mujerHoy

vivir

Emmanuel Carrère: "Debemos perseguir la verdad, sabiendo que no la alcanzaremos jamás"

Su radical sinceridad y su estilo, entre el reportaje y la historia personal, han hecho del escritor francés un imprescindible de nuestro tiempo. Un decodificador de la naturaleza humana y su constante ambivalencia.

Emmanuel Carrère
Emmanuel Carrère vicens Giménez

Vivimos días extraños: la gente cree que las novelas dicen la verdad y las memorias mienten. Que las noticias nos engañan, pero los youtubers son honestos. Tiempos cínicos en los que, sin embargo, amamos, como nunca, la sinceridad. En la era de la "posverdad" conceptos como "no ficción" adquieren un cariz más elusivo, como si el espejo se hubiera roto en nuestras manos y necesitáramos desesperadamente alguien que nos ayudara a juntar las piezas de lo real. ¿Es Emmanuel Carrère ese hombre?

En el año 2000, el autor francés escribía: "La mañana del sábado 9 de enero de 1993, mientras Jean-Claude Romand mataba a su mujer y a sus hijos, yo asistía con los míos a una reunión pedagógica en la escuela de Gabriel, nuestro hijo primogénito". Así comienza El adversario, la historia real de un médico de laOMS que no era tal y que, por temor a que su falsa vida y todas sus mentiras fueran descubiertas, asesinó a su mujer, sus dos hijos, sus padres y su perro. El móvil podría resumirse como "miedo a decepcionar".

Aquel libro fue un punto de inflexión en la vida y el estilo de Carrère. Porque en la escena aparece el asesino, pero también el narrador, que utiliza a su "objeto" de estudio como espejo cóncavo de su propia y escindida identidad. Da igual que nos esté hablando de los orígenes de la cristiandad, de una pareja de jueces cojos que defienden a las víctimas de las hipotecas o de un ruso hipomaniaco en las milicias serbias; en realidad, siempre está hablando de sí mismo. Es decir, como todos, pero sin molestarse en fingir la máscara. Por lo que su voz encaja como un guante en nuestra era, que es la del culto a la subjetividad.

La revista The New Yorker le dedicaba recientemente un largo perfil y describía sus libros como "una combinación de historia personal, reportaje y filosofía que nos hechiza con una prosa compulsiva". Carrère nos ha hablado de sus crisis de fe, de su juventud acomplejada, de su dandismo de derechas, del porno que le excita, de cómo sobrevivió al tsunami, de su sexualidad cruda y romántica, de su búsqueda de la bondad, de la figura de su madre -Hélène Carrère d'Encausse, una eminencia de la historia rusa que predijo la caída de la Unión Soviética-, de la nana vieja y fea que le cuidó -y le cantó-, de sus dos sesiones de psicoanálisis semanales. De sus cenas bobo [bourgeois bohème]. Cenas mundanas de intelectuales, artistas o periodistas, donde escucha y anota. Cenas de personas que devienen personajes o metáforas políticas y caen en su interpretación de lo real.

A Carrère le hemos leído desnudo. Así que cuando me quedo a solas con él en una pequeña sala de La Pedrera -con una traductora haciendo de hierática intermediaria- su presencia me resulta, cuanto menos, intimidante. En carne y hueso Carrère no es Carrère, es decir, no es su voz textual, sino un francés de 60 años, ceño fruncido, mirada huidiza, barriga incipiente y silencios meditativos que, de algún modo, está aquí pero parece ausente. Carrère no es cálido, ni lo pretende. No sonríe. Toma el café negro y sin azúcar. Utiliza un escrupuloso usted. Es educado y resulta tan perspicaz y elitista como cuando escribe. Pero menos verborreico. Está en Barcelona para presentar 'Conviene tener un sitio adonde ir' (Anagrama) una antología de crónicas y ensayos desde 1990 a 2015 donde podemos rastrear el embrión de algunas de sus novelas y de sus eternas obsesiones, como la búsqueda de la verdad. Y por ahí empezamos. Para qué menos.

