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Amy Schumer, la humorista que sabe de qué se ríen las mujeres

Sus monólogos desternillantes (y feministas) llenan estadios, sus memorias son número uno en ventas y acaba de confirmarse que será la Barbie de carne y hueso en la gran pantalla. La más provocadora de las comediantes del momento conversa con la escritora británica Caitlin Moran.

Amy Schumer en un phococall
Amy Schumer en un phococall Gtres

Madrid

Amy Schumer está subida ahora mismo sobre el escenario londinense del O2 Arena, delante de 20.000 personas. Además de ella, solo hay una pequeña mesa sobre la que reposa una botella de Chardonnay que agarra de vez en cuando para echarse un trago de manera muy profesional.

Si no tuvieras muy claro quién es, y estuvieras tratando de recordar de qué te suena, seguro pensarías en la típica amiga desastre y solterona de la protagonista de la película. Con ese vestido de noche (corto, y sin tirantes) y esos tacones, parece la típica currante de una oficina o una camarera de día intentando (sin éxito) triunfar en un bar de copas.

Las mujeres como Schumer suelen ocupar un nicho particular en el cine junto al de "ípicos mejores amigos negros que dicen siempre la verdad" o "mejores amigos gais" con humor ácido. Personajes que, como mucho, consiguen 20 líneas de guion en toda la película: son las que llegan a estar, con suerte, junto a Julia Roberts; pero no son ni van a ser Julia Roberts. Nunca conoceremos bien su vida. Jamás serán noticia.

La escritora Caitlin Moran, la autora de esta entrevista, junto a Amy Schumer.
La escritora Caitlin Moran, la autora de esta entrevista, junto a Amy Schumer. Getty'

Y sin embargo...

En 2015, el film que supuso el debut de Amy Schumer en la gran pantalla, Y de repente tú, escrito y protagonizado por ella misma, recaudó en todo el mundo más de 125 millones de euros; ese mismo año, fue elegida como una de las 100 personas más influyentes por la revista Time; en el cumpleaños de Hillary Clinton, se sentó junto a la política... a petición de la propia Clinton; su programa de televisón, Inside Amy Schumer, ganó un premio Peabody "por su distinguida y meritoria labor en el mundo de la comunicación"; fue portada de Vogue retratada por Annie Leibovitz; y su autobiografía, The Girl with the Lower Back Tattoo (aún sin edición en español), se posicionó, desde el día de su lanzamiento, en el número uno de la lista de los libros más vendidos en The New York Times. ¿Y a ti no te sonaba?

Si alguien teclea en Google "Amy Schumer polémica", le aparecerán 650.000 resultados. Durante una proyección, el año pasado, de Y de repente tú, en la ciudad de Lafayette (en el estado de Luisiana, Estados Unidos), un hombre abrió fuego contra el público, asesinando a dos mujeres. Había escogido esa película para consumar su matanza por sus "valores feministas". Desde entonces, Amy Schumer no sale a la calle sin protección y se ha convertido en una activista declarada del movimiento para el control de armas en Estados Unidos.

No es Julia Roberts, pero de Amy Schumer estamos empezando a conocer muy bien su vida. Amy Schumer es noticia. Amy Schumer va a interpretar a Barbie en una película (de humor).

Llega un momento en que tienes que mirarte al espejo y decir: "soy así, soy así" y alegrarte"

Amy SchumerActriz

Quedamos en un hotel de Londres, tan agradable como absurdo, en el que el personal va vestido como Guy Ritchie cuando estaba casado con Madonna y se hacía el escocés: los botones del establecimiento llevan boina, chaquetas de tweed y zapatos escoceses. Schumer está sentada en un salón de la planta baja. El vestido de noche que le vi en el escenario ya es historia. Hoy lleva unos vaqueros negros con la cremallera abierta, de forma que deja ver las bragas ("Solo le doy a lo de abajo un poco de margen para que respire").

"Tengo bronquitis "aclara, con tono debilucho pero cálido a la vez-, y tosí con tanta fuerza que me hice una fractura en una costilla. Aterricé aquí el sábado a las dos de la madrugada, y había ya un quiropráctico esperándome con la aguja en la mano. Me desnudé de la parte de arriba y me tumbé en la cama llorando. Con un extraño".

