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¿La maternidad invisibiliza a las mujeres? El caso de Amal Clooney

Tal es la potencia de la imagen de la mujer-madre, que ha pasado de santificar a la mujer a invisibilizarla

George y Amal Clooney en los Premios César
George y Amal Clooney en los Premios César GTRES

No descubro Marte si escribo que la maternidad se ha convertido en el gran asunto de discusión de las mujeres en este último año. La maternidad ha pasado de invisible trabajo supuestamente vocacional, a evento vital discutido, analizado y diseccionado por madres, no madres, teóricas y periodistas. Imposible llevar la cuenta de los libros que tratan sobre madres arrepentidas, madres defensoras del apego y la vieja usanza, madres desencantadas y madres con dificultades para serlo.

Tal es la potencia de la imagen de la mujer-madre, que ha pasado de santificar a la mujer a invisibilizarla. En cuanto una mujer se queda embarazada, se para el mundo. Aunque ella siga con su vida y su profesión como si tal cosa, el mundo ya solo ve su barriga. Todo se confabula para girar alrededor de lo que vendrá y de cómo lo hará. Paralelamente, la mujer embarazada es sometida a un escrutinio que no cesará durante la maternidad misma: llevar tacones, salir por la noche o trabajar intensamente puede convertirse en una peligrosa arma que se arroja a las futuras madres.

Algo de eso le sucedió a Amal Clooney la semana pasada, cuando leyó un potente discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas tratando de despertar conciencias acerca del genocidio perpetrado por ISIS sobre las poblaciones sirias, kurdas e iraquíes. Clooney es una reputada abogada especializada en la defensa de los Derechos Humanos que ha impulsado el reconocimiento internacional al genocidio armenio y ha tenido como clientes a la ex presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal-Arroyo, o al ex presidente de Maldivas, Mohamed Nasheed. Sin embargo, la cobertura mediática de su discurso iba poco más allá de su atuendo y su embarazo. De hecho, hubo quien se preguntó si los tacones que llevaba eran “una elección inteligente para una embarazada”.

Aunque existen muchas mujeres que, como Ivanka Trump, piensan que “el trabajo más importante de una mujer es ser madre”, otras tantas luchan por no terminar engullidas por el papel maternal y defienden su papel en la sociedad como profesionales y ciudadanas. Quizá tendríamos que empezar a barajar la posibilidad de que la maternidad pueda convertirse en un asunto estrictamente privado, como la confesión religiosa o la orientación sexual. De esa manera, ninguna mujer se vería condicionada en su valoración profesional por si es madre o no o qué tipo de madre decide ser. Si no valoramos a nuestros políticos y hombres con poder por la manera en que cuidan de sus hijos, ¿por qué sí lo hacemos con las mujeres?


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