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Más que negocios

La admiración y la rivalidad más encendidas encuentran el caldo de cultivo perfecto en las altas esferas empresariales. Onassis, Niarchos, los hermanos Dassler, Gates y Jobs... todos ellos fueron enemigos irreconciliables en los negocios y supieron sacar lo mejor y lo peor de sus reverenciados y detestados adversarios

Aristóteles Onassis y Stavros Niarchos, navieros y rivales en el amor.
Aristóteles Onassis y Stavros Niarchos, navieros y rivales en el amor. sean mackaoui

El mundo de los negocios y de la empresa se convierte, a menudo, en un cuadrilátero donde los contendientes dan rienda suelta a sus sentimientos más bajos: la envidia, el odio, el juego sucio... Pero llegar a la cima del mundo y mantenerse en ella siempre tiene un precio. Nuestros protagonistas lo saben bien. Tocaron la gloria con las manos, pero también perdieron a quienes amaban, sufrieron el zarpazo de la soledad más profunda y, finalmente, descubrieron que su lucha fue demasiado feroz.

Stavros Niarchos y Aristóteles Onassis

Capitanes del Olimpo. Los dos provenían de familias de clase media y compartían su talento para las relaciones y sus aspiraciones aristocráticas. Compitieron toda su vida para ser los navieros más importantes del mundo -un título que se turnaban cada cierto tiempo- y por conseguir el afecto de las mismas mujeres, pero fueron incapaces de conciliar sus ansias de grandeza con la vida familiar. Aún hoy, los Onassis y los Niarchos mantienen las distancias.

El secreto de los negocios para Stavros Niarchos era sencillo: comprar barato y vender caro. Nació en Atenas, en 1909, y se graduó en Derecho. Pero empezó en un negocio de molinos de viento de la familia de su madre, a la que convenció para que invirtieran en una flota propia. Así nació su imperio. Sin embargo, Niarchos no era el único que entendía cómo debía ser el modelo de negocio de una naviera. Aristóteles Onassis, nacido en Esmirna (Turquía), había sido capaz de poner en pie una flota propia, en Argentina, para comercializar su negocio de tabaco.

Onassis se casó con Tina Livanos, a la que Niarchos pretendía. Y estalló la guerra.

En la década que siguió a la Segunda Guerra Mundial, se encendió una encarnizada rivalidad entre ambos. Fue Onassis quien jugó la carta que les convirtió en enemigos de por vida: se casó con Tina Livanos, de 22 años, la hija menor del naviero más poderoso de Grecia y a la que Niarchos también deseaba. Niarchos, herido, pidió matrimonio a la hermana mayor, Eugenia. Se casaron un año después. Se habían convertido en cuñados, pero no por eso cejaron en su competencia.

Si Onassis construía un barco de 30.000 toneladas, Niarchos ponía en pie uno de 31.000. Poco después, el griego construyó un petrolero de 48.000 toneladas, el más grande del mundo. nassis contraatacó creando la compañía aérea Olympic Airways. Estaba celoso de los reportajes sobre Niarchos en las revistas de moda. Su rival se había convertido en un importante coleccionista de arte y había comprado la isla de Spetsopoula, donde recibía a miembros de la realeza, jefes de estado y estrellas de cine.

Poseía el avión privado y el yate más caros del mundo. Onassis, para no ser menos, construyó el Christina y compró la isla de Skorpios. El único punto en el que coincidían era la infelicidad de sus matrimonios. La primera en divorciarse fue Tina, cansada de las infidelidades de Onassis con Maria Callas. Habían tenido dos hijos: Alexandros y Christina. Cuatro años después, en 1964, se rompió el matrimonio de Eugenia y Niarchos, cuando este huyó con Charlotte Ford, la hija de Henry Ford II, el empresario norteamericano del automóvil, y se casó con ella en México.

Tuvieron una hija. Sin embargo, Niarchos regresó poco después con Eugenia. Pero la tragedia se había puesto en marcha. Poco tiempo después de su reconciliación con Niarchos, Eugenia amaneció muerta, en la isla de Spetsopoula, aparentemente por una sobredosis de barbitúricos. Niarchos fue investigado, y luego absuelto, porque el cuerpo de su mujer estaba lleno de moratones. Se cuenta que la víspera el matrimonio había tenido una agria disputa, porque Eugenia había sorprendido a Niarchos besando a su hermana Lina, la exmujer de Onassis.

