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Éxito y amor: enemigos íntimos

La oficina, la escena pública (y las series de televisión) son el terreno ideal para las luchas de poder. Pero algunas batallas se disputan en casa, en pijama y zapatillas, con los miembros de la pareja como contendientes y munición de celos y envidias. Lo que el amor ha unido, que no lo separe el ego.

La cantante Shakira y el futbolista Gerdad Piqué.
La cantante Shakira y el futbolista Gerdad Piqué. d.r.

En un congreso de mujeres emprendedoras, cinco ejecutivas de éxito disfrutan de la cena cuando una de ellas comienza a decir: "Mi marido...". "¿Marido? Pero, ¿todavía tienes marido?", la interrumpen el resto al unísono. Esto podría ser un chiste (malo) si no fuera porque lo que hay detrás de esta pregunta retórica no tiene mucha gracia. Según un estudio elaborado por la institución académica ESADE, un 70% de las empresarias están separadas o divorciadas. Cuenta la leyenda que la causa más común, al margen de diferencias personales, es la dificultad para conciliar el ritmo endiablado que exige su trabajo con la vida familiar.

Pero también parece probable, aunque no haya estadísticas que lo confirmen, que en ocasiones el origen de la ruptura esté en la competitividad que mantienen los dos miembros de la pareja. Una especie de "guerra de los Rose", en versión soterrada, en la que ambos se tiran a la cara sus logros profesionales en un afán por conseguir el dudoso premio de "vencedor de la familia Martínez Gómez". Estamos ante un escenario que puede calificarse de nuevo. Hasta hace relativamente poco, los papeles estaban claramente asignados y asumidos.

"La lucha de poder puede aparecer en el trabajo, en la relación con los hijos, en el sexo..."

El hombre no solo era el sustento económico de la familia, sino que estaba llamado a ocupar puestos de prestigio y lograr reconocimiento social. Mientras, la mujer debía conformarse con un trabajo del montón que le permitiera compaginarlo, estresada y sin bonus ni palmaditas en la espalda, con el cuidado de la casa. Pero las cosas ya no son siempre así. Aunque las españolas tienen un salario medio 19,3% inferior al de los hombres (un 13% menos a nivel mundial), según el último informe elaborado por la OIT (Organización Internacional del Trabajo, dependiente de la ONU), la incorporación femenina en todos los ámbitos y niveles profesionales es lenta pero imparable.

"La integración de las mujeres en el mercado laboral y el disfrute del tiempo libre supuso la ruptura del modelo tradicional, basado en convertir el espacio laboral en coto masculino y el doméstico y familiar, en propio del sexo femenino. El hombre va perdiendo el poder porque la mujer es autosuficiente económicamente y goza de libertades. Pero el problema surge cuando él no quiere modificar esta asignación de roles; es decir, de la misma manera que la mujer se va incorporando a la esfera pública, el hombre debería asumir sus responsabilidades en la esfera privada", explica Ruth Zazo Rodríguez, psicóloga experta en relaciones de pareja del centro Psicoadapta.

El triunfo como arma arrojadiza

La competitividad es algo inherente al ser humano. En mayor o menor medida, todos somos competitivos con nuestros hermanos, los amigos o los compañeros de trabajo. ¿Quién no ha sentido alguna vez una punzada en el estómago al ver cómo uno de ellos ascendía profesionalmente mientras nuestra carrera se iba haciendo cada vez más pequeña? Y lo mismo puede decirse respecto a las parejas. Tendemos a pensar que esta clase de sentimientos está reñida con el amor y no tiene cabida en una relación sentimental, pero no es cierto.

"La rivalidad no tiene por qué ser negativa, cuando es un estímulo y no un arma arrojadiza"

"Además de en el terreno laboral, la lucha de poder aparece en muchas otras áreas dentro de una pareja: en el sexo, el aspecto físico, la relación con los hijos, el plano afectivo, la toma de decisiones... Si no existe un equilibrio entre ambas partes, puede generarse mucha competencia", explica la terapeuta de pareja María Gutiérrez Raposo. Pero esta rivalidad no es mala en sí misma, siempre y cuando sirva como estímulo y no como arma arrojadiza. "No se trata de no competir, porque eso es algo que va a existir siempre en una relación -continúa la psicóloga-.

El secreto está en encontrar una armonía, y eso no consiste en que los dos tengan el mismo salario, el mismo espacio individual o el mismo prestigio profesional, sino en asumir que uno tendrá más poder en determinadas áreas y el otro en otras". Daniel y Soraya formaban una de esas parejas consideradas como envidiables. Hasta que a ella, abogada, le hicieron socia del bufete en el que trabaja. "Él es informático y los dos teníamos un puesto similar en cuanto a responsabilidades, sueldo y prestigio, pero a mí me ascendieron y todo cambió.