Emmanuel Carère
Emmanuel Carère

Mujerhoy: En su perfil sobre Alan Turing, dice que las matemáticas sirven para producir verdad. A veces tengo la sensación de que cuando escribe, usted también pretende producir verdad. ¿Es así? ¿Es posible?

Emmanuel Carrère: La particularidad de las matemáticas es que solamente [y marca con mucho énfasis esta palabra] producen verdad. Pero un tipo de verdad que no tiene nada que ver con la experiencia humana, que es algo tan movedizo que, al acercarnos a ella, tenemos la obligación de ser muy humildes. Hay una frase que me gusta mucho de Kafka: "Soy muy ignorante, pero la verdad existe igualmente". Por eso creo que debemos perseguir la verdad, pero teniendo muy claro que no la alcanzaremos jamás. A lo que sí podemos llegar es a cosas más modestas, como la sinceridad, la honestidad y la exactitud en los hechos... que son formas de llegar a ella.

Mujerhoy: ¿Qué necesita una historia para interesarle?

Emmanuel Carrère: Ese es un gran misterio. Una de las grandes ventajas del periodismo es la posibilidad de probar un tema, en una distancia corta, para ver si merece la pena llegar más lejos. Eso es lo que me pasó con Limónov. También a veces los reportajes son encargos de los periódicos. Me gustan los encargos, porque me llevan a lugares que nunca habría explorado por mí mismo.

Mujerhoy: ¿Cuándo le han hecho un gran favor con un encargo?

Emmanuel Carrère: Cuando me pidieron que escribiera sobre la Jungla de Calais. [Calais, publicado por Anagrama en la colección Nuevos cuadernos]. Jamás se me habría ocurrido, porque se ha escrito tanto sobre el tema que pensaba: "¿Qué es lo que puedo aportar?". Pero la experiencia de pasar dos semanas allí fue realmente apasionante.

Mujerhoy: ¿Y que aportó finalmente?

Emmanuel Carrère: Yo no tengo talento para opinar, pero sí para mostrar la complejidad de lo real a través de unos personajes. Así que traté de escuchar, sin juzgar, las opiniones de los "proemigrantes" y los "antiemigrantes"; de acercarme a la gente de Calais, que vivía con 1.800 agentes desplegados entre los alrededores del túnel y el puerto, y 7.500 migrantes en los campamentos y descampados. Había una gran tensión dentro de las familias, en los grupos de amigos, de los vecinos... y todo el mundo opinaba visceralmente. Si me preguntaran qué opinión tengo sobre los emigrantes, contestaría algo vagamente humanista y culpable, pero lo importante es cómo lo vive la gente en Calais de una manera concreta, en ese pueblo que durante siglos se ha dedicado al encaje, una industria que ahora está en decadencia. Y tuve ocasión de ver y vivir de cerca una situación compleja, que es algo que siempre me interesa, porque prefiero aprender a enseñar.

En Occidente la meditación ha ocupado el lugar de la plegaria, es una oración sin un dios."

Emmanuel Carrère

Mujerhoy: Tengo la sensación de que todos sus personajes dicen algo de usted. ¿Podría explicarme qué tiene en común con ellos? Empecemos, cronológicamente, con el escritor Philip K. Dick, el autor de Blade runner, al que dedicó la biografía Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos.

Emmanuel Carrère: Algo que tengo en común con él, y que me ha ayudado a ser escritor, es una verdadera fascinación por el pavor y el miedo, una especie de vértigo sobre la identidad, sobre lo que es real y lo que no lo es, que siempre ha estado presente en mi vida. Cuando empecé a leerlo, a mediados de los 70, iba proclamando por todas partes que Dick era el Dostoievski de nuestro tiempo, es decir, el hombre que lo había entendido todo.

Mujerhoy: ¿Y qué tiene en común con Jean Claude Roman, el asesino?

