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vivir | Entrevista

Rosa Regas

Escritora

El amor y la amistad, para que sean verdaderos, no tienen por qué ser eternos

Rosa Regas
Rosa Regas Gtres / Cordon

Vehemente, apasionada, hiperactiva, acogedora. Publicó su primera novela a los 60 años, tiene cinco hijos y 17 nietos, pero el bullicio no le impide escribir. ¿Lo último? Amigos para siempre, sus recuerdos de juventud.

Rosa Regàs vive en el Ampurdán, en Llofriu, y nunca hace mermelada. "Esa es mi hermana Georgina. Yo no hago en la cocina nada que me lleve más de cinco minutos. Se me da bien la tortilla a la francesa y una sopa de calabacín. Nada más".

Su casa es una masía de secano donde ha ido plantando los árboles que le regalaban los amigos: una palmera que compró con Juan Benet en Alicante, en 1967; un sauce llorón que le regaló Jaime Salinas; una mimosa que le trajo uno de sus nietos... Uno de los 17, "entre morganáticos y biológicos", que crean con su presencia el ruido de la vida. Y es que la de Llofriu es una casa habitada por una multitud, como todas las que ha tenido Rosa.

Cuando era joven y madre de cinco hijos pequeños, en Cadaqués, los amigos llegaban a cualquier hora intempestiva y se apuntaban en un cuadrante de camas libres: era la única manera de saber cuántos habría a desayunar.

El trabajo no le arredra. Dice que su auténtico don es el de la energía y no se da cuenta del cansancio hasta que se duerme. Un superpoder del que presume con 83 años, a pesar de la fragilidad de sus rodillas. Que ya no son las de entonces. La primera vez que su nombre salió en un periódico fue como gimnasta. Su entrenador era Joaquín Blume y ya estaba casada. Lo cuenta en su último libro de recuerdos, Amigos para siempre (Now Books), continuación de Entre el sentido común y el desvarío, sobre su niñez, y de Una larga adolescencia.

En este volumen, dedicado a los años 50 y 60, descubrimos a una Regàs somnolienta, en el autobús, camino de la universidad, con la cabeza apoyada sobre el cristal, la bolsa llena de libros y embarazada de su tercer hijo. Pero también su imagen desafiante, sobre una Harley Davidson ganada en una apuesta; u organizando una proyección clandestina de El Acorazado Potemkim en su casa, mientras Eduard, su marido, mira con preocupación la moqueta por miedo a las colillas. Fueron los años de las sobrasada parties, en las que se fraguó su amistad con Carlos Barral, Vázquez Montalbán o los Goytisolo.

Mujerhoy: ¿A estas alturas hacer memoria es hacer recuento de los amigos que faltan?

Rosa Regàs: Sí, pero también hacer un esfuerzo de introspección y análisis para tratar de averiguar quién eras tú con respecto a quién eres ahora.

Mujerhoy: ¿Qué le sorprende cuando mira hacia atrás?

Rosa Regàs: Me sigue sorprendiendo la energía que tengo, porque me canso, pero no me detengo. Yo sigo y sigo y sigo, y cuando llegan las 12 de la noche o la una, y no puedo más, pienso: "¿Cómo he sido capaz de aguantar todo esto?". Hay gente que tiene inteligencia, otros belleza, otros dinero: yo lo que tengo es energía.

Mujerhoy: ¿Siempre ha sido usted un verso suelto?

Rosa Regàs: Sí, un poquito, tengo tendencia a ir por libre. En realidad, nunca fui una niña perteneciente del todo a la sociedad en la que vivía. La miraba de una manera crítica. Sabía que mis padres eran republicanos. Vagamente sabía que habían perdido la guerra y que nosotros, como hijos, también éramos perdedores.

Mujerhoy: Tuvo una infancia muy dura.

