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Síndrome del nido vacío: cómo evitar que se convierta en depresión

Puede verse de manera positiva, siempre que se considere como una oportunidad de evolucionar en la relación entre padres e hijos

Una mujer, preocupada.
Una mujer, preocupada. GTRES

Cuando hablamos del síndrome del nido vacío generalmente pensamos en una madre cuyos hijos se han hecho mayores y han abandonado el hogar familiar en busca de independencia. A este concepto se asocia la imagen de una mujer que ha culminado su labor de educar a personas con principios y habilidades para vivir por sí mismas y que ahora tendrá que, simplemente, esperar visitas de fin de semana y grandes cenas familiares en fechas señaladas.

Pero el síndrome del nido vacío en realidad va mucho más allá y no necesariamente tiene que derivar en algo negativo. El equipo de psicólogos especialistas en depresión de TherapyChat, coincide en que hay una forma de vivir el momento nido vacío de manera positiva, siempre que se considere como la oportunidad de evolucionar -y no de perder- la relación entre padres e hijos.

Para positivizar el síndrome del nido vacío y evitar que se convierta en depresión, hemos creado cinco pautas que tanto los padres como los hijos deberán conocer, comprender y respetar desde la empatía y el cariño.

  • 1. Entender que el síndrome del nido vacío es normal. Ni tú como madre eres “una pesada” por sentir tristeza, soledad y desesperanza ante la marcha del hijo, ni tu hijo es “un egoísta” por irse a hacer su vida lejos del hogar familiar. Hay que tener en cuenta que os separais después de haber vivido juntas unos 20 a 25 años o más y tomar caminos diferentes es una ruptura muy fuerte de la rutina diaria.Tanto quien se va, como quien se queda, debe reaprender a vivir el día a día en ausencia de su ser querido y esto, durante los primeros días posteriores a la separación, representa un golpe naturalmente difícil de encajar.
  • 2. Que la separación sea gradual. El segundo punto tiene que ver con la predisposición para la partida versus la marcha abrupta del hijo. En la medida en que éste sea capaz de avisar a su madre del deseo de independizarse y de involucrarla en el proceso de emancipación, la sensación de 'estar vieja' o 'ser inútil' se verá sustituida por la idea ser amiga y cómplice del hijo. Por tu parte, como madre, debes procurar no emitir juicios que puedan atentar contra la independencia que tu hijo desea obtener: si quiere vivir en un barrio y no en otro, es importante apoyarlo aunque no sea lo que tú hubieras querido. Además, establecer un acuerdo de colaboración en el que tu hijo se sienta apoyado y tú puedas seguir ejerciendo tu rol protector, es clave para evitar que el síndrome del nido vacío se acabe convirtiendo en un cuadro de depresión. Por ejemplo, ofrecer a tu hijo un par de tuppers para la oficina cada semana, o dejar que él te pida ayuda para elegir su nuevo sofá, lejos de enfriar, fortalecerá vuestra relación.
  • 3. Aceptar la nueva situación. Cuanto antes aceptes que tu hijo ya no vivirá contigo, antes conseguirás recuperar el equilibrio en tu rutina y apreciar la gran oportunidad que tienes delante. Un síndrome del nido vacío positivizado es, en realidad, el momento para experimentar la gran satisfacción de haber criado a una persona que ahora mismo es capaz de valerse por sí misma. Es la etapa ideal para que retomes tus sueños en el punto en el que los dejaste cuando te convertiste en madre y tu bebé se transformó en tu prioridad. Aceptar su marcha es, en un sentido optimista, admirar tu obra (sí, tu hijo, convertido en un adulto capaz, independiente, responsable) a la vez que aceptar tu libertad y vivirla con madurez: puedes rescatar viejas aficiones o descubrir nuevas cosas que te gustaría hacer pero, sobre todo, puedes enfocarte en ti misma y, ¿por qué no?, en tu relación de pareja si la tienes. Y, por si todo esto fuera poco, puedes aparcar un poco tu papel de madre, ¡y ejercer como amiga de tu hijo!
  • 4. Detectar y controlar los pensamientos negativos. Tu hijo se marcha de casa, sí, pero vuestra relación no acaba ahí. En la medida en la que seas capaz de darte cuenta de que un pensamiento es más dramático de lo que debería ser, podrás neutralizarlo para evitar que te robe energía y salud. La clave está en sustituir el pensamiento negativo por otros adaptativos: «si mi hijo ya no va a vivir conmigo, ¿qué rutinas puedo crear para mantener la comunicación con él?». Piensa que él también necesita de ti en esta nueva etapa de su vida. Plantéate encontrar una actividad en común en la que podáis coincidir como, por ejemplo, quedar un rato cada fin de semana para enseñarle a preparar un plato y que sea cada vez más autónomo y talentoso en la cocina.
  • 5. Pedir ayuda te hace fuerte. En lugar de ser dura contigo misma o intentar disimular o negar tus sentimientos, es muy importante que aceptes que la situación te duele, que estás viviendo una pérdida y que la única manera de dejar de sufrir es asimilar la nueva situación y trabajar para positivizarla. Habla de lo que sientes, ya sea con tu hijo o con tu pareja o amigos y permítete estar triste. Si lo deseas, puedes llevar un diario en el que registres tus sensaciones y pensamientos para que te sirva como desahogo.

Si, pese a intentar todos estos pasos, no consigues encontrarte mejor y la sensación de vacío y soledad se está instalando en tu vida, puede que necesites la ayuda de un profesional para que te dé consejos concretos que te ayuden a sentirte más a gusto y emprender con ilusión esta nueva etapa de tu vida.


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