Emmanuel Carrère: Ah... Por suerte, no tengo nada en común con un hombre que mata a su familia. Pero El adversario (Anagrama) no solo trata de una persona que asesina a los suyos, sino de alguien que pasa años mintiendo de una forma tan absurda que no puede enfrentarse al hecho de ser quien es. Es en ese desfase entre la imagen que uno proyecta de sí mismo y lo que uno sabe de su verdad íntima donde sí me siento identificado. Y creo que es algo que le sucede, de algún modo y sin llegar a un extremo criminal, a todo el mundo.

Mujerhoy: ¿Y con Étienne, el juez cojo de De vidas ajenas (Anagrama), su libro más luminoso?

Emmanuel Carrère: El juez cojo es alguien muy particular porque se ha convertido en uno de mis mejores amigos. Escribí el libro hace 10 años y hoy hablo con él, al menos, una vez a la semana. Étienne es una persona en la que hay una búsqueda de la verdad que admiro. Pero lo que más me gusta de él es que tiene una mezcla muy curiosa de neurosis y sabiduría. Y la sabiduría para mí consiste en aceptar totalmente tus propias contradicciones y limitaciones, como hace él, con libertad y audacia.

Mujerhoy: ¿Y con el poeta y disidente ruso Eduard Limónov?

Emmanuel Carrère: Mi vínculo con él es algo que atañe a la infancia. En el sentido de que representa mi propio sueño de ser un héroe o un aventurero. Si hay algo que respeto en él es esa especie de fidelidad total a un ideal infantil. El ideal de ser y comportarse como un héroe. En estos momentos, Limónov tiene más de 70 años y sigue siendo pobre y aventurero. Nunca se ha aburguesado, y eso es algo que admiro de él.

Mujerhoy: En Limónov me llamó mucho la atención la descripción de momentos místicos, asociados con el tema de la respiración, cuando el protagonista está en la cárcel y en el desierto. También en su siguiente libro, El reino, donde hace constantes comparaciones entre primeros acólitos del cristianismo y los seguidores actuales del yoga y la mística oriental. Sé que se define como agnóstico, pero ¿encuentra algo en las religiones orientales que no le ofrece la tradición judeocristiana?

Emmanuel Carrère: Las religiones orientales son más bien prácticas que, en mi opinión, se han aclimatado perfectamente a Occidente. Me refiero a las artes marciales, el yoga, la meditación... Me parece que en estas prácticas, y en el taoismo, la creencia ocupa un lugar mucho más débil que en la religión cristiana. Ahora mismo, en todo Occidente hay un interés importante por la meditación y es posible que esté ocupando el lugar de la oración o la plegaria. Me parece que la meditación es como una oración sin un dios.

Mujerhoy: ¿Pero usted practica la meditación?

Emmanuel Carrère: Sí, claro. No desde hace tanto tiempo ni de forma tan regular como quisiera, pero siempre me da mucho.

'Admiro a Limónov porque nunca se ha aburguesado y sigue fiel a su ideal infantil'.

Mujerhoy: Esa fue mi sensación leyendo ese fragmento de Limónov al que me refiero, que solo podía escribirlo alguien que ha experimentado ese tipo de estado alterado de la conciencia.

Emmanuel Carrère: Sí, es posible que sea así. De hecho, he de decir que en ese capítulo, que parte de un fragmento muy corto de uno de sus libros de memorias, le presté a Limónov algunas experiencias que eran mías en realidad.

Mujerhoy: Y por acabar con el juego de espejos con sus personajes. ¿Qué tendría en común con Pablo de Tarso?

Emmanuel Carrère: En El reino, mi afinidad no es tanto con él como con el personaje de Lucas, porque me siento más cercano a esta posición de testigo y cronista, que a la del líder religioso y carismático. Al mismo tiempo, siempre he estado muy interesado por la tradición de la conversión, que es algo muy enriquecedor para mí. Puede que me sienta cercano a él en la medida en que Pablo me recuerda mucho a Philip K. Dick, quien murió convencido de haber contactado con Dios y de que era un profeta.

Mujerhoy: ¿Y nunca se ha sentido tentado a escribir sobre un personaje femenino?

