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La vuelta al mundo en 17 años y con cuatro niños

Un buen día, Candelaria y Herman Zapp decidieron salir de viaje... y viajar se convirtió en su modo de vida. Con miles de kilómetros a sus espaldas y cuatro hijos nacidos en el camino, preparan el retorno a su hogar, en Buenos Aires.

Escala en Botswana.
Escala en Botswana. d. r.

Salieron de casa un 15 de enero del año 2000 con la idea de emprender el viaje de sus sueños antes de intentar ser padres. El plan era dejarlo todo durante seis meses para recorrer en coche los 13.000 kilómetros que separan Buenos Aires de Alaska. Después, el matrimonio Zapp, entonces treintañero, regresaría y continuaría con su vida en la casa que acababan de terminar de construir.

Pero la vida de Candelaria Chovet, hasta entonces secretaria, y su marido desde hacía seis años, Herman, mecánico, dio un giro de 180 grados cuando cerraron el maletero de su coche y dejaron su Argentina natal. "En aquel momento nuestro sueño sonaba hasta irresponsable porque significaba seis meses sin trabajar", dice Herman Zapp.

Aquellos seis meses se convirtieron en más de dos años, "y fue 100 veces mejor de lo que esperábamos", afirman. Vivieron y aprendieron tanto que decidieron que valía la pena seguir explorando. Cinco continentes, 300.000 km y cuatro hijos después, esperan terminar lo que empezaron hace más de década a finales de 2017.

La familia Zapp, en Jordania.
d. r. La familia Zapp, en Jordania.
Candelaria y Herman, en los inicios de su viaje, en Perú.
d. r. Candelaria y Herman, en los inicios de su viaje, en Perú.
Los pequeños Zapp, en Japón.
d. r. Los pequeños Zapp, en Japón.
Cruzando el Amazonas.
d. r. Cruzando el Amazonas.

Todo por un sueño

Comenzar a recorrer mundo desde América para saltar después a Oceanía, Asia, África y Europa, donde se encuentran ahora, no entraba en sus planes cuando partieron de viaje. Y, sin embargo, ya entonces se enfrentaron a la incomprensión de familiares y amigos, que no entendían por qué renunciaban a todo por darse el capricho de viajar durante unos meses.

Desde entonces, el Graham-Paige de 1928 con el que han recorrido el planeta les ha ido abriendo las puertas de un mundo mucho más amable de lo que ellos mismos imaginaban. "Nadie auguraba que iba a ser un coche tan excelente. Con él hemos bajado el Amazonas, hemos recorrido las montañas del Himalaya, las dunas de Namibia, el hielo de Alaska... No solo no nos ha dado problemas, sino que nos ha facilitado mucho las cosas".

Hablan desde una casa frente al mar que les han prestado en la Costa Brava, uno más de los casi 2.500 hogares de los cinco continentes que les han dado cobijo y que prueban su teoría de que el verdadero mundo es mucho más generoso de lo que creemos. "La amabilidad de la gente es asombrosa. Algunos sienten que, al ayudarnos, comparten parte de nuestro sueño, y eso es precioso", comenta Herman.

En clase, en el Parque Nacional de Terenguire (Tanzania).
D. R. En clase, en el Parque Nacional de Terenguire (Tanzania).
Ushuaia.
D. R. Ushuaia.
Paloma, con un camello, en Kenia.
D. R. Paloma, con un camello, en Kenia.
Wallaby, Paloma, Tehue, Pampa, Candelaria y Herman.
D. R. Wallaby, Paloma, Tehue, Pampa, Candelaria y Herman.

Durante la entrevista, sus cuatro hijos -Pampa, Tehue, Paloma y Wallaby- están en un examen. Vinieron al mundo en mitad del sueño de sus padres, en cuatro países diferentes. Su vida es muy distinta a la de otros niños, pero el matrimonio Zapp procura que tengan una educación similar a la que habrían recibido en Argentina. Candelaria dedica de cuatro a seis horas diarias a hacerles de profesora.