Rosa Regàs: Como la de tanta gente. No podemos olvidar que España estaba sometida a una presión y miseria brutales. Aquí no se consiguió el PIB del año 1936 hasta 1957, quiere decir que pasamos hambre, de muchas maneras. La represión, la persecución, las muertes... Pero siempre he creído que la vida es un regalo, y eso me ha hecho muy poco resentida.

Me canso, pero no me detengo. Unos tienen belleza, otros dinero: yo lo que tengo es energía"

Mujerhoy: Si pudiera invocar a alguno de esos amigos que ya no están, ¿con cuál se tomaría un café y de qué hablarían?

Rosa Regàs: En este momento, con Manolo Vázquez Montalbán, pero no porque lo quiera más que a otros, sino porque echo mucho de menos su arroz negro y su visión de la política y la realidad. Siempre teñia sus opiniones de una cierta ironía y las conectaba con las cosas del pasado. Ahora vivimos en una constante amnesia, como si hubiera habido una explosión y todo hubiese empezado de cero hace 10 años.

Mujerhoy: Parece que ahora estamos haciendo borrón y cuenta nueva todo el rato.

Rosa Regàs: Kapu[ciDski [el periodista y escritor polaco] decía que un país que ha estado en dictadura necesita 100 años para recuperar una normalidad democrática. Nosotros tenemos herencias del franquismo, muchísimas, pero hay dos muy importantes y que no hemos sido capaces de erradicar: una de ellas es no pensar en el pasado. ¡Yo tengo nietos que no saben quién fue Franco!

Mujerhoy: Pero ya se lo explicará su abuela, ¿no?

Rosa Regàs: Pero ¿cómo se lo voy a explicar? Yo les puedo contar alguna cosa, pero nunca dejarán de ser las batallitas de la abuela. La cuestión es que forme parte de su educación y de su vida porque, si no, acabamos teniendo cultura de bancos.

Mujerhoy: ¿Qué es la cultura de bancos?

Rosa Regàs: Los bancos siempre te dicen: "Nosotros pensamos en su futuro". Y yo siempre digo: "No piense tanto en mi futuro, piense en mi presente, por favor". Pero claro, ¿cómo podemos entender el presente si no pensamos nunca en el pasado?

En los años 70, cuando fundó la editorial La Gaya Ciencia. / Con sus hijos Edu y Anna en Cadaqués, en 1962. / A finales de los 50 y principios de los 60. / Con 14 de sus 17 nietos. La serie Una abuela de verano (2005) se inspiraba en su experiencia. / Con sus cinco hijos.
En los años 70, cuando fundó la editorial La Gaya Ciencia. / Con sus hijos Edu y Anna en Cadaqués, en 1962. / A finales de los 50 y principios de los 60. / Con 14 de sus 17 nietos. La serie Una abuela de verano (2005) se inspiraba en su experiencia. / Con sus cinco hijos.

Mujerhoy: ¿Y qué es lo otro que nos ha dejado el franquismo, según usted?

Rosa Regàs: El inmovilismo, la parálisis. A la clase media de este país les han recortado los salarios, les han quitado la seguridad, a veces tienen contratos de tres horas o de tres días, les han recortado la sanidad, y la educación de sus hijos, y nadie sale a la calle. ¿Por qué? No lo entiendo. No protestan los pobres, pero tampoco los ricos. Todo el mundo aguanta. Tenemos una corrupción tan brutal, que miramos el telediario un poco como en el circo romano, diciendo: "Vamos a ver quién cae hoy". Y yo pienso que toda esta pasividad solo puede ser porque esa sumisión de la dictadura se nos ha metido hasta en el ADN. Esa cosa de "tú no te metas, tú no digas nada".

Mujerhoy: Vuelvo a lo de los amigos: ¿qué es una amigo para usted?

Rosa Regàs: Un amigo es una persona con la cua l te sientes en profunda paz y comunidad. Alguien a quien puedes mandar cualquier mensaje, a quien puedes contar cualquier confidencia, porque sabes que lo que te va a decir no te va a ofender ni te va a marginar, porque tenéis una visión muy parecida del mundo, porque si no sería imposible.

