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La aventura de recorrer más de 10.000 km en autostop

Andrea Bergareche es la primera de las trotamundos que este verano nos contarán sus aventuras viajeras. Una joven de 25 años que se ha subido a más de 200 vehículos en sus trayectos a dedo desde Argentina a Finlandia. ¿Su lema? "No tengo miedo".

Andrea en Bogotá.
Andrea en Bogotá. d. r.

No es una gran fanática del motor. Ni siquiera de las carreras de coches. Pero tras subirse a más de 200 camiones, rancheras, monovolúmenes, todoterrenos y demás vehículos que se han cruzado en su ruta, Andrea Bergareche puede presumir de conocer bien el mundo de las cuatro ruedas. O al menos, el de sus conductores. En los últimos años, esta asturiana de raíces vascas ha pasado miles de horas en el asiento del copiloto de quienes detuvieron el motor al ver su pulgar hacia arriba. Y así ha ido cumpliendo su sueño de recorrer gran parte de Latinoamérica, Finlandia, California y Oregón.

Su nueva vida comenzó hace dos años. Tras acabar el curso en México en un programa de intercambio, volvió a España para terminar Bellas Artes. Ya con su título en la mano, regresó al país que la había enamorado, con la idea de vivir con su novio y buscar trabajo. Sin embargo, algo le decía que aquel no era su camino, y esa sensación acabó animándola a tomar una decisión: a las pocas semanas, desbarató sus planes dando un giro de 180º. "Regresé a México con la idea de la casita en el Caribe con el novio y el trabajo fijo, pero me di cuenta de que eso no me llenaba. Tenía dos opciones: volverme a España con sensación de fracaso o aprovechar que una amiga estaba a punto de llegar a Argentina, coger un vuelo para ir a verla y empezar a recorrer mundo. Escogí la segunda opción", recuerda.

Y lo que comenzó como una travesía que iba a durar unas semanas acabó alargándose hasta convertirse en un modo de vida, que ha permitido a Andrea columpiarse en las lianas de la Amazonia, descubir el secreto de los mil verdes que esconde el valle del Cocora, en los Andes colombianos, alcanzar las islas flotantes de los Uros, en el lago Titicaca, y conocer los helechos gigantes de los que oyó hablar en su infancia.

Andrea sufrió los rigores del invierno finés pero llegó en autostop para ver las auroras boreales.
d. r. Andrea sufrió los rigores del invierno finés pero llegó en autostop para ver las auroras boreales.
Ruinas incas en el lago Titicaca.
d. r. Ruinas incas en el lago Titicaca.
Día de difuntos en México DF.
d. r. Día de difuntos en México DF.
Haciendo autostop.
d. r. Haciendo autostop.

Confiando en los desconocidos

Pero si algo le ha impactado no han sido solo esos extraordinarios paisajes, sino la hospitalidad de aquellos que se han cruzado en su camino. "Todo el mundo te echa una mano, es impresionante", dice esta viajera que acaba de autoeditar 'Mi primer viaje sola', un manual para animar a las mujeres que quieran conocer mundo a hacerlo. "Lo más difícil es dar el paso de atreverse. Nunca había viajado sola de mochilera; pero una vez te pones en ruta, casi todo va rodado", afirma con la misma naturalidad con la que otros hablarían de coger el autobús diario para ir a la oficina.

Poco después de bajar del avión que la llevó a Buenos Aires para visitar a su amiga, Andrea se estrenó como autostopista. Tenía en la cabeza todos los peligros de los que le habían hablado, pero decidió vencer sus miedos y probar suerte."Creo que el instinto sirve. Si te para alguien y no lo ves claro, hay muchas maneras de evitar subirte a ese coche. Por ejemplo, decir que vas en otra dirección, aunque sea evidente que no es así. Si ya estás en ruta, lo mismo: en el momento en que te sientas mínimamente incómoda, abajo, aunque estés en mitad de la carretera. Ya te parará otro coche", aconseja.

