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Ellas tienen la palabra

Ninguneadas por críticos e historiadores, menos publicadas, apenas premiadas... ¿Son necesarios más motivos para reivindicar a las escritoras? Siete talentos de nuestras letras lo hacen y celebran con Mujerhoy el primer Día de las Escritoras.

Inma Chacón: total look Violeta by Mango, zapatos LK Bennet y pendientes Dime que me quieres. Gabriela Ybarra: monoTopshop, zapatos Mascaró, collar Uterqüe y pendientes y pulsera Folli Follie. Julia Navarro: blusa y collar Bimba y Lola, falda Adolfo Domínguez y salones Mascaró. Cristina Morató: blazer Sita Murt, blusa Yerse y pantalón Uterqüe. Marta Sánz: vestido Essential Antwerp, botines LK Bennet y joyas Folli Follie. Paloma Sánchez Garnica: jersey Bimba y Lola, falda Topshop, zapatos Pura López, collar Uterqüe y pendientes Folli Follie. Lara Moreno: jersey y falda Adolfo Domínguez, zapatos Pura López, pendientes Folli Follie y pulseras Bimba. / Estilismo: Eva Barrallo. Maquillaje y peluquería: Carminia Albornoz y Nacho Fernández (Talents). Asistente fotografía: Yoyo. Asistente estilismo: Alejandra Escudero.
Inma Chacón: total look Violeta by Mango, zapatos LK Bennet y pendientes Dime que me quieres. Gabriela Ybarra: monoTopshop, zapatos Mascaró, collar Uterqüe y pendientes y pulsera Folli Follie. Julia Navarro: blusa y collar Bimba y Lola, falda Adolfo Domínguez y salones Mascaró. Cristina Morató: blazer Sita Murt, blusa Yerse y pantalón Uterqüe. Marta Sánz: vestido Essential Antwerp, botines LK Bennet y joyas Folli Follie. Paloma Sánchez Garnica: jersey Bimba y Lola, falda Topshop, zapatos Pura López, collar Uterqüe y pendientes Folli Follie. Lara Moreno: jersey y falda Adolfo Domínguez, zapatos Pura López, pendientes Folli Follie y pulseras Bimba. / Estilismo: Eva Barrallo. Maquillaje y peluquería: Carminia Albornoz y Nacho Fernández (Talents). Asistente fotografía: Yoyo. Asistente estilismo: Alejandra Escudero. Pedro Walter

Madrid

La uruguaya Cristina Peri Rossi cuenta que con solo siete u ocho años ya sabía que sería escritora. Y que alimentó su vocación devorando los libros de la biblioteca de un tío suyo. Un día, su tío le preguntó si se había dado cuenta de cuántos, de entre esos 3.000 volúmenes, estaban escritos por mujeres.

"Sólo hay tres: un poemario de Alfonsina Storni; una novela, Las olas, de Virginia Woolf; y un libro de poemas de Sylvia Plath". Contestó. "¿Y te leíste las solapas para ver cómo murieron?". "Las tres se suicidaron", dijo. "Bueno, aprendé: las mujeres no escriben. Y cuando escriben, se suicidan".

La anécdota deja algunas cosas claras:

  1. Que el familiar de la autora hacía lo que podía por quitarle la idea de escribir.
  2. Que escribir puede ser un oficio amargo y que la voluntad de ejercerlo, tantas veces contra el viento y la marea de las convenciones, hizo dolorosa la existencia de muchas mujeres.
  3. Que en las bibliotecas, los libros con firma femenina están en manifiesta desventaja.

Incluso hoy, bajo una aparente igualdad de oportunidades, podemos extraer del manifiesto de la asociación Clásicas y Modernas y del estudio Mujeres y Cultura, promovido por el Ministerio de Cultura, algunos datos reveladores: solo el 20% de los libros que se publican en España están firmados por mujeres; en la prensa se reseñan aproximadamente 85 libros escritos por hombres frente a 15 de ellas, y únicamente el 13% de los premios oficiales recae en manos femeninas.

Así las cosas, y a propósito de la celebración el próximo 17 de octubre del primer Día de las Escritoras, hemos reunido a siete de ellas, veteranas y noveles, premiadas o no, con ventas millonarias o públicos más minoritarios para plantearles la cuestión: ¿Existen aún esos prejuicios? ¿Cómo viven su profesión? Ellas tienen la palabra.