Su ritmo de actividades es extenuante. Hasta enero, estará embarcada en una gira mundial para promocionar su libro de memorias y, en ella, es capaz de conciliar un espectáculo tras otro (en estadios llenos hasta la bandera) con una rigurosa agenda de entrevistas y ruedas de prensa. Tras haberse acostado a las tres de la madrugada, llegó al mediodía a este salón, que no abandonará hasta pasadas las nueve de la noche.

En un momento dado, un botones empezarán a introducir en la estación una pila inmensa de cajas de cartón. "¿Son regalos?", le digo medio en broma. "Ya ves -replica Schumer-, yo pensaba que eran decenas de cabezas cortadas, pero no". Lo que contienen, de hecho, son 1.000 ejemplares de su libro reservados para firmas en entrevistas de prensa y cosas así.

Schumer bebe un té de hierbas y está ahora mismo de bajón por su presentación en Londres. "Desde luego, no fue una de mis actuaciones favoritas -comenta entre suspiros-. Con tanto viaje y el dolor que arrastraba, es evidente que no di lo mejor de mí. ¿Puede que se trate también de una sensibilidad diferente en el público londinense? Veía desde el escenario a la gente... con un gesto reflexivo, como si estuvieran en plan "Ajá, qué interesante, déjame que lo piense", en lugar de partirse de risa".

Al menos, tras la actuación, Amy volvió al hotel, donde siguió la fiesta precisamente en este salón en el que estamos ahora ("Se puede decir que vivo en este salón, sí2), donde bebió vino antes de ir a la cama. "Quiero que quede claro que no me quejo de mi vida -le habla directamente a la grabadora-. Cuando acabemos en Londres, me iré a París, una ciudad que nunca he pisado hasta ahora. Voy a ver a mi novio, y como me encanta la idea de sentirme como una chica a la que su novio no deja salir de la cama, creo que me encerraré en el hotel. ¿Crees que se puede conocer bien París desde la ventana?" "Tus horarios y tu propia vida profesional parecen de locos", le puntualizo.

"No siento que lleve una vida de locos", responde Schumer, visiblemente desconcertada. Le recuerdo entonces que tiene 35 años, que está embarcada en una gira por todo el mundo, que su libro está en el número uno de las listas de ventas, que ha ganado un Emmy y que, por si fuera poco, tiene en el tintero dos largometrajes con, respectivamente, Goldie Hawn y Jennifer Lawrence. ¿Hay alguna otra humorista que con 35 años haya logrado eso? ¿Una sola? Amy parece sorprendida. Se abstrae en sus pensamientos, hasta que de pronto parpadea y dice despacio: "Tienes razón. Creo que es una locura".

Aturdida, agotada y también autocrítica

Tal vez sea culpa de la medicación, pero lo cierto es que parece que de verdad no se entera mucho. Vuelve a sumirse en sus pensamientos. "¿Sabes? Me parece que me harían falta más aduladores en mi vida. Más gente que me diga que soy increíble". Schumer se rodea de un círculo muy estrecho: en esta gira mundial, la acompañan su hermana y coguionista de las funciones, Kim Caramelle; además de su hermano, Jason Stein, junto a su jazz-band. Los tres solos levantan el espectáculo, junto la cómica Rachel Feinstein, a la sazón amiga íntima y antigua compañera de piso de Amy. Y está claro que ninguno de ellos va a hacerle la pelota.

Las personas que llevan conmigo toda la vida no me alaban ni el peinado. Necesito más aduladores"

Amy Schumer Actriz

"Las personas que llevan toda la vida conmigo no son condescendientes ni siquiera en cosas como el peinado que llevo­ ­-asegura-, por eso me cuido de tenerlas cerca. Ninguna va a decirme: "¡Oh, Amy, eres la bomba!"... Y por eso Amy Schumer es la bomba.

Tanto que hace dos años se alzó con el premio Peabody, un galardón que, por lo general, se brinda a la radio pública por la cobertura informativa sobre las inundaciones en Pakistán, o al Washington Post por las campañas para erradicar el trastorno del estrés postraumático. Y es quesu show, Inside Amy Schumer, por encima de cualquier otro espacio cómico de sesgo feminista, ha generado una buena colección de sketches inapelables sobre los asuntos más espinosos.

