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La indumentaria machista que impone Donald Trump

El entorno de Donald Trump está compuesto por una aplastante mayoría de hombres

Kellyanne Conway
Kellyanne Conway gtres

La penúltima foto del despacho Oval que ha dado la vuelta al mundo tiene, por una vez, como protagonista una mujer: Kellyanne Conway, la denominada "mujer más poderosa del Gobierno Trump". Sin embargo, no es por esto que la fotografía se ha publicado en medios de comunicación de todo el planeta, sino por la postura y actitud de Conway, claramente inapropiada en medio de una reunión con representantes negros de la comunidad universitaria. La consejera Conway, vestida con un conjunto de punto granate de falda corta, se encuentra en el sofá, sentada de rodillas sobre sus pies (¿descalzos?) y con las piernas entreabiertas, tecleando sobre el móvil.

Parece que Conway tiene permiso para distender el control sobre su lenguaje corporal y sus maneras en el despacho Oval, aunque sí que obedezca a pies juntillas las órdenes del presidente al respecto de la indumentaria que ha de lucir su personal femenino. Este ha de vestirse “como se visten las mujeres”. Esto es: con falda y tacones. ¿Podría ser que, gracias a esta específica distinción indumentaria y de género, las féminas de su staff disfrutaran de manga ancha para comportarse de esta manera un poco infantil y poco seria? Como si fuéramos nosotras, las de los tacones, eternas niñas bajo su mirada paternal. Las crónicas cuentan que la participación de la consejera Conway en la reunión se resumió en hacer fotos con el móvil para subirlas a las redes sociales. ¿Es realmente ese el papel de una consejera presidencial? ¿Que se vista con minifalda o con traje de pantalón y chaqueta?

Los analistas políticos estadounidenses no dejan de remarcar últimamente que el personal de comunicación de la Casa Blanca encuentra dificultades a la hora de reflejar en las redes la participación femenina en el gobierno de Trump, probablemente porque esta es escasa o nula. Además de la pizpireta Conway, solo Melania e Ivanka añaden diversidad a un entorno compuesto en aplastante mayoría por hombres. Sin embargo, su poder político es inexistente y presencia mediática, escasa y muda. En realidad, más que personas adultas parecen jugar el papel de mujeres tuteladas por una figura paternal: niñas.

Como contraste, ayer las mujeres demócratas del Congreso se vistieron unánimemente de blanco (el color de las sufragistas) para mostrar su disconformidad con las medidas de la Administración Trump. El Presidente, en su primer discurso ante la cámara de representantes, se vio obligado a contemplar a las decenas de mujeres que refulgían entre tanto traje de corbata azul y negro y a admitir que no todas las féminas de la política pueden ser tan fácilmente desactivadas como las de su propio equipo.


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