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La escena que pudo cambiar 'El diablo se viste de Prada'

En el guion original el papel de Miranda tenía otra actitud de la que al final no hemos podido ver...

Las actrices Meryl Streep y Anne Hathaway en una de las escenas de la película 'El diablo viste de Prada'
Las actrices Meryl Streep y Anne Hathaway en una de las escenas de la película 'El diablo viste de Prada' D.R.

Meryl Streep puede ser la actriz que más personajes icónicos ha interpretado a lo largo de su carrera (o quizá es ella la que los convierte en inolvidables). Pero Miranda Priestly, la protagonista de 'El diablo se viste de Prada', ocupa un lugar especial en el corazón de las amantes de la moda. Se supone que es un trasunto de Anna Wintour, la todopoderosa editora de la edición estadounidense de “Vogue”: una mujer implacable, terriblemente exigente, muy cruel con sus subalternos y totalmente obsesionada con mantenerse en la cima de su profesión. Una mujer sin vida fuera del trabajo con un ejército de empleados a su servicio. Bajo su terror.

La película cuenta la relación entre Priestly y su nueva asistente personal, una joven con talento pero sin pasión por la moda (Anne Hathaway). Sabemos poco de Miranda más allá de que en algún sitio tiene un marido totalmente desatendido, al que debe buscarle huecos en su agenda laboral. Ahora hemos sabido que su papel era mayor en el guión original, y que incluso llego a rodarse una escena en que nos enterábamos de que no solo era extraordinariamente desagradable, sino también alcohólico. La escena, finalmente fue borrada, ¿Por qué?

Seguramente se valoraron muchos factores para borrar esta línea del guión que queda inexplorada y probablemente valoraron la posibilidad de que el público pensara que se estaba caracterizando al propio esposo de Wintour: al fin y al cabo, la película se basa en un libro escrito por la periodista Lauren Weisberger, inspirado en sus años de trabajo a su cargo en 'Vogue'. Pero, además, hubiera cambiado totalmente el personaje de Miranda, que hubiera pasado de una mala malísima por vocación propia, a una pobre víctima a la que compadecer por querer escaparse de una vida privada penosa. El personaje de Miranda Priestly hubiera quedado por los suelos. ¡Bien por el corte!


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