Por ejemplo, aquel que trata sobre la violación: Football Town Nights (Noches de farra con el equipo de fútbol americano). En él vemos cómo un nuevo entrenador del equipo de fútbol americano llega a la ciudad y, en su primera charla, les explica a sus jugadores -todos universitarios- cuáles son sus reglas de oro, la última de las cuales es "¡No violaréis!". Los chavales, horrorizados, empiezan a escupir una batería de preguntas, a cada cual más inaudita: "Pero ¿podemos violar en los partidos como visitantes?".

"No". 2¿Y si es Halloween y ella se disfraza de gatita sexy?". "No". "¿Y si es ella la que piensa que es una violación, aunque no lo sea?". "Tampoco". "La tía me dijo que sí el otro día, y luego resultó que se refería a otra cosa...". En seis minutos exactos, la pieza pone sobre la mesa todo el debate que hay en torno a la cultura de la violación. Lleva casi tres millones de visitas en YouTube.

Amy Schumer con el presidente Obama
Instagram Amy Schumer con el presidente Obama
Amy Schumer con el diseñador Alexander Wang.
Cordon Amy Schumer con el diseñador Alexander Wang.
Amy Schumer  con su pareja, Ben Hanisch, durante los últimos premios de la crítica.
Getty Amy Schumer  con su pareja, Ben Hanisch, durante los últimos premios de la crítica.
Amy Schumer caracterizada para su programa InsideAmy Schumer.
D.R. Amy Schumer caracterizada para su programa InsideAmy Schumer.
Políticamente incorrecta

Un tiroteo en el que murieron dos mujeres, durante la proyección de su película "Y de repente tú", unió a Amy con el presidente Barack Obama en la causa por el control de armas en EE. UU.

Cambiando las reglas

O ese otro llamado Last F***able Day ("El día en que dejas de ser fo**able"), que supera ya los cinco millones de visitas. Protagonizado por estrellas como Julia Louis-Dreyfus, Patricia Arquette y Tina Fey, en el sketch se discute sobre los problemas de la industria de Hollywood con las mujeres cuando cumplen una cierta edad: 2¿No sabes que Sally Field aparecía como pareja de Tom Hanks en Lo que cuenta es el final y 20 minutos después, hacía de su madre en Forrest Gump? Ese es el día en que dejas de ser fo**able".

¿Era consciente Schumer de que, al ir subiendo a la red un sketch detrás de otro iba a propiciar un cambio de juego en la industria? "La verdad es que todo fue una feliz coincidencia -matiza Schumer-. Ni siquiera se nos pasó por la cabeza que estas cosas se fueran a convertir en virales. Pero me gusta que las mujeres descubran que no están... ¿solas?".

Su tono cómico tan particular, su fuerza y su capacidad de persuasión hacen de Schumer una olla a presión. De pequeña, vivió la vida de una niña rubia de clase alta en el Upper East Side de Manhattan, con vuelos en jets privados a las Bahamas y regalos en forma de animales para su granja temática.

En la cúspide de su adolescencia, sin embargo, tres hechos se precipitaron casi al mismo tiempo: el negocio paterno quebró, sus progenitores se divorciaron y el padre fue diagnosticado de esclerosis múltiple. De repente, Amy tenía que hacer frente a un padre que perdía el control de sus esfínteres en pleno parque de atracciones y a una nueva vida que la obligaba a levantarse a las cinco de la mañana para ir a trabajar a un puesto de perritos calientes, antes de ir a clase.

Hacer monólogos de humor fue como descubrir que tenía poderes. Me volvía adicta"

Amy SchumerActriz

De todo ello da cuenta en su autobiografía, pero de una manera desenfadada (no estamos ante un libro de memorias deprimente): "Anda que no me hinché a perritos calientes", podemos leer allí. También buscó un complemento a sus honorarios a base de pequeños hurtos, junto a su hermana menor, en las tiendas Bloomingdale´s, hasta que las pescaron. En los veranos solía ir a campamentos para adultos con trastornos, donde trabajaba como monitora. "Iba allí porque había chicos, y yo no quería morirme sin saber lo que era tener en mi boca la lengua de un jugador de fútbol".

