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La Barcelona de Carmen Laforet

Junto a Mercè Rodoreda y Ana María Matute, Laforet forma una especie de trinidad de las escritoras barcelonesas de posguerra. Jorge Carrión sigue los pasos de la autora de Nada por una Ciudad Condal que resiste heróicamente los embates crueles del turismo desbordado.

Retrato de la escritora a principios de 1950.
Retrato de la escritora a principios de 1950. d. r.

"Carmen Laforet vino a Barcelona por amor: aqu√≠ viv√≠a el chico de quien ella, a los 18 a√Īos, estaba enamorada", me cuenta la profesora Anna Caball√© en el patio de letras de la Universidad de Barcelona: "Tiempo despu√©s le prohibi√≥ a Ricardo, a quien hab√≠a conocido aquel verano en isla, que lo contara... prefer√≠a que se creyera que vino a estudiar letras, a ser escritora". Acababa de cumplir los 18 en el barco que la hab√≠a tra√≠do desde Las Palmas de Gran Canaria. Regresaba a su ciudad natal.

Porque Carmen naci√≥ el 6 de septiembre de 1921 en Barcelona, en la casa de su abuela tambi√©n llamada Carmen, de la que se march√≥ hacia el archipi√©lago a los dos a√Īos. A la ilusi√≥n del amor adolescente le sumaba la del recuerdo de la √ļnica vez que hab√≠a venido de vacaciones, en 1930, con ocho a√Īos: la casa y la ciudad eran en su memoria luminosas y benignas. Entonces su madre estaba viva y su padre no se hab√≠a casado con otra. Entonces Espa√Īa no hab√≠a sido sacudida por una guerra. De modo que cuando el barco amarra en nuestro puerto, la ma√Īana del 9 de septiembre de 1939 -la Segunda Guerra Mundial ya instalada en el horizonte-, todo lo que empezar√° a ocurrirle estar√° te√Īido por la oscuridad y el desencanto.

Fue a Barcelona por amor, pero prefería que se creyera que lo hizo para ser escritora.

En el puerto la esperaba su t√≠a Encarnaci√≥n. Cogieron un taxi en la plaza Col√≥n, hacia la casa familiar de la calle Aribau. Las Drassanes eran las Ataranzas; el edificio de la Capitan√≠a general sigue siendo, f√≠sica y nominalmente, el mismo; hab√≠a un ajetreo local en las Ramblas, que ahora es sobre todo tur√≠stico; y la plaza Catalu√Īa o Catalunya, aunque la recordemos en blanco y negro, exultaba color. Pero la decepci√≥n solo la asalta al llegar al n√ļmero 36 de la calle Aribau, esquina con Consell de Cent, entonces Consejo de Ciento. Se hunde. La casa que antes era luz, ahora es tiniebla. Los abuelos que antes eran movimiento, ahora son par√°lisis. En un ambiente agrietado de posguerra conviven los ancianos, sus tres hijos, la t√≠a Encarnaci√≥n, el t√≠o Jos√© Mar√≠a -traumatizado por su estancia en una cheka- y el t√≠o Luis -pintor como su padre-, la esposa de √©ste, el beb√© de ambos y un "perro, un gato y una sirvienta malhumorada y respondona".

Todo eso lo leo en Carmen Laforet. Una mujer en fuga (RBA), que Caballé escribió con la ayuda de Israel Colón. Además, enseguida se presentó Ricardo, y se descubrió que ella había venido en realidad a sentirse libre ("había obligado a su padre, amenzándolo con revelar a la sociedad canaria que se entendía con la peluquera de su difunta esposa desde antes de que ésta falleciera, a que le firmara los documentos que le permitieran viajar, porque hasta los 23 en aquella época una mujer no era mayor de edad"). Pero la relación terminó a los pocos meses.

Carmen no podía ingresar en la universidad porque tenía pendiente una asignatura de bachillerato. Tuvo que pasar un purgatorio: el duelo por el primer amor perdido convivió con el estudio y la angustia en el domicilio familiar. Pero, al mismo tiempo, en las cartas que enviaba a sus amigas de Las Palmas comenzó a escribir Nada. Y la novela no comienza en un barco, sino en un tren. La protagonista se llama Andrea, no Carmen, y en la Estación de Francia no la espera nadie. A Barcelona no había llegado llamada por el amor, sino por la literatura. Y la literatura, ya se sabe, tiende siempre hacia el romanticismo: no solo no estaba allí su tía para recibirla, sino que además en vez de un taxi toma un coche de caballos. Y es de noche, por supuesto. Y ahí está el edificio de la plaza de la Universidad, que "me conmovió como un grave saludo de bienvenida".