Tina no regresó nunca con Onassis: se casó con el duque de Malborough y, tras divorciarse de este, con Niarchos, su antiguo pretendiente y rival de su primer marido. Murió de otra sobredosis en su casa de París, quizá incapaz de soportar la muerte de su hijo Alexandros en un accidente de avión. Niarchos fue investigado de nuevo, y de nuevo se cerraron las pesquisas. Onassis murió en 1975, a los 69 años, dejando una estela de amargas disputas por su herencia. Niarchos, por su parte, se retiró de la primera línea de los negocios y pasó sus últimos años saliendo con socialites europeas y disfrutando de su colección de arte y de sus caballos. Falleció en Zurich en 1996, a los 86 años.

Adolf y Rudolf Dassler

Caín y Abel en el estadio. Los comienzos de esta historia de rasgos épicos son, sin embargo, muy tranquilos. En 1926, la pequeña ciudad de Hergogenaurach, en Baviera (Alemania), los hermanos Adolf (28 años) y Rudolf (26) se afanaban en la GerbÜder Dassler Schuhfabrik, la pequeña empresa familiar de calzado, confeccionando zapatillas y pantuflas, y el primer calzado deportivo con clavos para los que corrían al aire libre, una rareza en la época.

Adolf y Rudolf Dassler, antagonistas al frente de Adidas y Puma.
Adolf y Rudolf Dassler, antagonistas al frente de Adidas y Puma.

Ambos hermanos habían combatido juntos en la Primera Guerra Mundial y se esforzaban por remontar la crisis de la posguerra. Adolf era tímido y creativo; Rudolf tenía talento para las relaciones públicas. Formaban un buen equipo y lograron que sus zapatillas llamaran la atención en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. En pleno nazismo, el campeón de atletismo fue un hombre negro, Jesse Owens, y calzaba unas zapatillas con clavos diseñadas por Adolf Dassler.

A llegada del régimen nazi, con su filosofía del deporte como espejo de la perfección aria, favoreció a los hermanos Dassler. Pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial abrió una brecha entre ellos. Para contribuir al esfuerzo bélico, la empresa Dassler se reconvirtió, por orden del III Reich, en una factoría de tanques. Adolf se quedó al cargo, pero Rudolf, nazi convencido y descontento con la actitud "cobarde" de su hermano, se unió a las tropas alemanas en Sajonia.

Al acabar la guerra, se había consumado el cisma: Adolf, al que su hermano acusaba de haber maniobrado para quedarse con la empresa, fue exonerado por los aliados de complicidad con el nazismo y siguió al frente de la fábrica de Hergogenaurach; Rudolf, apresado por el ejército estadounidense, tuvo que emigrar con su mujer y sus hijos, y empezar de cero en una pequeña fábrica del barrio de Würzburgerstrasse, al otro lado del río Aurachque divide la ciudad. Rudolf siempre sostuvo que Adolf le había denunciado para salvarse.

Una parte de los empleados se quedó con Adolf y la otra con Rudolf. Así nació la marca Puma, creada por Rudolf, en 1948, y, un año después, Adidas, obra de Adolf, para hacerle la competencia. Las dos marcas comenzaron su ascenso al olimpo de la historia del deporte. Poco a poco, y con ayuda de la segunda generación Dassler, cada marca ideó una estrategia para alzarse sucesivamente con la victoria en los Juegos Olímpicos y los Mundiales de Fútbol de las décadas de los 60 y 70.

Adidas se impuso en el Mundial de Suiza de 1954: fabricó para la selección alemana unas botas con tacos ajustables gracias a las cuales vencieron a Hungría, en plena tormenta. Más tarde, triunfó en los Juegos Olímpicos de Melbourne, en 1956, y en los de México, en 1968. Reclutó como imagen a los atletas Bob Beamon -récord de salto de longitud- y Dick Fosbury, el inventor del salto de altura en escorzo. Puma triunfaba entre los atletas del black power y reclutó entre sus adeptos a Pelé, en el Mundial de México de 1970, y a Cassius Clay.

