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Clubes para mujeres: los nuevos oasis femeninos

Nacieron en el siglo XIX y ahora vuelven a ser el refugio de muchas mujeres en Londres o Nueva York. Sus socias trabajan en sus salones, se relajan en el spa, asisten a reuniones literarias, juegan al póquer y subliman el nuevo (viejo) arte de hacer contactos.

Sophie Auster en el evento de Maiyet en la Fashion Week de Nueva York.
Sophie Auster en el evento de Maiyet en la Fashion Week de Nueva York. getty

Se fumaba (mucho) y se beb√≠a whisky, del caro y del bueno. Se le√≠a el peri√≥dico y se jugaba a las cartas. Se hablaba de negocios y se cerraban tratos. Se chismorreaba y se tomaban decisiones pol√≠ticas que, a menudo, cambiaban el mundo. As√≠ eran los clubes de caballeros que surgieron en el siglo XIX en el West End londinense y se exportaron, despu√©s, a la mayor√≠a de los pa√≠ses anglosajones. Eran exclusivos, porque all√≠ se codeaban arist√≥cratas, pol√≠ticos e intelectuales; y excluyentes, pues las mujeres ten√≠an estrictamente prohibido el acceso. Por eso, tambi√©n eran una forma (otra m√°s) de mantenerlas alejadas de los n√ļcleos de poder y confinadas entre las cuatro paredes del microcosmos dom√©stico.

Pero cuando ellas empezaron a pisar las universidades, crearon sus propias burbujas. Los primeros clubes femeninos de Londres surgieron a finales del siglo XIX y sirvieron para reunir a profesionales liberales, artistas y profesoras que hablaban de cultura y crecimiento personal, pero tambi√©n de derechos sociales o del incipiente movimiento sufragista. En Estados Unidos, proliferaron a tal velocidad que lleg√≥ a haber m√°s de 5.000 (600 solo en la ciudad de Nueva York). En Madrid, el Lyceum Club Femenino funcion√≥ de 1926 a 1939, y ten√≠a entre sus socias a figuras clave en la Generaci√≥n del 27, como Clara Campoamor, Elena Fort√ļn, Zenobia Camprub√≠, Mar√≠a de Maeztu, Concha M√©ndez o Mar√≠a Teresa Le√≥n.

Algunos de aquellos clubes masculinos han perdurado hasta nuestros d√≠as, como dinosaurios resisti√©ndose a la extinci√≥n, mientras que los de mujeres desaparecieron despu√©s de la II Guerra Mundial, casi sin dejar rastro. Hasta que, hace unos a√Īos, la idea resucit√≥, se sacudi√≥ las telara√Īas y los complejos, y se ha acabado convirtiendo en la √ļltima tendencia en las ciudades m√°s cosmopolitas del mundo.

¬ŅA qu√© famosos invitar√≠as a cenar a tu casa? ¬ŅQu√© programa de televisi√≥n que le gusta a todo el mundo odias en secreto? Son dos de las preguntas del cuestionario de admisi√≥n de The Wing, el club femenino m√°s solicitado de Nueva York y el paradigma de un nuevo concepto que arrasa entre las mujeres urbanitas y profesionales. Tienen 400 socias, pero hay 2.400 nombres m√°s en su lista de espera.

Sophie Auster y Lena Dunham son socias del club The Wing, de Nueva York.

Tan meticulosamente decorado que parece directamente sacado de una galería de Pinterest, sus impulsoras, Lauren Kassan y Audrey Gelman, buscaban crear un espacio en el que sus socias pudieran trabajar y relacionarse, pero también tomarse un respiro, charlar un rato o, incluso, darse una ducha y cambiarse de ropa antes de salir a cenar. Por eso, el club cuenta con un espacio de coworking, una biblioteca y una sala de reuniones, pero también con duchas y vestuarios.

El secreto de su √©xito es la diversidad de sus socias: The Wing no es un lugar restringido a ejecutivas, profesionales de las finanzas o del mundo de la moda. Entre quienes pagan la cuota hay profesoras, chefs, dise√Īadoras gr√°ficas, abogadas, ingenieras, floristas o madres a jornada completa, pues en este club la maternidad tambi√©n se considera una profesi√≥n. Adem√°s, es un espacio abiertamente feminista, que organiza conferencias pol√≠ticas y anima a sus socias a participar en movimientos sociales, pero que tambi√©n acoge clubes de lectura o noches de p√≥quer. Su cuota anual (1.950 d√≥lares) es m√°s asequible que cualquier espacio de coworking de la ciudad y entre sus socias fundadoras se encuentran la cantante Sophie Auster o la actriz y directora Lena Dunham, amiga de la infancia de Gelman, que utiliz√≥ a la empresaria como inspiraci√≥n para escribir el personaje de Marnie en la serie Girls.

Convertido en todo un fenómeno en la ciudad, The Wing está en plena expansión: además de su ubicación actual en el Flatiron District de Manhattan, pronto abrirán "sucursales" en el Soho, Brooklyn y la ciudad de Washington.