Panorámica de Barcelona desde Montjüic: al fondo puede apreciarse el Tibidabo, y, entre ambas montañas, la Plaza de España.
d. r. Panor√°mica de Barcelona desde Montj√ľic: al fondo puede apreciarse el Tibidabo, y, entre ambas monta√Īas, la Plaza de Espa√Īa.
Carmen Laforet fue la primera ganadora del Premio Nadal, en 1944, tenía 24 años.
d. r. Carmen Laforet fue la primera ganadora del Premio Nadal, en 1944, ten√≠a 24 a√Īos.
El Palacio de la Virreina -en La Rambla-, donde la escritora solía asistir a tertulias literarias.
d. r. El Palacio de la Virreina -en La Rambla-, donde la escritora solía asistir a tertulias literarias.
Laforet tocando la guitarra junto a sus cinco hijos en 1966.
d. r. Laforet tocando la guitarra junto a sus cinco hijos en 1966.
El recibidor de la finca de la calle Aribau, en la que vivió y ambientó pasajes de Nada.
d. r. El recibidor de la finca de la calle Aribau, en la que vivió y ambientó pasajes de Nada.

La Barcelona de Nada

Y, en efecto, entre estos cipreses y naranjos, estudi√≥ Filosof√≠a y Letras. "Pero no era una buena estudiante, lo que ella quer√≠a era vivir", me cuenta Caball√©, que adem√°s de una de las m√°s reputadas bi√≥grafas espa√Īolas y de una conocida cr√≠tica literaria es profesora en esta casa. Por eso, por su voluntad de primar la experiencia sobre lo acad√©mico, en lugar de forjar amistad con sus compa√Īeros, que ven√≠an aqu√≠ a formarse en el rigor de la Filolog√≠a, Laforet se decant√≥ por la bohemia calavera que lideraba Ram√≥n Eugenio de Goicoechea ("el primer marido de Ana Mar√≠a Matute, que ella llamaba el malo, porque consideraba que hab√≠a sido un error, corregido por el segundo, que era el bueno").

En aquella √©poca el bar de esta universidad ten√≠a cierto pedigr√≠. Entre sus bancos corridos y sus paredes forradas de terciopelo rojo, sus camareros uniformados serv√≠an caf√© y agua con gas y vasitos de ginebra a los muchos se√Īoritos y pocas se√Īoritas que acud√≠an a sus tertulias entre clase y clase. Laforet un√≠a las charlas de aqu√≠ con las que ten√≠an lugar por las tardes en el despacho de Goicoechea en el Palacio de la Virreina, donde se congregaban sus amigotes bohemios. Las reuniones se alargaban hasta la hora de ir a cenar y de putas, el momento de regresar al piso de la calle Aribau. "Me viene ahora el recuerdo de las noches de la calle Aribau", leemos en su novela: "Aquellas noches que corr√≠an como un r√≠o negro, bajo los puentes de los d√≠as, y en las que los olores estancados desped√≠an un vaho de fantasmas".

Probablemente, en algunas de esas caminatas entre la Virreina y el piso familiar Laforet fue imaginando escenas de Nada, como aquella en la que Andrea persigue a su t√≠o Juan por el barrio Chino, "empobrecido y grit√≥n", que ahora es el Raval. La calle Tallers "comienza, oscura"; la calle Ramalleras es "estrecha y tortuosa"; una fuente p√ļblica, de grifo mal cerrado, crea charcos en el pavimento y "ratas grandes, con los ojos brillantes como gatos, hu√≠an ruidosamente a nuestro paso". Las tinieblas del piso de la calle Aribau, por tanto, se equiparan a las del infierno del centro m√°s marginal.

Pero alrededor de esos dos n√ļcleos negros, la ciudad se vuelve blanca, esperanza. Parece estar enamorada de su amiga Ena ("esos chorros de luz que recib√≠a mi vida gracias a Ena"), con quien descubre la Barcelona culta, la conversaci√≥n inteligente, el glamour, el placer, gracias a ese piso de la V√≠a Layetana donde se re√ļnen despu√©s de clase. Esa vivienda junto al puerto le cambia la perspectiva de Barcelona: la v√≠a Layetana une la "plaza Urquinaona" con "el gran edificio de Correos y el puerto, ba√Īados en sombras, argentados por la luz estelar sobre las llamas blancas"; y desde ella puede llegar f√°cilmente al barrio g√≥tico y a la Catedral, con su "baile de luces que hac√≠an los faroles contra sus mil rincones, volvi√©ndose rom√°nticos y tenebrosos". Con Ena y su novio van en coche a las playas y los pinares que rodean la Ciudad Condal. Toma aire, una y otra vez, bombonas de ox√≠geno para sobrevivir en la fosa abisal y musgosa de la calle Aribau.