Tanto Adolph como Rudolf entendieron que para la victoria de su negocio era esencial la publicidad. Rudolf murió el 6 de septiembre de 1976. No había vuelto a hablarse con su hermano desde los años 40. El encono era tal que la familia de Adolf publicó el siguiente comentario en la prensa: "Por razones de piedad humana, la familia de Adolf Dassler no hará comentario alguno sobre la muerte de Rudolf Dassler". Cuatro años después, moría Adolf. Hoy, el único miembro de la saga que trabaja para alguna de las dos marcas es Frank Dassler, nieto de Rudolf, y lo hace para Adidas, la marca que fundó su tío abuelo. Si Rudolf levantara la cabeza...

Steve Jobs y Bill Gates

En busca del grial de la tecnología. En una entrevista, a principios del año pasado, Bill Gates, el fundador de Microsoft, se refirió a Steve Jobs, fallecido en 2011 de cáncer, utilizando el verso de una canción de los Beatles: "Tú y yo tenemos recuerdos más profundos que el camino que nos queda por recorrer", dijo, y luego aclaró. "Solo él y yo sabemos lo intensa que fue nuestra relación y los recuerdos que acumulamos".

Steve Jobs y Bill Gates, los dos grandes gurús de la informática.
Steve Jobs y Bill Gates, los dos grandes gurús de la informática.

Visionario e intuitivo Jobs, analítico y racional Gates, tanto uno como otro han marcado la historia económica y tecnológica del siglo XX. Bill Gates es hoy el hombre más rico del mundo y dedica la mayor parte de su tiempo a la Fundación Bill y Melinda Gates. icrosoft es poderosa, aunque ya no figura entre las empresas que están cambiando el mundo, como sí sucede con Apple a pesar de la desaparición de Jobs. Hoy mandan Facebook, Google o Amazon. A Bill Gates le interesa más la filantropía.

Cuando Gates anunció la primera versión de Windows, Jobs le acusó de haberla robado.

Pero hubo un tiempo en el que el mundo vivió pendiente de los dos titanes de la tecnología. Su relación fue una de las más complejas del mundo empresarial. Nunca se llevaron bien, aunque en los últimos años pasaban el tiempo hablando de la vida y de sus hijos. Y, sin embargo, Apple no sería lo que es sin Microsoft y viceversa. Microsoft empezó su relación con Apple fabricando software, a finales de los 70, para el Apple II PC. Gates volaba con frecuencia a Cupertino, sede de Apple, para ver cómo iban las cosas.

A principios de los 80, empezó la colaboración más importante entre ambas empresas: el software para el nuevo Apple Macintosh, con su revolucionaria interfaz gráfica. mbos gigantes trabajaron codo con codo durante los primeros años. Pero, en 1985, Gates anunció la primera versión de Windows, por sorpresa. Jobs, fuera de sí, le acusó de haberle robado el Macintosh y su interfaz gráfica de ventanas. Gates le respondió con dureza: "Bueno, Steve, creo más bien que ambos teníamos un rico vecino llamado Xerox y yo fui a robarle el televisor, pero vi que tú se lo habías robado antes".

"Gates no tiene vergüenza -repuso Jobs-. Nunca ha inventado nada y se dedica a copiar las ideas de los demás". En 1985, Jobs fue despedido de Apple, la empresa que había fundado 10 años antes, y fundó NeXT. Fueron tiempo duros para Steve. Su recuperación llegó en 1996, cuando Apple, en serio peligro de quiebra, volvió a contratarle. Jobs la puso otra vez a flote y Gates aceptó hacer una inversión en la empresa. Y llegó la era dorada de Apple.

Cuando lanzó iTunes, Gates mando un correo interno a los trabajadores de Microsoft alabando "la capacidad de Jobs para centrarse en las cosas que tienen importancia". En 2006, Gates dejó su empresa para centrarse en su fundación. Steve Jobs, creador de Apple, que había construido la compañía más valiosa del mundo, murió en 2011. "Respeto a Jobs, era estimulante ser competidores. Nada de lo que dijo me molestó", dijo entonces Bill Gates.


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