Las mujeres que tuvo a su cargo sufrían de incontinencia verbal y problemas varios. "Todo les importaba una mierda, y a mí me acababa pasando lo mismo. Para una adolescente, descubrir que las cosas te pueden importar una mierda es muy revelador. Era como si hubiera encontrado a mi tribu".

Cuando, mediando la veintena, empezó a hacer monólogos cómicos, asistió a la mayor revelación de su vida. Hasta ese momento, hablar en público, a menos que estuviera borracha, traía consigo temblores y sudores por todo el cuerpo. "Es algo que me agota y, a la vez, que me pone en tensión. Definitivamente, soy una tipa introvertida".

Es eso o, o como decía Victoria Wood, una "introextrovertida", una tímida bravucona. Porque cuando se sube a un escenario, y se convierte en el foco de atención de todas las miradas, Schumer no tiene ningún problema, sino todo lo contrario, para hablar a una multitud. De hecho, esa fue la mejor manera que encontró para poder soltar todo lo que se le pasase por la cabeza: el monólogo humorístico. "Fue como descubrir que tenía poderes mágicos -recuerda-. Me volví adicta".

En la alfombra roja de una celebración de la revista Time, Amy "cayó" a los pies de Kanye West y Kim Kardashian, pero pasaron de ella.
En la alfombra roja de una celebración de la revista Time, Amy "cayó" a los pies de Kanye West y Kim Kardashian, pero pasaron de ella. Getty'

Afilando los dientes...

Enseguida, Schumer se distinguió por tocar temas tabú, como, con cierta modestia, venía a poner de manifiesto el propio título de su especial para HBO, Mostly Sex Stuff ("Cosas varias, mayormente sobre sexo"). Las otras "cosas varias" que no hablaban de sexo, lo hacían de cuestiones igualmente peliagudas: la raza y la clase social. Cada vez que hacía público un nuevo discurso, quedaba claro que su visión del mundo se volvía progresivamente más radical: hasta los veintimuchos o treintaypocos no suele llegar ese momento en que una de verdad le saca brillo a su feminismo. Ese es el momento en el que una empieza, de verdad, a afilar los dientes.

Hablar en público me agota y a la vez, me pone tensa. En definitiva son una tipa introvertida"

Amy ShumerActriz

Cuando el canal Comedy Central le ofreció su propio espacio, Inside Amy Schumer, el año 2013, ya había encontrado su estilo a la hora de poner sobre la mesa una sinfín de cuestiones que, de una manera u otra, degradan, ofenden o vejan a la mujer, de una forma en que toda esa frustración se diluía, como por arte de magia, en uno de los programas más vistos sobre la faz de la Tierra. Al parecer, el desquite de todas las telespectadoras pasa por vocear un alegre "¡Gracias a Dios que lo has dicho!" mientras ven cómo Schumer suelta una barbaridad detrás de otra.

O por leer las brutales historias de su autobiografía, donde continuamentese se dirige a una lectora más joven que ella, a la que le da lecciones sobre lo que no debe consentir o lo que no le debe parecer normal, como el sexo anal, los chistes sexistas, quedarse insatisfecha tras una relación o sentir odio hacia sí misma. La descripción que hace de cómo perdió la virginidad con el chico del que estaba enamorada, de cómo este la violó (una de esas violaciones "a mitad de camino" que para muchos no es una violación), concluye dirigiéndose una vez más a la joven lectora ideal de su libro, y lo hace con rotundidad: 2El sexo es algo que tú decides compartir con otra persona. Estoy contando mis intimidades porque no quiero que te pase lo mismo a ti, o a tu hija, o a tu hermana, o a tu amiga".

Schumer, que suele dejar propinas de 1.000 dólares en los bares y reparte todas las ganancias entre su equipo del programa televisivo (lo que viene a significar en torno a 50.000 dólares -algo más de 45.000 euros- por persona), maneja como nadie las tablas de la ley de la comedia, a saber: meterse con el poder, decir verdades incómodas y recordarnos a todos que el sentido de la vida es, en última instancia, reírnos todo lo que podamos antes de estirar la pata.