El personaje de Ena est√° inspirado en su gran amiga de aquellos tiempos: Linka Babecka. "Pude entrevistarla", me cuenta Caball√©, "ten√≠a m√°s de 80 a√Īos y era una de esas personas que se esfuerzan much√≠simo en aparentar, muy maquillada, reci√©n peinada". Es posible reconstruir el magnetismo de la joven Linka, belleza ex√≥tica de origen polaco, cosmopolita, que fue la cicerone de Laforet no s√≥lo por los alrededores de Santa Mar√≠a del Mar y de la Catedral y por las playas de los pueblos cercanos, sino tambi√©n por la juventud.

Las tertulias bohemias iban del bar de la Universidad al Palacio de la Virreina.

En realidad Laforet solo estuvo matriculada un curso en la universidad: cuando acab√≥ el verano de 1941, marcado por la arena y el mar, y Linka y su familia se trasladaron a Madrid, Carmen se desentendi√≥ de la filosof√≠a. Hizo ver durante un tiempo que segu√≠a acudiendo a clases, pero lo que hac√≠a en realidad era refugiarse con m√°s intensidad en las mismas bibliotecas que ya hab√≠a frecuentado durante los dos a√Īos anteriores. Por su pasi√≥n por la lectura y por el fr√≠o que hac√≠a, Laforet pasaba largas horas en dos importantes bibliotecas del centro: la de Letras de la Universidad de Barcelona y la del Ateneo Barcelon√©s. Se hizo socia de esta instituci√≥n, de hecho, para tener acceso a sus nobles mesas de madera, a sus l√°mparas verdes rodeadas de miles de vol√ļmenes, uno de los entornos m√°s acogedores de esta ciudad.

Sus enclaves:

  • Biblioteca del Atenau (Canuda, 6). Decorada por Josep Maria Jujol en clave modernista, tal vez sea la biblioteca m√°s bella de Barcelona (una ciudad de muy bellas bibliotecas). Todo es madera. El techo est√° pintado con frescos. Y por los grandes ventanales pueden verse la fuente, las palmeras y las mesas del jard√≠n rom√°ntico del Ateneo, que tiene su sede en el Palacio Savassona. Un lujo.
  • Palacio de la Virreina (La Rambla, 99). Edificio barroco del siglo XVIII, financiado por el virrey Amat (que lo era del Per√ļ), alberga en la actualidad un centro cultural y expositivo de arte contempor√°neo. Tambi√©n acoge la exposici√≥n permanente de los gigantes y del √°guila de la ciudad, que salen en procesi√≥n en los d√≠as de fiesta.
  • Patio de Letras (Plaza Universidad, s/n). El edificio de la Universidad de Barcelona, inaugurado en 1871, cuenta con dos patios gemelos, inspirados en los claustros del rom√°nico medieval: el de Letras y el de Ciencias (hoy Filolog√≠a y Matem√°ticas). El bar ahora no tiene gran inter√©s, pero merece la pena visitar el resto del edificio, en particular la biblioteca donde le√≠a Laforet, con sus estanter√≠as de madera y su gran claraboya de 1868.

Biblioteca del Atenau (Canuda, 6).
Biblioteca del Atenau (Canuda, 6).

√öltima fuga

Incómoda, no obstante, con su situación, consciente de que no tenía sentido vivir en aquella casa odiosa si no estaba matriculada, Laforet decidió mudarse a Madrid para estudiar Derecho. Convenció a su padre. Y se subió a un tren con destino a Atocha.

Camino con Caballé hasta la finca de la calle Aribau, donde una placa recuerda que aquí vivió Carmen Laforet, la autora de Nada. Barcelona es una de las pocas ciudades del mundo donde están equilibradas las grandes novelas urbanas entre dos lenguas y dos géneros: Nada y La plaza del diamante, de Mercè Rodoreda, ostentan tantos lectores y tanto prestigio como El cuaderno gris, de Josep Pla, o La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza. Nos colamos en el portal del edificio. Si borras el ascensor, no obstante vetusto, todo permanece igual desde hace un siglo: las escaleras de mármol, el suelo ajedrezado, los buzones con óxido.

¬ŅPor qu√© titulaste la biograf√≠a "una mujer en fuga"?, le pregunto a Caball√© antes de despedirnos. "Porque as√≠ era ella -me responde- una persona que en lugar de enfrentar sus problemas, sal√≠a de los conflictos siempre huyendo". En el barco que le tra√≠a a nuestro puerto escribi√≥ el tercero de los tres relatos que constituyen su obra previa a Nada: "Fuga primera", "Fuga segunda", "Fuga tercera". Tras hacer una pausa, concluye: "Se pas√≥ la vida buscando a mujeres fuertes, a amigas o amores que le hicieran de mam√°".


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