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Una vida a domicilio: "Hoy no salgo (y mañana tampoco)"

Un gran chef en la cocina, cuidados de belleza en tu cuarto de baño, una obra de teatro en el salón... El negocio del servicio a domicilio crece y se diversifica al mismo ritmo que lo hacen nuestras ganas dequedarnos en casa... ¿O es al revés?

Dos amigas pasando el rato en el salón
Dos amigas pasando el rato en el salón Fotolia

Madrid

No hay más remedio, donde dijimos digo, hoy tenemos que decir Diego. Porque las modas son así, las circunstancias giran sin parar y nuestros hábitos se transforman con ellas.

Total, que si hace unos años la eclosión de las redes sociales nos contagió de una especie de hiperactividad real y virtual que derivó en aquel temor a perderse algo (al que se bautizó como FOMO: fear of missing out), a tener una vida menos interesante que la de los otros y, en consecuencia una cuenta de Instagram más sosa, deslucida y triste; hoy la tendencia circula en dirección opuesta y las siglas han tornado en POMO (pleasure of missing out, el placer de perderse algo).

O sea, que últimamente ya no tenemos reparo en inventar cualquier excusa para darle plantón a nuestra vida social y hemos cogido gusto a quedarnos en casa.

No se trata de un retiro incomunicado sino digital, conectado y lleno de ocio.

Será que finalmente hemos caído en la cuenta de que vivir de festival en festival, conseguir mesa en el restaurante de moda y desayunar cuantas más veces mejor con vistas al mar era agotador, además de carísimo. O será que, a fuerza de entrenamiento, ya todos sabemos reconocer un buen postureo cuando lo vemos y ahora lo que está de moda es la autenticidad, aunque esta implique reconocer que nuestro verdadero yo viste zapatillas de franela y no zapatos de tacón de 12 centímetros.

Faith Popcorn, experta en tendencias de consumo y CEO de la consultora de marketing BrainReserve, acuño el término cocooning para ponerle nombre a algo que ha existido siempre (o al menos desde que se inventaron los sofás cómodos y el mando a distancia): el clásico quedarse en casa apoltronado en el sofá.

La novedad está en que hasta ahora era más bien un fenómeno puntual, de domingos de resaca o viernes noche tras una semana infernal de trabajo. Era también un recurso bastante estacional (el invierno, la mantita, el sofá y la tele, mientras fuera caen chuzos de punta), pero algo ha cambiado cuando las excusas para no salir se saltan las reglas, invaden el calendario sin concesiones y afectan incluso al segmento de población callejero por excelencia: los jóvenes.

Que sea por rebeldía y por llevar la contraria, por falta de presupuesto o porque simple y llanamente su forma de relacionarse e interactuar es vía wifi, el caso es que renuncian a esa (casi) obligación generacional no escrita de pasarse todo el santo día en la calle y devorar la noche de fiesta en fiesta hasta el amanecer.

Una encuesta realizada en Estados Unidos sobre los hábitos de ocio y socialización indaga en el uso que los jóvenes hacen de su tiempo y muestra que valoran mucho el descanso y el relax, y que ocupan su tiempo libre viendo la tele casi tres horas al día (mientras que a salir con sus amigos le dedican apenas unos 40 minutos). Dormir y descansar, pedir comida a domicilio, leer, escuchar música y jugar a videojuegos son otros de sus pasatiempos preferidos.

Los drones-repartidores revolucionarán las entregas a domicilio.
Los drones-repartidores revolucionarán las entregas a domicilio.

Un dron llama a tu puerta

La escalofriante perspectiva del bunkering suena a película apocalíptica que confiemos que nunca se haga realidad. Pero aunque la posibilidad de que un dron nos entregue a domicilio las compras navideñas de última hora o el helado de postre antes de que se descongele puede parecer ciencia ficción, pronto será realidad. Muy pronto.

Amazon quiere lanzar su servicio de entrega con aeronaves no tripuladas en el año 2017 y para ello ya está realizando pruebas en el Reino Unido. Estos ensayos están centrados en la evaluación de la precisión de los drones para identificar y esquivar obstáculos, como árboles, cables, personas y otros drones en el camino hacia su destino, así como la capacidad de la compañía para gestionar y coordinar el vuelo de varios artefactos al mismo tiempo. ¿El objetivo? Realizar entregas en menos de 30 minutos.

Tecnología aliada

Pero no solo no hay ganas de salir, tampoco hay necesidad. La tecnología nos lo pone fácil y nos sirve en bandeja y a domicilio todo lo que podamos requerir. El que parece propagarse en estos tiempos no es un retiro de anacoreta sino un atrincheramiento digital, conectado e hipercomunicado, con el teléfono, la tableta y el portátil a mano, conexión de banda ancha que abra las puertas de par en par al ocio en streaming y tal vez un buen puñado de amigos al otro lado de la fibra óptica.

Internet y la tecnología han favorecido que el encapsulamiento de los consumidores en sus hogares que derivó de la crisis esté globalizándose, modificando el comportamiento social de las personas y potenciando fenómenos como el teletrabajo, la venta online, el entretenimiento doméstico a través de dispositivos tecnológicos o la entrega de casi cualquier cosa domicilio.

