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GH VIP: Por qué lo llaman sexo cuando quieres decir poder

Los amores de Alyson tienen a la casa revolucionada. "necesitaba otro juguete", le dijo a un amigo

Akyson, ¿de nuevo enamorada?
Akyson, ¿de nuevo enamorada? Telecinco.es

Aunque Sandra Barneda y los “expertos” de “El Debate de Gran Hermano Vip” se empeñaban en hablar de amor y enamoramiento, lo que ayer pudimos ver en el resumen dominguero del “reality” fue una versión Erasmus de “Las amistades peligrosas”: bajo un supuesto triángulo amoroso late una decidida lucha por el poder en la casa. La lucha por el maletín de 100.000 euros quiere ser sibilina, pero no llega a alcanzar la sofisticación del clásico de Choderlo de Laclos. En esta versión no hay peligro de que nadie se enamore de nadie.

La jugada del programa era maestra: meter en la casa a dos brasileños hechos a la medida de Alyson que, oh genialidad, apenas hablan español. Su papel, sin duda, debe ser mudo. Alyson, despechada, aburrida y listísima, entendió enseguida la oportunidad que se le presentaba para hacerse con el control de una situación que, hasta el momento, poseía Marco. Le cantó al brasileño Antonio la canción de “La Sirenita” (horror) y lo metió bajo el edredón, donde deben seguir todavía. “Necesitaba otro juguete”, le dijo a su nuevo mejor amigo, en broma y muy en serio a la vez.

Por su parte, el italiano no cabe en sí del desconcierto: la americana è mobile. Su disgusto vuelve loca a su novia Aylén, que no entiende que no la odie por traicionar su amistad dándole un punto en las nominaciones del pasado jueves. “El idiota soy yo”, llegó a reconocer Marco, desposeído del título de gallo del gallinero. Ahora no solo tiene que soportar a Aylén, que sigue cavando la tumba de los celos, sino que ha de presenciar el romance español-brasileño y, probablemente, escuchar una hora sin cámaras.

El programa ha sido generoso con Alyson, listísima a la hora de darle un vuelco al programa, que por fin se libra de la alargada sombra de Aída. Al enrollarse (profusamente) con Antonio, logra un pleno considerable: se quita de encima el papel de víctima; le mete el dedo en el ojo a Marco, sospechosamente enrabietado; y vuelve a situar el centro de poder de la casa en el triunvirato de mujeres que se anuncia finalista: Elettra, Daniela y ella misma.


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