Según sus padres, son niños aplicados que no han tenido problemas en pasar las pruebas. "El viaje les ha permitido visitar museos como el del Hermitage de San Petersburgo, asistir al despegue de una nave espacial en cabo Cañaveral, entrar en las pirámides egipcias para conocer su civilización...", dice su padre.

Ahora, la mayor parte de sus ingresos procede de charlas que dan en distintas partes del mundo. En ellas cuentan su experiencia y animan a todos a cumplir su sueño. Algo que, según esta pareja, es más sencillo de lo que parece. "No es dinero lo que hace falta. Lo que necesitas son ganas, y que esas ganas sean más grandes que tus miedos".

Viajar sin sobresaltos

Cuenta el matrimonio que cundo partieron de Buenos Aires hace ya 17 años nadie fue a despedirles. Creen que nadie les tomó demasiado en serio. Sin embargo, ninguna de las amenazas que les auguraban se materializó.

"Nos advirtieron de los peligros que podíamos encontrar, pero no de lo que íbamos a disfrutar ni de la buena gente que conoceríamos", dicen. En el área de los peligros "humanos", solo recuerdan un incidente que, además, tuvo final feliz: en un pueblo de Mozambique les robaron el ordenador mientras se bañaban en la playa y los vecinos del pueblo les ayudaron a recuperarlo.

Sin embargo, sí han tenido algún que otro susto o peligro, como una ocasión en que el coche se quedó sin frenos; o la mañana en que se les acercó un bebé elefante en Zambia. Tampoco la salud les ha jugado malas pasadas. Las dos únicas veces que han acudido a un hospital fue para recibir a Pampa y Tehue (los dos más pequeños nacieron en partos en casa).

Por eso animan a todas las familias que estén pensando en hacer un gran viaje a emprenderlo juntos. "La gente cree que viajar con niños es imposible y que nazcan en el camino, más aún. Pero vivimos en un mundo que ha avanzado muchísimo", dice Herman.

Y ese mundo ha ido desarrollándose mientras ellos recorrían los cinco continentes. Cuando salieron de casa, internet era lugar de encuentro solo para un reducido grupo de usuarios, pero luego cambió por completo la forma de viajar de la familia. "Antes llegábamos a un lugar sin saber dónde íbamos a dormir -cuentan-. El viaje era improvisado. Ahora, antes de llegar a un sitio ya tenemos invitaciones de familias que se ofrecen a alojarnos.

Lo que hemos aprendido en el camino...

  • "Hasta que no intentes cumplir tu sueño, no te cas a realizar. El secreto es empezar. El mundo está sediento de soñadores. El que pierde es el que no lo intenta".
  • "Los problemas no son problemas, en realizad. Son desafíos. Y es muy bonito superarlos".
  • "Día que pierdes o día que no vives, día que no recuperas jamás. Por eso hay que aprovechar cada momento. Claro que tenemos miedo a que nos pase algo, pero más miedo tenemos a que se nos pase la vida sin haberla vivido".
  • "Llevar poco peso te lleva muy lejos, da muchísima libertad. Tener poco casi siempre es tener mucho".

Retorno al hogar

En unos meses, el único modo de vida que los cuatro hermanos Zapp conocen cambiará por completo. El día a día nómada dejará de ser su rutina, y están seguros de que todos se amoldarán a la nueva vida sedentaria, en un mismo lugar.

"En el viaje aprendimos a adaptarnos a millones de cosas y esto será una nueva adaptación", dice el patriarca de los Zapp. Solo espera que, una vez asentados todos, continúen siendo tan felices como en el camino. Tal vez por eso, cuando a Pampa, el hijo mayor del matrimonio Zapp, le preguntaron en una entrevista radiofónica qué quería ser de mayor, no tardó en dar su respuesta: "Feliz", respondió.


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