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Hope Hicks, la mujer que susurra al oído de Trump

Tiene 28 años y casi ninguna experiencia política, pero es una de las personas de confianza del presiodente de EE.UU. La joven exmodelo gestionará la imagen de uno de los hombres más polémicos y poderosos del planeta.

Hope Hicks
Hope Hicks Gtres

Madrid

Cuando Hope Hicks recibió aquella llamada de la secretaria personal de Donald Trump, todavía trabajaba en el piso de 25 de la Trump Tower de Nueva York. Allí era donde Ivanka, hijísima del magnate, desarrollaba su línea de ropa. Hicks había empezado a trabajar para la familia dos años antes, cuando la firma de relaciones públicas que la contrató en 2012, Hiltzik Strategies, le encargó que se ocupara de uno de sus clientes más famosos. Se integró perfectamente en la dinámica de la empresa: dicen que empezó a vestir como la propia Ivanka y hasta posó como modelo para el blog de su colección de moda.

Era trabajadora, inteligente y leal, y cuando en 2014 los Trump le ofrecieron un trabajo a jornada completa, aceptó encantada. Así que, un año después, cuando el empresario la recibió en su despacho, Hicks no sospechaba lo que iba a proponerle. "Estoy pensando en presentarme a las elecciones presidenciales y tú vas a ser mi jefa de prensa", le anunció rodeado de sus asesores. Su candidatura aún no era oficial, pero el multimillonario ya estaba maquinando su carrera hacia la Casa Blanca. "Creo que va a ser el año del outsider. Y ayuda tener gente con una perspectiva de outsider", le dijo.

Trump y Hope Hicks
Trump y Hope Hicks Cordon'

¿Negocios o política?

Efectivamente, ella encajaba en el papel: apenas tenía 26 años y carecía de toda experiencia política. Aceptó el reto. Pero cuando Trump empezó a ganar las primarias republicanas y su candidatura adquirió más credibilidad, Hicks tuvo que elegir entre la Trump Organization o la campaña. Escogió dedicarse al negocio. Al fin y al cabo, encajaba mejor con su formación y experiencia. Decepcionado, el magnate le llamó al orden y terminó convenciéndola. Gracias a eso, desde hace una semana es directora de Comunicaciones Estratégicas de la Casa Blanca y una de las mujeres más cercanas al presidente.

Vivió en uno de los apartamentos de la Trump Tower durante los meses de campaña electoral

Hope creció en Greenwich, Nueva York, al norte de Manhattan. Desciende de una familia que siempre ha navegado con soltura las altas esferas de las relaciones públicas: su padre, Paul Hicks III, fue vicepresidente de comunicaciones de la NFL [la Liga Nacional de Fútbol Americano] y su abuelo, Paul Hicks, llegó a ser director de relaciones públicas de Texaco. De pequeña, soñaba con ser actriz y con 11 años empezó a trabajar como modelo juvenil para Ralph Lauren.

"Si lo de ser actriz no funciona, me veo a mí misma en política. ¿Quién sabe?", contó en una entrevista a una revista local cuando tenía 13 años. Pero antes de protagonizar la carrera política más meteórica que se recuerda en Washington, estudió Literatura Inglesa en la Southern Methodist University. Poco después de graduarse, su padre puso a funcionar su red de contactos para conseguirle un trabajo en relaciones públicas. El resto ya forma parte de la historia.

Hope Hicks y Donald Trump
Hope Hicks y Donald Trump Cordon'

Apagafuegos oficial

A partir de ahora, la directora de Comunicaciones Estratégicas tendrá uno de los trabajos más difíciles e ingratos de la nueva administración norteamericana: ser la apagafuegos oficial del hombre más poderoso (y polémico) del planeta, un presidente impredecible. Que ella no tenga experiencia política no es un problema: Trump se considera a sí mismo un outsider, un llanero solitario.

"Tengo suerte de tenerla a mi lado. Tiene muy buen juicio. A veces me aconseja, pero lo hace sutilmente, de forma que casi no parece un consejo", ha explicado sobre ella. Tiene sentido. Al presidente le gusta ser su propio jefe de prensa. Por eso, no se espera que Hicks trate de contener sus exabruptos, básicamente porque fue su archifamosa incorreción política lo que le llevó hasta el Despacho Oval. Pero eso genera toneladas de declaraciones, rumores e historias que matizar o tratar de frenar antes de que se conviertan en tormentas mediáticas. Y ese es el papel de su joven asesora: es la cara amable, dulce y bella de un hombre agresivo.

Y es que, probablemente, el mayor activo de Hope Hicks sea su relación con Trump: conectan, se entienden, se llevan bien. Entre sus obligaciones, por ejemplo, está la de ayudarle a gestionar su archifamosa cuenta de Twitter. Según publicó el Washington Post, él dicta, ella escribe y una tercera persona, perteneciente al equipo de comunicación, publica los tuits. Hicks también se encarga de gestionar personalmente las peticiones de la prensa y decide quién consigue audiencia y quién no. Además, cada vez que Trump se enzarza en una pelea con el periodista de turno, ella se ocupa de poner al susodicho en la lista negra.

Durante la campaña, ha sido una portavoz atípica, que apenas se relacionaba con los periodistas en los viajes y los mítines, prefiriendo comunicarse por mensaje de texto. Y el "no comment" es una coletilla tan habitual en ella que hasta una cuenta de Twitter (@HicksNoComment) se burla de ella. Su obsesión por pasar desapercibida ha provocado el efecto contrario, despertando la curiosidad de todo el mundo. Apenas ha concedido entrevistas, no acude a los platós de televisión y no tiene presencia en las redes. De hecho, antes de trabajar con Trump borró todas sus huellas digitales.

Su entrega en la campaña electoral -vivió en uno de los apartamentos de la Trump Tower durante aquellos meses- y, a partir de ahora, a la presidencia, es total. Tanto que, según ha informado la prensa estadounidense, algunos de sus familiares y amigos más cercanos le han advertido del peligro de asociar su nombre al del presidente más controvertido de la historia reciente de Estados Unidos. Al fin y al cabo, este ha sido su primer y único trabajo. Pero Hope Hicks es el producto de una organización en la que la lealtad al jefe vale más que la experiencia o el currículum. Y no hay master que sea más prestigioso que pasar una temporada en la Casa Blanca.


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