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¡Tienes que subir!

Hay quienes, para alcanzar la meta, escalan una pared de roca vertical sin cuerdas ni clavos de ningún tipo...

Hay quienes, para alcanzar la meta, escalan una pared de roca vertical sin cuerdas ni clavos de ningún tipo; y también hay quienes toman un sendero perfectamente señalizado en cada recoveco. Cada opción tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. El gran mérito del desafío extremo es que contiene el riesgo de la caída, mientras que la virtud del camino fácil está en su certeza. Pero si el viento o la lluvia derriban un cartel, la posibilidad de extraviarse surge de improviso, ¿adónde nos dirigiremos?

Sin nada que nos indique el rumbo, las dudas nos asaltan; y, con las dudas, el pánico a escoger una senda errónea. Esto ocurre con frecuencia cuando se practica el senderismo de montaña. Cuando no hay ninguna señal, siempre existe el peligro de estar siguiendo un vericueto solo apto para las cabras y cuyo final puede abocarnos a un precipicio que esas cabras saltarían y en el que nosotros nos despeñaremos.

Yo me encontré ante una pared vertical, sin tener demasiada propensión a la escalada y, para colmo, con vértigo, una fobia que nunca me ha abandonado. Contemplé la pared, con plena conciencia de que no había otra forma de escapar. Aquellas rocas, que se elevaban hasta el cielo, estaban ahí para mí y me llevaban esperando desde antes de que yo naciera.

La voz que siempre habla en mi interior no dejaba de repetirme: "¡Tienes que subir! Tienes que alcanzar la cima y ver qué hay más allá. Debes encontrar tu propia manera de escalar este muro por el que tantos han pasado. Nadie te garantiza que llegarás a tu destino; y si pierdes asidero, tampoco cuentas con ningún arnés que vaya a salvarte de la caída. La interperie, el frío, la soledad y el abismo van a ser tus únicos compañeros de viaje.

¿Acaso podía negarme yo? ¿Es que podía darme media vuelta? ¿Media vuelta para volver adónde? Solo se puede volver a la zona de confort. Y si esa zona no existe, es inútil darse media vuelta, porque nos toparemos con otro muro, y quién sabe si más terrible y espeluznante que aquel al que dimos la espalda.


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