guarderías quedan compungidos y preocupados por cómo se adaptarán sus pequeños

Un niño atendiendo a su profesora.
Un niño atendiendo a su profesora. fotolia

Son muchos los que preguntan una y mil veces, los que visitan el centro, incluso se quedan un tiempo con los pequeños dentro de clase. Sin embargo, el tiempo pasa, los niños se adaptan y los padres se ven absorbidos por las tareas del día a día y por el trabajo. Es importante que los padres sigan siendo una pieza clave activa en el desarrollo de las actividades en los centros infantiles.

Hablamos con Estíbaliz de Zulueta Velázquez-Duro, directora y psicóloga de la Escuela Infantil Nemomarlin Guindaleralos para que explique por qué. “En niños de 0 a 3 años, las figuras de apego son sus padres y son los protagonistas fundamentales en el proceso educativo de sus hijos. Cuando los padres toman la decisión de compartir esta tarea con un centro infantil, la educación del niño se convierte en una tarea compartida entre padres y educadores cuyo objetivo común es la formación integral del niño”, explica.

“Es por esto por lo que los niños deben percibirnos como personas de confianza de sus padres, con los que se sienten seguros y contentos de dejarlos. Cuánto más participen los padres en el desarrollo de las actividades y se involucren en las propuestas que hacemos, se ofrecerá al niño una imagen de acercamiento e interacción entre las personas que se ocupan de su cuidado y otorga al ámbito escolar un carácter de familiaridad y seguridad”, continúa. “Nos verán como personas cercanas y ver a sus padres implicados, hará que ellos también se motiven a participar”, concluye.

En este sentido, los padres deben involucrarse y preguntar sobre sus hijos siempre que lo estimen oportuno para realizar un seguimiento de cómo vive su hijo, aunque no se trata de supervisar cada gesto del pequeño, sino de interesarse de forma sana por su evolución. “Para nosotros una relación fluida con los padres es fundamental”, relata De Zulueta. “Están dejando a nuestro cuidado lo más importante de su vida y deben saber y conocer cómo están viviendo sus hijos las nuevas experiencias. Hay que tener en cuenta que a estas edades muchos de ellos no nos lo pueden contar, pues no han desarrollado las habilidades lingüísticas”, explica esta psicóloga que como directora de una escuela infantil tiene experiencia en cuáles pueden ser las mejores estrategias para mantener a los padres informados.

“Nosotros nos valemos de varias estrategias para garantizar esta relación: Reuniones durante el curso de manera individual primero, y luego general para comunicar los aspectos relevantes del funcionamiento y organización de la escuela y envío de circulares para informar de las nuevas unidades del proyecto educativo, los menús mensuales, las fiestas y actividades programadas, etc. Además, para la información individualizada de cada niño, hacemos uso de una agenda diaria de cada uno y en las entregas y recogidas de los niños siempre se comentan de palabra los aspectos más relevantes del día respecto de cada alumno”, relata.

Para Estíbaliz de Zulueta, “es importante que los padres, en las entrevistas iniciales, no solo se centren en los servicios -personal e instalaciones del centro-, sino que se interesen por la metodología de trabajo, que sea lúdica y experimental, en un proyecto educativo enriquecedor que abarque todas las inteligencias múltiples de los alumnos y algo fundamental, qué rutinas se trabajan en el aula y los horarios. Si antes de la incorporación del niño, en los hogares vamos adecuando las rutinas de sueño y alimentación a las que luego tendrá en la escuela, estaremos ayudando en gran medida a nuestro hijo a que su adaptación al nuevo entorno sea lo más favorable y rápida posible”.

En definitiva, se trata de mantener con el centro una relación fluida durante todo el año y no sólo al principio en el periodo de adaptación, cuando sí son habituales las preguntas y las preocupaciones. “El periodo de adaptación a la escuela de estos niños siempre implica ciertos cambios en las emociones y comportamientos de los niños. Es normal que al principio les cueste, pues lleva un tiempo hasta que se sienten seguros y cogen confianza a las nuevas personas encargadas de su cuidado, pero que los padres no duden en preguntar en qué pueden ayudarnos para que este proceso sea más llevadero”, comenta la especialista.

Para hacerlo más sencillo optan por facilitar un documento explicando en que consiste este período y qué cambios y actitudes pueden encontrar en los hijos, solicitando además su colaboración en varios aspectos como: hablarles positivamente de la escuela, no expresar tristeza en la entrega a las educadoras, que al principio las despedidas sean afectuosas pero cortas o contarles (mediante la agenda o verbalmente) cómo está pasando las tardes los niños para poder trabajar las emociones luego en el aula, etc.

“Aunque al comienzo es normal que el niño pueda sentir rechazo, pues es lógico que no quieren separarse de sus padres, si observamos que esa actitud se alarga en el tiempo (más de 3 semanas o un mes) yo recomendaría una tutoría para poder ver cómo podemos ayudar a que el niño se sienta más cómodo y seguro”, concluye. Luego, basta con un seguimiento, pero aunque el niño esté bien adaptado, hay que evitar desligarse de su evolución o de cómo sigue su relación en el centro con sus educadoras y con sus compañeros.

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