Emmanuel Carrère: Me gustaría conseguirlo, y es una pregunta interesante que yo mismo me he hecho a veces, porque siempre he escrito sobre figuras masculinas. Quizás sea así porque para mí sea más fácil proyectarme en ellos; porque, como usted dice, cada personaje sea una virtualidad de mí mismo. Pero siempre he pensado que sería una etapa importante, una especie de evolución o apertura, llegar a ser capaz de escribir sobre una mujer. Creo que es algo que acabará llegando, pero que no se puede forzar.

Mujerhoy: Hace poco leía una correspondencia entre Paul Auster y Coetzee, y encontré un debate muy interesante en sus cartas. Coetzee decía que "hacerse amigo de una mujer con la que no te has acostado es imposible porque quedan demasiadas cosas por decir", mientras que Paul Auster mantenía que, en el momento en que aparecía la atracción erótica, la amistad entre hombre y mujere se hacía imposible. ¿En qué lado estaría?

Emmanuel Carrère: No creo que la conversación se acabe ni se detenga con la atracción, todo lo contrario; yo creo que una relación sexual hace mucho más rica esa conversación entre un hombre y una mujer, la abre. Y, de hecho, tengo tendencia a considerar también la sexualidad como una forma de conversación.

Mujerhoy: ¿Cada amor es una nueva fe o es la misma fe con distintos rostros?

Emmanuel Carrère: Me gustaría que fuera cada vez una nueva fe con nuevas reglas, pero a menudo suele ser la misma fe con distintos rostros. Somos incapaces de variar la forma amar. Nos gustaría poder escapar de esta repetición, pero no lo conseguimos.

Una relación no se basa en querer lo mismo, sino en que las dos neurosis encajen. Y a veces ocurre".

Emmanuel Carrère

Mujerhoy: ¿Cree que es muy diferente la manera en que se enamora un hombre de la que se enamora una mujer?

Emmanuel Carrère: Muchas veces en la relación entre un hombre y una mujer creemos estar hablando de lo mismo cuando decimos amor, aunque no sea cierto. Durante el flechazo, que es algo raro, raro, en el sentido de que ocurre raramente, tenemos la sensación de sentir lo mismo y simultáneamente. Pero es un espejismo y al cabo de un momento las maneras de amar de cada uno van revelando sus diferencias. Al final, creo que una buena relación no se basa en decir lo mismo ni en querer lo mismo, sino en que las dos neurosis encajen. Y a veces ocurre. Que dos personas totalmente distintas lleguen a hacer del amor algo que funciona.

Mujerhoy: Un malentendido que funciona

Emmanuel Carrère: Sí, exactamente.

Mujerhoy: ¿Por qué es tan importante la bondad en sus libros?

Emmanuel Carrère: Porque me considero una persona muy moral, lo que no significa que siempre me porte bien. Pero sé distinguir dónde está el bien y dónde está el mal. Y, aunque la mayoría de veces todos nos movamos en una cierta ambigüedad, para mí los retos morales están clarísimos y no vivo de espaldas a ellos.

Mujerhoy: Una novela rusa es una historia atormentada, la única de las suyas que le tiene como protagonista. En ella persigue varios fantasmas; entre otros, el de su abuelo, del que su madre le pidió que no escribiera, porque resultó ser un colaboracionista nazi. ¿Le ha perdonado ya?

Emmanuel Carrère: Sí. Hace unos dos o tres años, mi madre me dijo: "Tuviste razón". Ella no es nada sentimental y fue muy parca, pero lo que me dijo estaba lleno de sentido y de densidad. Para mí fue muy importante.

Mujerhoy: Si tuviera ahora mismo delante al Emmanuel Carrère de 25 años. ¿Qué le diría?

Emmanuel Carrère: Me gustaría decirle que la vida no es tan tremenda como se imagina y que le reserva muchas sorpresas, algunas de ellas muy buenas. Sí, sobre todo me gustaría tranquilizarle.


Horóscopo