Mujerhoy: Casi todos los amigos de los que habla en el libro son hombres. ¿Prefiere la amistad masculina?

Rosa Regàs: Es que la literatura sigue siendo un mundo de hombres. Acabo de recibir una revista literaria. Me he puesto a contar y había 72 hombres y solo tres mujeres.

Mujerhoy: Pero no me ha contestado si prefiere tener amigos a amigas.

Rosa Regàs: No, no, tengo muchas mujeres amigas también. De esa época de la que hablo en el libro me acuerdo mucho de Victoria Camps y de muchas de las parejas de ellos, también. Pero en los 50 y en los 60 no había mujeres en ninguna parte.

Tenemos una corrupción tan brutal que miramos el telediario diceindo: "a ver quién cae hoy"

Rosa Regàs:Escritora

Mujerhoy: ¿Y la tentación del amor no una complicación de la amistad con los hombres?

Rosa Regàs: Bueno, sí, a veces surge y tienes un problema añadido y, a veces surge y es una solución añadida. También a veces en la amistad surge la traición. O puede surgir la indiferencia. La época de la que hablo en el libro es cuando surgieron mis amistades, pero después, claro, también ha habido traiciones. Algunos de ellos me han traicionado y ha habido otros de los que, sencillamente, me he alejado porque he empezado a pensar de otra manera. Yo siempre digo que el amor o la amistad, para que sean verdaderos, no hace falta que sean eternos.

Mujerhoy: A veces, con algunos amigos, una se pregunta: ¿dónde están o por qué ya no están?

Rosa Regàs: Pues no están porque las cosas duran lo que duran. También la amistad. Como el verano. Y esto en el fondo da igual. Porque cuando fuimos amigos fuimos amigos. No tiene sentido revisar el vínculo de manera retroactiva por algo que ha sucedido después. Pues si algo queda en mí, algo ha de quedar en él. Y si no queda en él, que se lo haga mirar porque no es normal.

Mujerhoy: Su exmarido es un gran admirador de su obra y siguen siendo amigos. ¿Cómo se consigue?

Rosa Regàs: La verdad es que, más que de mi obra, es admirador de mi carácter. Él siempre decía, cuando estábamos juntos: "Yo no sé por qué hay tantos partidos contra Franco. ¿Por qué no te llaman a ti y lo arreglas?". Y lo que quería decir es que, si hubiese puesto mi audacia al servicio de una causa política o de una guerra, la habría ganado. Yo también entiendo que mi energía era desbordante. Cuando ya teníamos cinco hijos, a las seis de la tarde una monja venía a darles biberones, y cuando él llegaba de trabajar yo le decía: "Vámonos a bailar". Él refunfuñaba, pero acababa diciendo que sí: "Siempre ganas, tú siempre ganas". Y nos íbamos a bailar.

Mujerhoy: Tuvo y condujo una Harley Davison, crió cinco hijos, fue gimnasta de competición, dirigió la Biblioteca Nacional. ¿Alguna de estas cosas le dio miedo?

Rosa Regàs: No me dio miedo emprenderlas. Pero cuando llegan los factores externos, que siempre llegan, es distinto. Por ejemplo, un día que salí del cine sola, hace 10 o 12 años, se me acercaron dos hombres y me increparon con violencia: "Catalana, eres una catalana me gritaban, eres una roja. Lárgate". Y me dio miedo, porque estaba sola y no había nadie en la calle. Luego se marcharon y no pasó nada. Pero en lo que he emprendido no he tenido miedo. Siempre he pensado que buscando a las personas adecuadas que te aconsejen y te ayuden, todo se puede sacar adelante. Nadie puede ser alcaldesa o directora de la Biblioteca Nacional y no cometer errores, pero sí lo puedes hacer lo suficientemente bien para que, cuando vengan otros, puedan apoyarse en lo tuyo para subir un peldaño más. Eso es a lo que siempre he aspirado en el trabajo público.