De repente, la gente te felicita, ganas más dinero que él, empiezas a viajar más... -relata Soraya-. Lo pasamos fatal durante una larga temporada, hasta que Daniel reconoció que tenía celos y le costaba mucho aceptar que yo estuviera en un nivel laboral superior; su autoestima se tambaleó y se mostraba muy arisco conmigo. Si a eso le sumas que tuvo que hacerse cargo de más cosas de la casa... Pero, afortunadamente, lo hablamos con tranquilidad, las aguas volvieron a su cauce y ahora se alegra de todos mis logros".

A Concha, soltera y publicista de éxito de 34 años, le cuesta encontrar hombres que se interesen por su vida profesional. "En cuanto ellos tienen un trabajo que, aparentemente, es menos interesante que el mío, noto que evitan conversar sobre el tema o tratan de hacerse los importantes. Pero lo peor es que a veces, en las primeras citas, disimulo y resto importancia a lo que hago para que todo sea más fácil", reconoce. Y si las dos personas comparten profesión, las diferencias son más evidentes y aumentan las probabilidades de que aflore la rivalidad.

Así lo reconocía Scarlett Johansson cuando se separó de Ryan Reynolds tras tres años casados y en el mejor momento de su carrera: "Vivir con otro actor es complicado. Debe haber entendimiento real sobre cómo compartes tu tiempo y, si la otra persona tiene más éxito que tú, hacer que eso se convierta en un reto. Porque ahí es cuando todo se vuelve competitivo". Si interrogáramos a las mujeres que tenemos alrededor, no nos costaría encontrar casos similares a estos. Pero si les preguntáramos a ellos, seguramente no serían tantos los que se toparan con la incomprensión o el desinterés de sus parejas.

La unión de dos personas que necesitan quedar por encima es una bomba de relojería"

¿Es que los hombres no están preparados para que ellas los superen? "No se trata de estar o no preparados, sino más bien de tener o no tener ideas igualitarias. Una educación rígida sobre estereotipos de género hace que tanto un hombre como una mujer puedan tener dificultad para flexibilizar determinados puntos de vista y se reproduzcan las desigualdades. A algunos hombres les cuesta aceptar roles diferentes a los que históricamente han desempeñado. Antes, la rivalidad profesional era exclusivamente entre ellos; ahora, también hay que competir con mujeres, incluso en tu propia casa. Tu pareja te puede superar en lo laboral y en lo económico, sin que esto tenga que ser algo negativo", analiza Ruth Zazo.

Mi victoria, tu derrota

Más allá de un conflicto de género, también puede tratarse de una guerra de egos. Y la unión de dos personas que necesitan demostrar constantemente que están por encima del otro es una bomba de relojería. "Yo observo en la consulta mujeres y hombres extremadamente competitivos y, en esos casos, es fundamental saber en qué tipo de familia han crecido, cómo les han transmitido conceptos como el éxito, la rivalidad o la importancia del dinero -afirma María Gutiérrez-.

También tiene que ver con la frustración y todas las emociones se aprenden de niño. Si a una persona, hombre o mujer, no le han enseñado a tolerar las frustraciones, surgen los problemas". "Cuando uno persigue la victoria, por regla general, busca la derrota del otro, y una relación que vive bajo esta presión estará completamente descompensada", añade Ruth Zazo. Barack Obama conoció a Michelle LaVaughn en un despacho de abogados de Chicago. Ella era dos años menor, pero ejercía como su jefa. Una posición que no impidió que se enamoraran y formaran una familia.

Sí, después él ha sido presidente de Estados Unidos, pero ella no se ha quedado atrás: ha ejercido de primera dama con voz propia y se ha ganado una popularidad superior a la de su marido. Y todo sin muestras aparentes de rivalidad. Margarita y Luis se trasladaron de Madrid a Lisboa por el trabajo de ella en una multinacional. Él es periodista freelance y reconoce sin complejos que ejerce de amo de casa y cuida de sus hijos. "Hace años, teníamos la situación opuesta. Pero no he tenido problema en adaptarme porque entiendo que este es su momento", reconoce.

Como ellos, son cada vez más las parejas capaces de intercambiar los roles con naturalidad y formar un tándem que pedalea sin el objetivo de ser el primero en llegar a la meta. "Trabajar en equipo, apoyar al otro para que alcance sus objetivos, ser capaz de ilusionarse con sus proyectos, sentirse orgulloso por sus logros... Estos son factores que enriquecen a la pareja", resume Ruth Zazo.


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