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La Palma: entre el mar y las estrellas

La naturaleza guía el viaje (en clave slow) de María de León por la isla. Una ruta marcada por bellos paisajes, arquitectura y gastronomía con denominación de origen, y calma, mucha calma.

En las Salinas de Fuencaliente.
En las Salinas de Fuencaliente. casilda Ybarra

Pocos lugares en el mundo ofrecen, en tan limitada superficie, tantos y tan bellos contrastes como la isla de La Palma, considerada la "isla bonita" de las Canarias. sentir que puedes rozar las estrellas y, solo un rato después, pasear por una playa de arena volcánica; sumergirte en un bosque frondoso con helechos milenarios para después descubrir una espectacular salina...

Sus calles son seguras, ofrece calidad de vida, apenas tiene contaminación lumínica -lo que hace que sea el mejor lugar del mundo para admirar las estrellas, junto con Hawái y el desierto chileno de Atacama-, cuenta con más de 1.000 kilómetros de senderos y tiene unos fondos marinos envidiables. Por todo ello, no es extraño que este paraíso sea uno de los refugios predilectos de personalidades como el escritor Günter Grass o la cantante Nina Hagen, o que hasta allí lleguen los aficionados a la astronomía para disfrutar de todas las posibilidades de astroturismo, además de los deportistas aficionados al trekking y el submarinismo, o los enamorados de la naturaleza, como yo, que acabamos atrapados por la vegetación, que convierte esta isla en un auténtico jardín del Edén. Y tampoco es raro que semejantes virtudes hagan volver varias veces al año a los naturales de esta tierra, como el diseñador de zapatos Manolo Blahnik, el hijo más célebre de la isla.

Conocí La Palma gracias a Enrique Luis Larroque y Javier López de Ayala, los propietarios del Hotel Hacienda de Abajo, que se convirtió en mi hogar durante los cinco días de mi viaje. Esta hacienda se encuentra en Tazacorte, el municipio con más horas de sol de Europa, donde se produjeron los primeros asentamientos de los conquistadores castellanos en la isla, en 1492, precisamente por que las tierras de esta zona eran las más fértiles.

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casilda ybarra La Caldera de Taburiente.
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casilda ybarra María entre las buganvillas.
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casilda ybarra Hotel Hacienda de abajo.

Arte, cultura y lujo

Con una mezcla de elegancia y exotismo, el hotel es una construcción del siglo XVII rehabilitada e inaugurada en 2012 con un doble objetivo: hacer que los huéspedes se sientan los dueños de la hacienda y que vivan en un museo habitado, pues, como dice Enrique Luis, "el arte es la expresión de lo mejor del ser humano". Esta es una de sus señas de identidad: cuenta con más de 1.300 obras de arte de los siglos I al XX, entre las que destacan un crucifijo de marfil que perteneció a los Montpensier, una casa de muñecas de finales del siglo XIX y una colección de 20 tapices de los siglos XVI y XVIII, así como piezas de mobiliario que son auténticas reliquias, como la cama del año 1668 en la que dormí. Para conservar semejante patrimonio, cuentan con un conservador de la colección, ¡un verdadero lujo!

Todo en el hotel está cuidado al detalle, desde su jardín con especies singulares -me encantó la heliconia-, hasta su cuidada gastronomía, a cargo del chef José Gómez, o su compromiso con el medio ambiente (no utilizan químicos en el jardín, sus textiles son eco, limpian la piscina con electrólisis salina y utilizan biomasa para producir energía). ¡Hasta tienen un viñedo!

Precisamente la bodega Hoyo de la Higuera, donde se elabora ese vino, fue mi primera visita. Se ubica en el Barranco de las Angustias, cerca del parque nacional de la Caldera de Taburiente. Allí, además de descubrir el magnífico vino que producen, disfrutamos de un almuerzo canario, a base de productos locales: cordero, boniato, gofio y queso, que es uno de los alimentos estrella de la isla. Y, aunque La Palma es muy conocida por sus plataneros (me gustan especialmente los de Gabaceras), no solo de ellos viven los palmeros: la seda ha marcado su historia y así lo recuerdan en el Museo de las Hilanderas, en El Paso.

Lo primero que llama la atención es su fachada, con un impresionante mural pintado (también me impactaron los del artista Sabotaje al Montaje). Pero, volvamos al museo: entre sus muros se explica todo lo relacionado con la producción de la seda y con su historia. Incluso hay un taller, a cargo de la quinta generación de hilanderas, en el que se trabaja con la misma técnica que se empleaba en el siglo XVIII.