Si Amy Schumer fuera un objeto en unos grandes almacenes -reflexiona ella misma-, sería un gigantesco espejo de cuerpo entero que le hablase de tú a tú a las mujeres. "Y les diría: "¡Eres la puta perfección!". Y lo diría con mucho amor".

Mi parte favorita de su último espectáculo (esa que me hizo dar gracias al cielo porque mis hijas adolescentes estuvieran conmigo en ese momento) no fue la más cáustica.Fue algo sencillo, pero también muy provechoso para todas y cada una de los miles de mujeres que estábamos ahí.

Voy a París por primera vez y quiero ser la chica a la que su novio no deja salir de la cama del hotel"

Amy SchumerActriz

Al final de una larga diatriba contra la tiranía de la imagen que imponen las revistas femeninas cuando tratan los desórdenes en la alimentación ("La salud de la mujer se presenta del siguiente modo: "10 maneras de engañar a tu estómago haciéndole creer que ha comido esta semana"; o "cómo hacer que tu vagina huela como un árbol de Navidad"), Schumer añadía: "Llega un momento en el que lo único que tienes que hacer es mirarte al espejo y decir: "Soy así. Soy así". Y lo acompañaba con gestos de júbilo. Fue un momento de una extraña enjundia.

¿Qué piensa Schumer, en última instancia, de su trabajo? ¿Cuál es su verdadero propósito en su carrera?, le pregunto. Se queda pensativa, hasta que al fin arranca lentamente: "Mi deber es ser sincera sin perder las formas. Pero soy una persona sensible e impulsiva, y eso explica que siempre me esté diciendo: Dentro de seis meses a saber dónde estoy", porque -y esta es la clave- lo cierto es que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. No tengo ni la más remota idea".

"Un premio por ser mujer"

A la noche siguiente, en la fiesta de los premios que cada año concede la revista masculina GQ a los hombres del año, Amy recibió el único premio a "la mujer del año". "¡Vaya, premios GQ a los hombres del año! -empezó su discurso- ¡Ya era hora de que celebráramos a los hombres! Ya era hora, ¿no? ¡Hombres! Chicos, chicos, solo quiero deciros que... gracias por reconocerme con un premio por ser "una mujer". Supongo que voy a seguir siendo... ¡una mujer! ¿Qué le vamos a hacer?".

Midiendo perfectamente el tono, simpática, coqueta y maliciosa a la vez, consiguió dar al traste, en menos de un minuto, con toda la filosofía del acto. Prácticamente, cada uno de los famosos que fueron después subiendo al escenario a recoger su premio hizo alguna referencia a Schumer, pero para ese momento su silla estaba vacía. Se había largado. A su manera, ya había dicho lo que quería decir (todo eso que nadie más diría) y que, de algún modo, aguaba la fiesta. Había marcado el paso, dicho verdades como puños y había dejado una nueva fragancia de poder latiendo en el aire. Así que estoy convencida de que, en realidad, Amy Schumer sabe perfectamente lo que hace. 

Barbie "tamaño real

Mordientes, ácidas, descabelladas, bestias y tremendamente certeras en la diana de sus dardos, el concepto políticamente incorrectas se inventó para ellas. ¿Dios las cría y ellas se juntan? Caitlin Moran es la autora de esta entrevista y del libro Cómo ser una mujer, el best seller donde dice cosas como: "Aquí tienes la forma más rápida de hacer un ejercicio para saber si eres feminista: pon tu mano en los pantalones y responde a) ¿Tienes una vagina? y b) ¿Quieres estar a cargo de la misma? Si has respondido sí a ambas, es que lo eres". La nueva ola de comedia hecha por mujeres, en la que Amy Schumer es la punta de lanza, ha puesto a temblar los cimientos del poder.

¿La razón? Según Moran porque el tipo de comedia que hacen "supone un ajuste de cuentas con todas aquellas viejas "fantasías" masculinas que tienen que ver con la prostitución, la violación, la pornografía...". Y lidian con el culto al cuerpo perfecto. ¿Ejemplo?: la batalla contra el estereotipo que ha librado, y ganado, Schumer al escribir el guión y obtener el visto bueno para la película sobre Barbie, la mítica muñeca rubia de medidas "ideales".

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