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Nosotras

Julia Navarro

Julia navarro se fija en los pequeños detalles para encontrar que realmente la sociedad ha cambiado. cada vez más mujeres han cogido las riendas de sus vidas.

¿Saben?, cada día me llama más la atención cómo ha cambiado nuestra sociedad y cómo cada vez más mujeres han cogido las riendas de sus vidas, y eso se nota hasta en los pequeños detalles. Llevo unos meses promocionando mi última novela, Historia de un canalla, y eso me lleva a recorrer el país de punta a punta. Entre las actividades que me programan, las que más disfruto son los encuentros con los clubes de lectura.

Normalmente son las bibliotecarias (que me perdonen ellos, pero hay más) quienes los organizan y lo hacen a veces sin medios, entre otras cosas porque nuestros políticos, puestos a recortar, donde primero meten la tijera es en la cultura. Así que los responsables de las bibliotecas públicas se las ven y se las desean para comprar libros. Pero a lo que vamos: por recóndito que sea un pueblo, es fácil encontrarte con una bibliotecaria entusiasta que ha puesto en marcha un club. Y lo que me llama la atención es que se apuntan sobre todo mujeres. A veces hay algún hombre, pero es la excepción.

Por recóndito que sea un pueblo, es fácil encontrarte con una bibliotecaria entusiasta que ha puesto en marcha un club de lectura.

No dejo de preguntarme por qué y de preguntárselo a las bibliotecarias. La conclusión es que nosotras somos más participativas y sentimos menos pudor al compartir experiencias, también la de la lectura. No es que ellos no lean, decirlo sería una majadería, pero les cuesta participar.

Eso no solo sucede en el ámbito literario. Este verano, en el lugar donde paso unos días, el Ayuntamiento organizó actividades en la playa: gimnasia, pilates... No desvelo nada si les digo que iban sobre todo mujeres. Veía yo a las señoras muy concienzudas, intentando seguir las instrucciones del monitor. Y lo hacían entre risas, sin complejos.

Echen la vista atrás y piensen cómo era la vida de los pueblos hace 50 años. Hubiera sido un escándalo que una mujer se enfundara unas mallas e hiciera contusiones en la playa. Quienes vemos películas en el cine también comprobamos que lo habitual es encontrar parejas o grupos de señoras. Y si va de crucero, verá que a las clases de baile se apuntan las mujeres mientras ellos observan expectantes.

¿Qué les pasa a los hombres? ¿Acaso no les gusta bailar o hacer gimnasia? ¡Claro que sí! Pero no se atreven. Hay que haber superado un montón de prejuicios y haber adquirido una buena dosis de seguridad para hacer pilates a la vista de todos.

Me encanta ver a mujeres que lucen sus kilos en biquini con la seguridad de una top model. Cómo me reconcilia encontrarme en los clubes de lectura a mujeres que cuentan que sus maridos son lectores empedernidos, pero no se atreven a acompañarlas. Para muchas, los clubes son, además del encuentro con un libro, la manera de relacionarse, de hablar, de sentirse vivas, de tener un espacio propio, unas horas que les pertenecen.

Sí, las mujeres hemos recorrido un largo camino hasta llegar aquí, hasta sentirnos dueñas de nosotras mismas, hasta dar saltos en la playa sin importarnos lo que digan o dejar al marido en casa para comentar un libro. Por eso no podemos permitir que nadie, en nombre de nada, nos haga dar un paso atrás.