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Qué hacer cuando sufren golpes en la cabeza

La mayoría de los golpes que reciben los niños en la cabeza no tienen mayor trascendencia aunque sí es necesario extremar las precauciones.

Un niño con una herida en la cabeza.
Un niño con una herida en la cabeza. adobe stock

Normalmente, el primer gran susto que se llevan los padres con un niño sano es su primer golpe en la cabeza. Se trata de la zona más sensible del cuerpo del pequeño y es habitual que durante sus primeros años de vida se lleve más de un coscorrón, incluso que caiga de cabeza en cuanto se les quita el ojo de encima. El día menos esperado son capaces de subir al lugar más insospechado y caer de cabeza.

Normalmente no suelen ser caídas desde mucha altura, por lo que no suele ser motivo de preocupación. Sin embargo, depende de la dureza del suelo, de los obstáculos que encuentre o del lugar de la cabeza en el que se golpee. Las sienes y la parte superior de la cabeza son las más vulnerables, mientras que, al contrario de lo que se pudiera pensar, la fontanela amortigua los golpes y la frente o la parte posterior de la cabeza son muy resistentes.

Si el pequeño pierde el conocimiento la visita a urgencias es inevitable. Serán los médicos los que valoren si puede regresar a casa o si es mejor dejarlo en observación. Sin embargo, la mayoría de los golpes de los niños no tienen mayor importancia y lo normal es observarlos en casa.

Aplicar hielo ayuda a mitigar la hinchazón y a evitar que se forme hematoma. Es muy posible que después de llorar desconsoladamente por el dolor y por el susto el niño tenga sueño. Aunque sí puede dormir, lo podrás observar mejor si está despierto, por lo que puedes jugar con él y entretenerlo para ver que no está desorientado y que su conducta y energía es la habitual. Si duerme, comprueba cada media hora que se despierta con normalidad.

Eso sí, en caso de fuerte somnolencia, vómitos o mareos, habrá que acudir a urgencias para descartar cualquier tipo de daño. En caso de herida hay que lavarlas con abundante agua limpia y jabón y cubrirlas con un apósito haciendo presión para controlar la hemorragia. Luego será el profesional médico el que de las pautas a seguir para las curas posteriores.

Cabe destacar una vez más que la mayoría de los golpes que reciben los niños en la cabeza no tienen mayor trascendencia. Sin embargo, nunca está de más extremar las precauciones y observar de cerca a los pequeños para evitar consecuencias indeseadas.


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