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¿Reproduce Supervivientes dinámicas pandilleras?

Gloria Camila y su novio Kiko son acusados de meter miedo al más puro estilo macarra.

Gloria Camila, con su novio Kiko, tomando espaguetis en Supervivientes.
Gloria Camila, con su novio Kiko, tomando espaguetis en Supervivientes. TELECINCO

Una teoría recorre los platós afectados por los 'realities' de Mediaset: 'Supervivientes 2017' está siendo tomado por cierto ánimo pandillero. Lo que en un principio era un comentario por lo bajini, acaso refrenado por el miedo a quedar de tiquismiquis aviejunado, se ha convertido ya en un grito por todo lo alto: Gloria Camilia y su novio, Kiko, son acusados de meter miedo al más puro estilo barrio, valiéndose del mutuo respaldo que se profesan y de una teórica protección por parte de la organización del programa. Es innegable: no hay en Honduras quien les tosa.

Lo cierto es que la pareja se ha hecho fuerte y les importa todo y todos un pito, especialmente sus compañeros. Ayer, tanto Kiko como Gloria Camila eligieron una recompensa para ellos solos en detrimento del grupo: Kiko se comió junto a su novia un plato de espagueti en vez de repartir con todos dos piñas y 'Glo' eligió un colchón a cambio de que los hombres no pudieran salir a pescar durante toda la semana. Además, al estar Kiko nominado, se asegura de promover todas las discusiones posibles para ganar protagonismo y asegurarse votos. Pero de ahí a llamarles pandilleros...

Sin embargo, no acaba de calar en el ánimo comentador de los colaboradores de Supervivientes la actitud de otro concursante que sí tiene más visos de "macarrismo": la del tronista Iván, que ayer cambió un corte de pelo casi al cero por tres enormes bocadillos de calamares que se comerá en días consecutivos en vez de repartirlos con el resto. Iván no solo azuza rumores infundados (como que Gloria Camila habría pactado en su contrato ganar el concurso), hace trampas (ya le han pillado en varias pruebas) y malmete en contra de todo aquel que puede, sino que suele caer en comentarios del tipo “eso tú no me lo dices en la calle”, sugiriendo la posibilidad de llegar a las manos. Laura Matamoros ha puesto varias veces el dedo en la llaga de su “matonismo”. Pero, ¿Por qué nadie le llama a él pandillero?


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