La política de admisión masculina es diferente en cada club: ellas eligen.

Sin embargo, el epicentro de la tendencia sigue siendo Londres. All√≠ abri√≥ sus puertas hace cinco a√Īos Grace Belgravia, en el opulento barrio de Knightsbridge. Su elitista propuesta (el pase anual cuesta 8.000 euros) se centra en la salud y el bienestar, gracias a unas lujosas instalaciones que incluyen spa, hammam, gimnasio y hasta una cl√≠nica dirigida por Tim Evans, el m√©dico personal de la reina Isabel. Su plantilla tiene cardi√≥logos y nutricionistas en n√≥mina, pero tambi√©n psicoterapeutas y cirujanos pl√°sticos. Y cada una de sus 700 socias cuenta con la ayuda de una asistente personal (o √°ngel, seg√ļn su propia jerga) para guiarles por todos los servicios.

Hombres... solo a veces

Otros, como el University Women¬īs Club, son exclusivos por razones diferentes. Fundado en 1886, solo admite a mujeres profesionales o con un t√≠tulo universitario que hayan sido previamente recomendadas por una de sus socias. Sorority, en cambio, es un club on line de profesionales, emprendedoras y pioneras en diferentes sectores que se re√ļnen regularmente en varios locales de Londres. Y el Trouble Club es el m√°s abierto y asequible de todos: la entrada a su sede en el Soho apenas cuesta 10 euros, dispone de un espacio para trabajar, pero tambi√©n cuentan con charlas sobre pol√≠tica, actualidad, deportes, ciencia o tecnolog√≠a.

Cada club tiene una filosof√≠a y una pol√≠tica de admisi√≥n masculina diferente. Algunos, como el Grace Belgravia, abren sus puertas para ellos a determinadas horas del d√≠a o durante los fines de semana en el brunch. Otros, como el Trouble Club, son, pese a su clara vocaci√≥n feminista, m√°s abiertos. "Somos terriblemente exclusivos. Tienes que ser hombre o mujer. Y ser una de estas cosas: inteligente, sociable o ingenioso. ¬ŅCumples los requisitos?", bromean en su p√°gina web.

Relajarse, esa utopía

Sin embargo, por inclusivos o excluyentes que sean, estos locales no est√°n exentos de pol√©mica. Al fin y al cabo, igual que ocurre con los clubes masculinos, su pol√≠tica de admisi√≥n es controvertida por naturaleza. Sus defensoras alegan que, en un mundo donde la igualdad es a√ļn una utop√≠a, donde las mujeres no cobran el mismo salario por hacer el mismo trabajo y donde el hombre m√°s poderoso del mundo (Donald Trump) es un mis√≥gino declarado, el universo femenino necesita todav√≠a espacios seguros donde poder relacionarse. Concebidos casi como fraternidades femeninas, presumen de ser un templo de la solidaridad, donde el ambiente no es competitivo. Tambi√©n son un refugio para esas mujeres que nunca tienen tiempo y ponen todo lo dem√°s por delante de s√≠ mismas: su trabajo, su parejas, sus hijos, su casa...

Pero, ¬Ņqu√© hacen ellas en este tipo de espacios que no pueden hacer en cualquier otro sitio? La respuesta corta es la m√°s f√°cil (y ut√≥pica): relajarse. Sea leyendo un libro, charlando con una amiga o haciendo un poco de ejercicio. Todo sin sentirse observadas, juzgadas o, incluso, deseadas. Aseguran sus adeptas que el ambiente relajado (y la ausencia de hombres) propicia interacciones m√°s aut√©nticas y menos superficiales. Son, adem√°s, un lugar de encuentro entre profesionales de diferentes sectores, que favorece el networking, ese moderno arte de algo tan viejo como "hacer contactos". La idea es que nunca sabes con qui√©n (o de qu√©) terminar√°s hablando o con qui√©n podr√≠as acabar montando tu primera start-up. Puede que no se fume, pero en los clubes de mujeres tambi√©n se hacen negocios, se cierran tratos y, poco a poco, se cambia el mundo.

Entre el espacio personal y el profesional

  • En nuestro pa√≠s, Alma Sensai, que abri√≥ sus puertas el a√Īo pasado, ha sido uno de los pioneros. "Club privado para mujeres... y algunos hombres buenos", ese el lema de este lugar que naci√≥ con una clara vocaci√≥n femenina (que no feminista, como precisan sus fundadores). Su sede, en el madrile√Īo barrio de Salamanca, es un palacio de alt√≠simos techos, vidrieras, mosa√≠cos en el suelo y escaleras de m√°rmol. Est√° concebido como un espacio entre el universo profesional y el personal, por eso cuenta con espacio de coworking, pero tambi√©n con gimnasio, cocteler√≠a, peluquer√≠a y restaurante. Organizan charas, eventos culturales y fiestas tem√°ticas, y ya tiene 500 miembros. La cuota anual ronda los 1.800 euros y para entrarhay que superar una entrevista.


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