Del mar al cielo

El Bosque de los Tilos fue nuestra siguiente parada, previo paso por el mirador del Barranco de los Gomeros, donde se consiguen unas fotos espectaculares. El de los Tilos es uno de uno de los bosques de laurisilva más importantes de Canarias, uno de los últimos reductos de los bosques húmedos que cubrían todo el trópico del planeta en la Era Terciaria, hace 66 millones de años, tras la extinción de los dinosaurios. En 2002, el Bosque de los Tilos fue declarado Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco, una protección que hoy engloba a toda la isla de La Palma. Tilos, helechos gigantes, viñátigos, palos blancos, laureles, acebiños, barbuzanos, madroños, peralillos, fayas y brezos son algunas de las especies que alberga este bosque nuboso, sobre las que vuelan las palomas turqué y las rabiche, dos aves que solo viven en Canarias.

La parada para el almuerzo la hacemos en Casa Asterio, a unos 20 minutos al norte de Santa Cruz de La Palma. No faltan las deliciosas papas arrugadas con mojo y el bienmesabe (un postre tradicional elaborado a base de almendras de la tierra), acompañado de un popular café barraquito. Tras reponer fuerzas, nos dirigimos al volcán Teneguía, con sus impresionantes faldas sembradas de viñedos, y las salinas de Fuencaliente, que regalan uno de los paisajes más espectaculares de la isla. En ellas se encuentra el restaurante temático El Jardín de la Sal, un auténtico banco de pruebas de sales aromatizadas.

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casilda ybarra El volcán Teneguía.
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casilda ybarra María en el Bosque de los Tilos, en San Andrés y Sauces.
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casilda ybarra Vista de su piscina.

Agenda de viaje

  • Cómo llegar: Desde Madrid, hay vuelos directos a La Palma con Iberia Express (www.iberia.com). Desde Barcelona, Vueling tiene también conexiones directas (www.vueling.com).
  • Dónde alojarte. En el Hotel Hacienda de Abajo, que cuenta con la Medalla al Mérito Turístico en sostenibilidad y Calidad. Lujo y arte son sus señas de identidad. (www.hotelhaciendadebajao.com).
  • Un museo imprescindible. El Museo de Las Hilanderas, en El Paso, que recorre la historia de la seda y su vínculo con la isla de La Isla.
  • Para comer. Casa Asterio, en La Galda (Puntallana), donde no hay que dejar de probar las papas arrugadas con mojo picón, el queso a la plancha con mojo verde y el bienmesabe.
  • Para no perderte. Visita a las Salinas de Fuencaliente y, en ellas, el restaurante temático El Jardín de la Sal. El Bosque de los Tilos, con vegetación milenaria, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2002. Un paseo por Santa Cruz, para admirar sus casas y balcones de colores.

Un paseo entre las nubes

Si algo no puede faltar en la maleta para viajar a La Palma son las botas de trekking, porque no os podéis perder una excursión por la Caldera de Taburiente, declarada parque nacional en 1984. Claro que el mayor lujo es acceder a ella de la mano de Rosario Luis, que dirige el Heredamiento, la asociación que agrupa a los propietarios de las 1.500 fincas privadas que forman el parque y que data de la época de los Reyes Católicos. Esta Asociación se encarga de gestionar las galerías de agua que recogen el agua procedente de las nubes que cubren el terreno, un agua que es un auténtico tesoro, muy escaso en la isla. Tras hora y media de caminata por la montaña, se llega a la Casa de Taburiente, a la que solo tienen acceso los socios del Heredamiento. Este es uno de los lugares más mágicos y auténticos en los que he estado en mi vida. Sin duda, el mejor refugio que se puede encontrar para una escapada slow life.

Y tras la desconexión de la Caldera, llegó el bullicio ordenado de la capital, Santa Cruz. Me encantaron sus balcones de colores repletos de flores y sus antiguas casas edificadas entre los siglos XVI y XVII -algunas hechas con piedra volcánica-, así como la fachada del Ayuntamiento, con el escudo imperial de Carlos V y el medallón de Felipe II. Está ubicado en la Plaza de España, donde también se levanta la Iglesia del Salvador, con una bellísima portada renacentista y un interior con magníficas piezas de orfebrería. En por Santa Cruz, no podía faltar el shopping con estilo: recomiendo las tiendas Berlín y Andrágora.

Para terminar el viaje (literalmente) por todo lo alto, nada mejor que subir al Roque de los Muchachos, el punto más elevado de la isla, donde se encuentran los impresionantes telescopios. Eso sí: armaos de valor y paciencia si padecéis de vértigo o si os mareáis con frecuencia, porque el camino está repleto de curvas -como casi todas las carreteras de la isla- y hay que recorrerlo con precaución. En cualquier caso, merece la pena disfrutar de las vistas que ofrece el Roque, el broche perfecto para un viaje en el que se aúnan cultura, naturaleza, estilo, gastronomía... y mucha desconexión.

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