Sin embargo, en este tiempo no ha tenido que poner en práctica ninguno de sus propios consejos. Al contrario, hasta la fecha todo han sido buenas experiencias. "Lo único que he encontrado es amabilidad. Quienes me han parado, me han invitado a conocer a sus familias, me han preparado bocadillos para seguir el camino, han llamado al alojamiento de couchsurfing donde me hospedaba para asegurarse de que había llegado bien... En la ruta me salen un montón de madres. Quizá por eso me enganchó tanto, porque me impresionó la hospitalidad que hay por el mundo. Y me di cuenta de la libertad que significaba viajar de esta manera, de lo que me aportaba".

Lo que ha aprendido en el camino...

  • "Puedes valerte por ti misma estés donde estés. Cada uno tenemos una habilidad, la clave está en explotarla".
  • "El miedo nos limita. Hay que investigar de dónde viene ese miedo, si es aprendido, si nos viene dado... Y, sobre todo, plantarle cara si no nos está ayudando a desarrollarnos".
  • "Todas deberíamos viajar solas al menos una vez en la vida, para darnos ese espacio personal y conocernos".
  • "Podemos desarrollar nuestros propios proyectos creativos mientras viajamos, dejando también algo en el camino".
  • "El viaje sirve para descubrir a los demás, pero también para descubrirte a ti misma, porque vas a afrontar situaciones a las que no estás acostumbrada".

Rumbo al círculo polar

Así fue como llegó a Paraguay, tras lo que decidió continuar al menos hasta Bolivia. Luego, hasta Perú. Poco a poco, fue avanzando hacia Ecuador y, finalmente, cruzó la frontera con Colombia siete meses después de salir de Argentina. Desde allí regresó a España, pero ya se había enganchado a esta forma de vida. Por eso, tras pasar un tiempo en la casa familiar de Bilbao, volvió a coger la mochila para continuar haciendo kilómetros y cumpliendo deseos. Entre ellos ver las auroras boreales, lo que requirió todo un ejercicio de valentía, puesto que tuvo que levantar el pulgar a una temperatura de -32 ºC. "Fue una locura, ¡pero lo conseguí!", recuerda.

Desde su rol de copiloto, ha escuchado historias de camioneros que viajan armados por carreteras secundarias; de empresarios que solo buscan conversación; de transportistas que se conviriteron en sus guías... Por eso, asegura que viajar es una escuela como ninguna otra. Y que para conocerla, no hacen falta grandes presupuestos. El suyo ronda los 0 euros. Solo necesita cubrir gastos de alimentación y, para afrontarlos, lleva su material para tatuar, y su capacidad para asumir el oficio que haga falta: camarera, recolectora de frutas, recepcionista, pintora de murales... ¿Viajaría de igual forma si le tocara la lotería? "Creo que sí", responde. "El autostop te facilita el contacto con la gente, es la manera más directa de conocer la gastronomía -porque generalmente los conductores paran para comer fuera del circuito turístico-, y sobre todo es una manera estupenda de conocerte a ti misma".

Rumbo a la isla de los Uros, en el lago Titicaca.
d. r. Rumbo a la isla de los Uros, en el lago Titicaca.
Calle típica de Santa Cruz, en Bolivia.
d. r. Calle típica de Santa Cruz, en Bolivia.
Desierto de Atacama, en Chile.
d. r. Desierto de Atacama, en Chile.
Mercado de flores en Ámsterdam.
d. r. Mercado de flores en Ámsterdam.

Convertida en un icono para muchas otras viajeras -miles leen su blog, Lápiz Nómada-, Andrea quiere seguir luchando contra el miedo. "Nos han hecho creer que las mujeres no pueden viajar solas, y la verdad es que no necesitas a nadie. Por supuesto que hay riesgos, pero también los hay en la vida diaria", dice, mientras recuerda que debe acabar de hacer su mochila porque coge un avión a Canadá, donde trabajará recogiendo cerezas. ¿Un consejo para las mujeres que estén pensando en iniciar un viaje solas?: "Que compren el billete ya. No se arrepentirán".


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