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Padres que enseñan demasiado

Por orgullo, inseguridad o por pura felicidad, exhibimos a nuestros hijos (y sus circunstancias) en las redes sociales. Pero deberíamos reflexionar sobre las consecuencias.

Una madre fotografiando a su hija.
Una madre fotografiando a su hija. adobe stock

La vida digital de Sofía empezó el día en que su madre, feliz y orgullosa, compartió su ecografía de 12 semanas de embarazo en Facebook. Antes la había enviado por WhatsApp a los más íntimos también en un grupo creado ad hoc. El vídeo del parto natural sin epidural, en el que podía verse emerger la cabeza de Lucía, fue enviado también a ese grupo, que luego pudo comprobar cómo la niña aprendía a succionar la leche del pecho de su madre, soltaba sus primeras cacas y mojaba sus primeros pañales. Cuando el bebé enfermó de un extraño virus, su madre desesperada no dudó en colgar las fotos con la evolución de unos mocos del verde intenso al amarillo brillante, con el fin de recoger opiniones y consejos de cómo actuar ante semejantes fluidos.

Identidad digital

Si algún lector tiene un contacto en Facebook que ha cambiado recientemente su foto de perfil por la de su bebé, o ha sido añadido a un grupo de WhatsApp destinado al seguimiento inmisericorde de los primeros meses de vida de un ser humano, está autorizado a dejar de leer: no le vamos a contar nada que no esté sufriendo ya en carne propia. Y nos consta que es altamente problemático protestar. He visto a una madre agraviada dejar esta amenaza en su muro de Facebook: "Si alguno de los presentes no quiere ver la cara de mi hijo durante 24 horas, que no dude un minuto en eliminarme de sus contactos".

Una encuesta de la empresa de seguridad informática AVG realizada a 2.000 madres de 10 países, entre ellos España, revela que el 81% de los bebés ya tiene algún tipo de presencia en internet al cumplir los seis meses de edad. La cuarta parte de ellos tiene su bautizo digital mucho antes, cuando su madre publica en una red social el primer ultrasonido. Según AVG, el 7% de los menores de dos años tiene una cuenta de correo electrónico creada por sus padres, y el 5% dispone de su propio perfil en alguna red social, algunos padres incluso tuitean en nombre de sus hijos.

En Estados Unidos, según el libro American Girls: Social Media and the secret life of teenagers, el 92% de los niños tiene una identidad digital a los dos años. Antes de que el niño cumpla cinco años ya habrá en la red cerca de 1.000 fotos suyas. Según las cuentas de la AVG, la huella digital de quienes hoy tienen 30 se remonta como máximo a 10 o 15 años atrás, la mayoría de los bebés actuales, cuando lleguen a esa edad, ya llevarán más de 20 años de recorrido digital.

Futuro incierto

La gente comparte porque es feliz, porque necesita apoyo, porque busca información, porque le apetece... las razones son infinitas. Pero en medio de la euforia olvidan que el bebé crecerá y un día llegará a internet, donde ya se dispondrá de un registro completo de su vida. Los chicos del futuro se darán de bruces con sus fotos de la infancia, aderezadas por los comentarios más o menos graciosos de sus padres y sus amigos. Las consecuencias solo la sabrán los nativos digitales cuando crezcan y se enfrenten a las consecuencias de la pasión de sus padres por contar pormenores de su vida en las redes sociales.

Blair Koening es la autora del blog STFU Parents, vetado allá por 2012 por The New York Times, a pesar de haber conseguido 1,5 millones de páginas vistas en un mes. Finalmente, el blog se convirtió en un libro que algunos consideran la biblia de una especie de movimiento antibebé. Pero esa no era la intención de la autora, que empezó con la pretensión de advertirles a algunos padres que estaban traspasando los límites de la vida privada de sus hijos.

Lo hizo enseñando las fotos que publicaban en las redes sociales padres enfermos de oversharing (el término con el que se ha denominado esta especie de síndrome de compartirlo todo, también conocido como sharenting -mezcla de share, compartir, y parenting, crianza-, cuando se refiere a la pasión por mostrar en internet los detalles de la crianza de tus hijos). Al principio, el blog publicaba las fotos que le mandaban personas sin hijos que trabajaban con bebés, como empleados de guarderías y cuidadoras, pero luego empezó a recibir correos de padres que preguntaban si están exponiendo demasiado a sus hijos.

