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Boniato lindo y la Navidad

Maite niebla

"¿Nos ha tocado o no?", pregunta Martina. Algarrubia rebusca en su bolso, saca el cupón y responde: "No". Lo lanzo a la chimenea exclamando: "¡Hala, cupón a la brasa!". Estamos asando castañas cuando entra Listilla y una ráfaga de viento con ella. Se sienta diciendo: "Traigo algo para que estas fechas no nos hundan la moral". Gordi replica: "A mí no me hunde la moral la Navidad, sino la idea del infinito cercano", "¿Te refieres al frío infinito?", dice Algarrubia dando la vuelta a las castañas.

Listilla coloca sobre la mesa una bolsa y nos reta: "Adivinad". Martina exclama: "¡Un pasaje colectivo a Lanzarote!". Con voz digital, la recién llegada musita: "Error". Meto la mano en la bolsa y saco lo que parece un boniato.

Listilla me lo arrebata y lo exhibe cual estatuilla de los Goya: "¿Qué os parece?". Martina se lo quita de las manos y contesta, "¡Que necesita una hidratante!". Lis replica: "Estará arrugado pero contiene la esencia de la felicidad".

Nos reímos y Martina proclama: "Por fin, ¡el boniato de la felicidad!". "Parecido a nosotras, con tanto aire, tanto sol y la epidermis machacada", se lamenta Gordi. Algarrubia se vuelve hacia ella: "¿Quién está arrugada?". Martina interviene: "Inflarse a boniatos ¿combate la melancolía navideña?". Gordi protesta de nuevo: "¡Que a mí me encanta la Navidad!". Listilla adopta su pose clase magistral: "Favorecen la producción de serotonina y vamos a asarlos". Gordi sigue en su línea: “Me gusta la Navidad y ver a la familia”. Martina se ríe señalando a Gordi: "Hínchate a boniatos y sonreirás dulcemente a ese cuñado con cara de langostino". Gordi parece confusa: "No tengo ningún cuñado con cara de langostino...". Me sumo al lío: "Pues a un vecino... ¡con cara de langostino!". "No tengo ningún vecino con cara de langostino", insiste Gordi perpleja.

Mientras se asan los boniatos, discutimos sobre si la Navidad produce euforia o depresión. Martina se queja de los regalos por ser un estrés y un derroche. Gordi, en cambio, está a favor. Listilla defiende las fiestas y a los boniatos: "Aunque tanta emotividad también agota". Conclusión: dos a favor de la alegría navideña, dos para pesadilla y una indecisa. Tras la votación intervengo: "Recuerdo un año que decidí largarme al Caribe. Pasé la Nochebuena en una terraza frente al mar, con un chino que no hablaba castellano y un americano borracho". Gordi me mira con lástima, pero sigo: "Fue raro, pero divertido. Al final éramos cuatro: el chino silencioso, el yanqui beodo, una gallina que tampoco hablaba castellano y yo".

Por fin los boniatos están listos. Al probarlos, una sensación dulce y tierna nos invade. Repleta de serotonina, lo veo claro y recito con voz publicitaria: "¡Pon un boniato en tu mesa!". Martina susurra: "Esta Navidad, regala boniatos envueltos en celofán".


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