Los jóvenes ocupan su tiempo libre viendo la tele casi 3h al día (mientras que a salir con sus amigos le dedican apenas unos 40 min)

El delivery business ha tenido un enorme crecimiento en los últimos tiempos. El ariete fue (y sigue siendo) la comida a domicilio. En el pasado año, los pedidos a través de aplicaciones para teléfonos móviles y otros dispositivos han crecido más de un 400% en nuestro país. Y según los datos recabados por Aloha24, una startup española de food delivery y reserva de mesa en local, el negocio de la comida a domicilio por internet y de las aplicaciones para gestionar pedidos y repartos de hostelería mueve ya más de 120 millones de euros en España.

Más allá de que hacer un pedido es ahora más cómodo, fácil y rápido, la novedad y la clave del éxito creciente está en la calidad, porque el salto ha sido también cualitativo. Postureo o no, nos hemos hecho todos muy gourmet, admitámoslo, y si hace años nos bastaba con tener pegado en la puerta de la nevera el teléfono de la pizzería más próxima para asegurar una perfecta jornada de encierro voluntario, hoy queremos más.

Mucho más. Sitios como Aloha24, Deliveroo o Foodora han alistado a los restaurantes más chic y prestigiosos (incluso con estrellas Michelín) para traer la alta cocina hasta nuestra puerta con todos los extras que se les presupone a estos establecimientos: platos más vanguardistas y creativos, materias primas de primera calidad, cuidada presentación y óptimas condiciones de entrega y consumo.

Tanto que la pulcritud y las formas se hacen extensivas incluso a los repartidores. Que vayas a hincarle el diente en pijama no significa que no sepas apreciar los detalles.

Y puestos a ser exigentes... ¿No sería genial que un chef profesional nos hiciera la cena en nuestra propia casa? ¡Solo hay que pedirlo! Plataformas como Take a chef, Bendita cocina o Cookinhouse, ponen a nuestro alcance la maestría de chefs de distintas especialidades y un equipo que se encargará de todo: de proponer el menú que mejor se adapte a nuestras preferencias y a nuestro bolsillo, de hacer la compra, de preparar la comida, de servir la mesa y hasta de fregar los cacharros y dejarlo todo recogido y limpio antes de irse. Y, ya metidos en gastos porque la ocasión lo merece o porque un día es un día, por qué no solicitar también los servicios de un sumiller (elsumillerencasa.com, maitreysommelier.es).

Mi casa, mi búnker

Pero eso no es todo, claro que no. Ya avisaba Faith Popcorn en la revista Fortune (que la considera una valiosa asesora de tendencias de mercado) que "el cocooning se está volviendo extremo" e iba más allá en vaticinando que, en estos tiempos de inseguridad global, iría derivando hacia su versión límite: el bunkering. "Creo que la tendencia va hacia la ultraprotección. La gente querrá casas vigiladas, sacrificando incluso su privacidad: Priorizarán cada vez más trabajar desde casa y dejarán de viajar".

O sea, para que nos entendamos, atrincherarnos y sin salir ni a por el pan. Literal. Suena lúgubre, sí, pero no improbable. Porque prácticamente todo aquello para lo que antes necesitábamos salir de casa, ahora esta a un click de distancia... si tenemos la aplicación adecuada.

Podemos tener bajo control nuestras finanzas y realizar casi cualquier tipo de transacción bancaria, hacer la compra en el súper, en la farmacia y darnos una vuelta por las rebajas o ser las primeras en echar un vistazo a la moda de la nueva temporada; cuidar nuestro aspecto recibiendo en nuestro salón servicios de peluquería (cortes, mechas, cambios de look...), maquillaje, depilación, tratamientos estéticos, manicuras y pedicuras (en MyLittleMomó, te llevan hasta tus revistas favoritas y un pequeño catering para que disfrutes de una experiencia completa), y hasta tatuajes y masajes (Pribeauty, Thepremiumconcept).

En tiempos de inseguridad, el cocooning puede derivar hacia el bunkering.

También podemos mantenernos en forma contratando a domicilio los servicios de un entrenador personal (Entrenar.me) o apuntarnos a un gimnasio online (Gym-in, Ictiva, Gymoxion). El deporte online es una tendencia al alza y ha experimentado una proliferación de herramientas gratuitas o a precios muy económicos donde se pueden encontrar diversas prestaciones como rutinas de ejercicio, actividades deportivas, recomendaciones nutricionales, dietas...

Su principal ventaja es la posibilidad de hacer ejercicio cuando quieras y donde quieras con una disponibilidad 24 horas, los 365 días del año (y, créenos, si le ha cogido tanto apego al sofá, te hará falta algo de movimiento).

Para ahuyentar el aburrimiento los contenidos audiovisuales en streaming, los juegos en red, incluso el teatro puede levantar el telón en tu hogar con obras, monólogos, juegos de suspense y misterio... (teatrodecerca.com, dingdongteatroencasa.com).

No echarás nada en falta, salvo aquellas mariposas en el estómago que sentías mientras te arreglabas para salir. Cuando no sabías lo que podría pasar. Puede que en casa no haya sorpresas, pero no te faltará nada. Salvo, tal vez, el aire.