Sin proponérselo, Blair Koening se convirtió en la gurú del oversharing. "Intento determinar qué es normal y qué es exagerado. Pienso que si un padre cuelga una foto de su niño comiendo un helado, es absolutamente normal. Otra cosa es que publique la foto de un pañal con la última caca del día y el comentario: "Esto es lo que he tenido que limpiar hoy", explicó a una entrevista a la CNN. El blog estaba dividido por carpetas y, según cuenta, la que recibía más actualizaciones era la dedicada a las deposiciones infantiles. Admite con cierta vergüenza que tiene una carpeta dedicada a la dactilopintura con caca de bebé y otra, a figuras que las madres hacen con su placenta, que luego enmarcan.

Manual de uso para padres

  • Activa una alerta en Google que te avise cuando el nombre de tu hijo aparezca en alguna búsqueda.
  • Si va a compartir fotos, hazlo de forma anónima y no etiquetes ni identifiques a las personas que aparecen.
  • Nunca incluyas la geolocalización.
  • No compartas imágenes de los niños y bebés desnudos o a la hora del baño.
  • Lee las políticas de privacidad de tus redes sociales y configúralas del modo más estricto posible.

Padres novatos

Marisa L. tiene 44 años y ha sido una de esas madres que ha sobrepasado los límites, concretamente enseñando los pañales mojados. Dice que lo hacía para buscar apoyo en otras madres. "Quería asegurarme de que lo estaba haciendo bien", cuenta. "No hay nada más solitario y desesperado que un padre o una madre tratando de averiguar si está haciendo las cosas bien. Años atrás teníamos a la familia más cerca, quizás a alguna vecina. Ahora tenemos Facebook", explica Berta, otra madre que encaja en el perfil de los que han compartido intimidades de su bebé, en su caso los problemas que tuvo para alimentarlo con lactancia materna.

La llegada de WhatsApp, con sus grupos de padres perfeccionistas y competitivos, ha sido el tiro de gracia para la sobreexposición de la vida de los bebés. "Ser padres es hoy más difícil que nunca: los niveles de exigencia son muy severos, queremos ser perfectos y siempre estamos buscando el criterio de otros padres que validen nuestras aptitudes de primerizos", reconoce Juan M., que acaba de estrenarse en esto de la paternidad.

Otros consideran que se han beneficiado enormemente de airear los problemas de sus hijos en las redes sociales. Por ejemplo, los padres de niños con enfermedades raras, que encontraron asociaciones, apoyos y hasta financiación para determinados tratamientos a través de Facebook o en algún foro al que llegaron por casualidad y desesperación compartiendo detalles de los síntomas de sus hijos.

Así somos en las redes

  • El nivel de interacción on line en España duplica el de Alemania (22%) y supera a Francia (27%), Reino Unido (29%), Suecia (31%) e Italia (42%).
  • Las mujeres son más propensas que los hombres (48% frente a 41%) a compartir datos en las redes.
  • La franja de edad que más comparte es la de menores de 35 años (51%).
  • El 54% de los españoles encuestados no se corta a la hora de repartir "Me gusta" a los contenidos de sus seguidores, muy por encima de la media mundial (45%). Somos también de los que más comentarios hacemos, solo superados por los británicos.

Peligro en la red

Desde la compañía AVG apuntan que el problema es que, una vez que algo está en internet, es difícil de controlar. "Estamos colgando cosas sobre nuestros hijos, que ahora pueden resultar muy simpáticas, pero que quizás no lo sean tanto dentro de 10 años". Por otra parte, los estamos poniendo en riesgo. Se estima que el 50% de las imágenes que se comparten en las webs pedófilas provienen de las redes sociales, según un estudio publicado en la revista médica JAMA y firmado por la pediatra Keith Bahareh, que recomienda encarecidamente a los padres que no compartan nunca fotos de niños desnudos, incluyendo a los recién nacidos.

Y por último hay que pensar en el futuro. Es posible que dentro de algunos años las cosas hayan cambiado mucho, sobre todo los criterios de privacidad que ahora tenemos, y que su hijo no se escandalice por encontrar su ecografía o las fotos de su primer cumpleaños en internet. Pero probablemente, el asunto del debate público de sus mocos o sus pañales ya le haga mucha menos gracia. Tengan "los niños" la edad que tengan.


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