Me gustaría darme prisa para acabar de escribir, porque a esta edad la muerte es muy imprevisible"

Rosa Regàs:Escritora

Mujerhoy: En el libro me ha sorprendido, cuando habla de sus partos, que eligiera estar dormida a través de la sedación. ¿Qué piensa de las mujeres que hoy en día reivindican un parto no medicalizado?

Rosa Regàs: Me parece muy bien, pero es que en aquella época los partos eran salvajes. Yo recuerdo el primero como la experiencia más horrible de mi vida. Estuve 26 horas con unos dolores terribles y sin una aspirina. Y cuando llegó el segundo dije: "Yo no quiero sufrir, me parece inútil". Mi suegra me decía: "La Biblia dice...". Y yo, sencillamente, me negué. La vida ya te provoca bastante dolor, solo falta que los sufrimientos que te puedas evitar los cojas con gozo.

Mujerhoy: ¿Pero cree que ser madre ahora es más fácil o más difícil que en su época?

Rosa Regàs: Yo creo que es más difícil, porque los poderes fácticos están más adentro de nuestra casa. Recuerdo que vivíamos en una casa más o menos modesta, mi marido tenía un sueldo que estaba bien, trabajaba con su padre. No nos sobraba, pero no teníamos la angustia de los pagos a final de mes. Primero porque lo que ganábamos estaba en consonancia con lo que gastábamos y, luego, porque había muchas menos cosas que desear. Esta manía del gasto no la teníamos. Nos íbamos a veranear a un pueblo, y si podíamos alquilar una casa bonita, la alquilábamos bonita; y si tenía que ser fea y pequeña, pues fea y pequeña, pero no teníamos la angustia de comprar una camiseta y otra camiseta. Los hijos ahora están infinitamente más sobreprotegidos y mimados, y cuando llegan a la adolescencia es como si no se dieran cuenta del esfuerzo brutal que han tenido que hacer sus padres para que ellos tengan esa vida. Yo creo que debe de ser más difícil ser madre. Hay ciertas personas que se han dejado la vida para darles a los niños todas las maquinitas y la ropa, y cuando llegan a los 15 años, padres e hijos están muy distanciados, y es una pena.

Mujerhoy: Dice en su libro que es mujer de muchas vocaciones. ¿Cuál ha sido la última?

Rosa Regàs: Intentar acabar estos recuerdos. Ahora estoy a la mitad y me gustaría darme prisa, porque cuanto mayor te haces más imprevisible puede ser la muerte. Pero bueno, también soy consciente de que una se muere y deja millones de cosas por hacer, siempre. Pero mi vocación sería... Es una tontería, pero me duele mucho la rodilla, me van a operar la semana que viene y pienso que si hago bien la recuperación a lo mejor puedo volver a viajar como antes. Pero claro, es que ahora, como no puedo caminar... Pero eso no es una vocación, es un deseo.

Mujerhoy: ¿Y qué viaje desea hacer?

Rosa Regàs: Me encantaría hacer el Transiberiano, que para eso no hace falta caminar. También me gustaría ir a la Antártida, aunque también me tengo que dar prisa porque como tarde mucho ya no va a quedar nada cuando llegue.

¿Sabías?

  • Infancia atroz. De los tres a los seis años vivió en Francia como exiliada y acudió a una escuela libertaria. Cuando volvió a España con sus tres hermanos, sus padres, divorciados, perdieron la custodia a favor de un abuelo autoritario.
  • Sobrasada parties. Así llamaban a las fiestas con Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma o Manuel Vázquez Montalbán.
  • Nunca es tarde. Escribió su primer libro a los 58 años y su primera novela, a los 60.
  • Biblioteca Nacional. "Estoy muy satisfecha del trabajo [fue directora de 2004 a 2007]. Digitalizamos, pusimos la única cabeza de Machado que hay en este país, iluminamos, dejamos entrar a todo el mundo porque creíamos que era del pueblo y no de unos señores...".